La Biblioteca Nacional de Francia mostró varias salas organizadas en cuatro áreas temáticas, estructuradas de diversas formas y colores

Por:  24 septiembre, 2015
Edith Piaf
Edith Piaf

Ahí, en medio de simbólicos colores, la Biblioteca Nacional de Francia mostró, hasta el 23 de agosto del 2015, una selección minuciosa de fotografías, cartas, carteles, discos, sonidos de grabaciones, fragmentos de películas, revistas... y hasta el mítico vestido negro que acompañó a la cantante durante toda su carrera.

Descubrir y redescubrir las melodías, las imágenes y los textos que hicieron de Edith Piaf una leyenda, es uno de los objetivos de la exposición organizada por la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) en París. La cita reúne más de 400 objetos y curiosidades con el fin de celebrar el centenario del nacimiento de esta leyenda.

Gracias a una selección minuciosa de fotografías, cartas, carteles, discos, sonidos de grabaciones, fragmentos de películas, revistas... y hasta el mítico vestido negro que acompañó a la cantante durante toda su carrera, la muestra PIAF reconstruye de forma armoniosa las grandes etapas de la vida de la vedette, voz francesa por excelencia y figura representativa de la memoria colectiva y de la cultura popular del país.

El recorrido. La exposición se visita con un audioguía. Para los hispanohablantes, la gran novedad es que el audio está disponible también en español. Durante toda la visita, que puede durar alrededor de una hora, se pueden escuchar 50 canciones interpretadas por Piaf y por otros cantantes. Una manera de vivir una experiencia sonora única.

Además y para quienes gustan de la canción, hay una cabina especial de karaoke en la que los más arriesgados podrán revivir las canciones más conocidas de la cantante.

Las salas dedicadas a la exposición están organizadas en cuatro áreas temáticas, estructuradas de diversas formas y colores. Una cortina roja, como la de un teatro, invita al visitante a descubrir los distintos universos. Así, en la primera sala, de color gris azulado, se encuentran las diferentes facetas de la vida de Piaf y se recrean sus primeros pasos en el mundo del espectáculo, el color de la sala procura recordar el color de las calles parisinas.

Más adelante, en una sala roja, con un ambiente de un music-hall, se muestra el desarrollo de su carrera y sus múltiples creaciones. Con la ayuda de tonos rosa, la exposición lleva al visitante hasta la vida íntima de la cantante, con sus amantes y sus amigos "la vida rosa" de Piaf.

El último espacio, en el que resaltan detalles dorados, destaca sus discos y producciones, y el rol de los medios de comunicación que hasta la fecha siguen perpetuando su éxito mundial.

Primer espacio: su vida. Édith Giovanna Gassion nació en París el 19 de diciembre de 1915. De padre acróbata y de madre cantante de cabaret, su familia modesta, representa el proletariado del mundo del espectáculo. Nace en el hospital Thenôn de París, como prueba su acta de nacimiento.

Sin embargo, la leyenda callejera evoca el nacimiento de Piaf frente al número 72 de la empinada calle de Belleville, en París, cuando algunos vecinos dicen haber encontrado a su madre, todavía con efectos del alcohol, tirada en el suelo.

Edith Piaf sobrevivió a una infancia de miseria y enfermedad entre prostíbulos y circos ambulantes y con giras constantes a la campiña francesa. Fue a los 14 años cuando decidió aventurarse a las calles parisinas y a algunos cabarets de la ciudad, cantando. Este pasaje por los espacios populares logró abrirle varias puertas a la vida nocturna de la capital, la que conoció sus primeros éxitos.

Fue el empresario Louis Leplée, dueño del cabaret Le Geny's, quien descubre su talento en 1935 y la bautiza la Môme Piaf (el pequeño gorrión). Con él grabó su primer disco, Les Mômes de la cloche. Sin embargo, y a pesar de estos buenos augurios, su mentor fue asesinado y, sin él, Piaf queda abandonada nuevamente a su propio destino.

Nuevos encuentros la hacen surgir. Gracias al compositor Raymond Asso, quien se convierte en su nuevo mentor y amante y a la pianista Marguerite Monnot, quien la acompañaría durante toda su carrera y le daría partituras como Mon légionnaire o Milord, la Môme logra afianzar su estrellato para siempre. No solo canta, sino que también compone.

Se codea con los artistas del momento, incursiona en el mundo del cine y participa, con sus composiciones en la construcción de la imagen del París eterno de los fotógrafos, Willy Ronis o de Robert Doisneau, entre monumentos y misticismo.

La Marianne de los pobres. Para los años 40, Piaf le canta a la miseria y describe París con palabras simples y accesibles. Es durante el periodo de guerra que logra convertirse en un símbolo de la Liberación. Participa en galas para ayudar a la familia de los soldados franceses y, en algunos casos, se desplaza hasta Alemania para visitarlos. Lejos de comprometerse políticamente, Piaf logra encarnar el patriotismo de la gente sencilla que necesitaba volver a creer en sí misma en un contexto de desesperanza.

Deviene la Marianne de los pobres, posicionándose a favor de los miserables y en contra de los ricos. En aquellos días convulsos grabó La Vie en Rose, la gran canción de su vida.

Segundo espacio: una voz poderosa. El mito de Piaf, mujer de voz poderosa y cuerpo diminuto (1,47 metros), se fortaleció gracias a la búsqueda constante de un repertorio sencillo, capaz de representar los estados emocionales intensos a los cuales ella estaba diariamente expuesta.

Esa posibilidad de escupir en cada nota la tragedia o alegría de su existencia, la llevaron a trabajar arduamente en su dicción y en la inteligibilidad de sus palabras.

Frente al público, la artista sabía cómo administrar sus movimientos, lanzar su voz desde el pecho y mantener intacta su silueta con su vestido negro, su fiel compañero en cada representación. "No quiero que mi apariencia distraiga al espectador", afirmó una vez la cantante sobre su vestido.

En este espacio circular diseñado como un escenario y que intenta rendirle honor al personaje como leyenda, flota el famoso vestido negro, que fue donado también por su secretaria. Se encuentran además las partituras de canciones, los extractos de las películas y de las escenas donde actuó, además de una serie de fotografías de sus múltiples representaciones en Francia y en el mundo.

Tercer espacio: De amantes, fe y canciones. La mayoría del repertorio de Piaf está compuesto por canciones de amor. La separación, los rencuentros, la reivindicación de independencia femenina, se entremezclan en historias en todas sus composiciones. De sus numerosos amantes, 30 fueron conocidos. En la exposición se hace un recorrido de las personalidades más importantes.

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Sus encuentros iban desde simples obreros, hasta actores, compositores, o deportistas, tales como Jean Dréjac, Eddie Constantine, o el boxeador Marcel Cerdan para quien ella pudo haber escrito el Himno al Amor.

Solo tuvo dos matrimonios y un divorcio pero también conoció la unión libre. Piaf amaba, paradójicamente, como mujer libre, pero también como mujer sumisa. El exceso de sus comportamientos, poco usuales en su época, hizo de ella un personaje poco convencional.

Para Piaf, la celebridad no era tan importante como su pasión y la compañía de sus amantes y, desde luego, de su tribu de amigos, quienes le ayudaron a enfrentar la soledad. El cantante francés Charles Aznavour, quien tuvo, según él, "una amistad amorosa" con Edith, define muy bien la diversidad de relaciones que Piaf podía tener con sus allegados.

Como comentara Joël Huthwohl, comisiario de la exposición, Piaf, "era consciente de que su vida personal formaba parte del espectáculo y de que el público necesitaba cuentos de hadas".

Muchos de estos amoríos pudieron ser descubiertos gracias a la cantidad de correspondencia que Piaf recibiera de sus amantes o que ella enviara a cada uno de ellos. Uno de sus confidentes, Jacques Bourgeat, hizo una donación a los archivos de la BNF de todas las cartas de su "Piafou", como solía llamarla.

Piaf creyente. Cruces, medallas y algunas estatuillas, que la acompañaron durante sus giras, también se encuentran expuestas en la BNF.

Y es que antes de subir al escenario, la vedette, realizaba siempre un ritual de oraciones y liturgias. Sus allegados cuentan que estos comportamientos derivaron en ocasiones al espiritismo, la astrología y la superstición.

La fe, que ella profesaba, estuvo siempre ligada a la historia que le contó su abuela quien durante su infancia hizo un peregrinaje hasta la tumba de Santa Teresa de Lisieux, pues la pequeña Edith estaba quedándose ciega. Gracias a este acto de fe, ella pudo recuperar la vista. Milagro que Piaf intentaba agradecer todos los días de su vida con estos rituales religiosos y en los amuletos que siempre cargaba.

Bajo la luz de los proyectores: cuarto espacio. La exposición mediática, que tuvo la cantante desde el inicio de su carrera, contribuyó en gran medida a la construcción de la imagen icónica de la artista que sigue en boga todavía en nuestros días. Discos, radio, televisión, prensa, revistas, fotografía cine, utilizaron su voz y su imagen sin medida y lograron dar a conocer las melodías a lo largo y ancho del globo.

Este último espacio, dedicado al rol de los medios, presenta cómo Piaf se consolidó como una cantante legendaria. Acá se encuentran las portadas de diferentes periódicos, las cartas de sus admiradores, los afiches de diferentes casas de discos como Polydor y Columbia.

También, destacan el primer disco Polydor Les Mômes de la Cloche que data de 1936; además, una colección de seis matrices de discos inéditos hasta el 2003.

Además y gracias al préstamo de Marion Cotillard, se exhibe el premio Oscar y el premio Cesar que la actriz recibiera por su actuación en la película La Môme, de Olivier Dahan.

Hay publicaciones de prensa en español, ruso, búlgaro, hindú... que confirman el éxito mundial que tuvo Piaf. Incluso, cuando siendo un verdadero ídolo, en varios países Edith Piaf logró mantener su libertad y su sencillez. A pesar de la fortuna que logro por sus éxitos, murió en la ruina, atrapada por la morfina.

Piaf muere el 11 de octubre de 1963 en la ciudad de Plascassier. Fue trasladada a París, en donde 40.000 personas caminaron en silencio hasta el cementerio de Père Lachaise, lugar donde encuentra su tumba.

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