Toman el poder cuando sus progenitores están ausentes, cansados o tienen poca capacidad para disciplinar

Por: María Clara Vargas 9 mayo, 2015
 Las conductas de alerta no son aisladas, se presentan desde pequeños y se consolidan con el paso del tiempo.
Las conductas de alerta no son aisladas, se presentan desde pequeños y se consolidan con el paso del tiempo.

Algunas veces los padres de familia con empleos de alta demanda caemos en el error de tolerar conductas que podrían estar en la base del “síndrome del emperador”.

Esta conducta aparece cuando un niño muestra hostilidad y oposición generalizada hacia sus padres, que se puede manifestar de diferentes formas y aumenta con el paso del tiempo.

Un carácter difícil por parte del niño, dificultad de los padres para ejercer autoridad, escaso tiempo compartido, sentimientos de culpa o cansancio después de una larga jornada laboral, pueden ser aliados en el desarrollo del “emperador”.

Con ojos de niño

Cuando un niño ha vivido violencia resulta comprensible que la utilice como forma de relacionarse con otros, incluidos sus padres. Pero en familias amorosas, es confuso que pueda gestarse un niño “emperador”.

La clave está en las formas de expresar el amor. El niño puede percibir desinterés, ausencia de afecto o escasa comunicación. Aun contando con la presencia física de sus padres, se siente abandonado.

El estilo ultrapermisivo de disciplina, o bien la sobreprotección que impide la autonomía del menor, pueden ser causas y detonantes de este comportamiento.

Este estilo de crianza se traduce en una inversión de los roles familiares y la incapacidad para establecer límites y consecuencias claras. El niño tiene vía libre para sus deseos, y ninguna acción es sancionada o regulada con éxito. Ante la menor imposición de una norma, el niño reacciona con rebeldía, y sus padres ceden una y otra vez, otorgándole poder.

En esta dinámica familiar, las relaciones son horizontales y, como consecuencia, se vive en medio del caos, pues el niño evidentemente no tiene la madurez ni las competencias necesarias para llevar la batuta.

Suele ser común que los padres manifiesten una conceptualización radical de la disciplina: no quieren ser autoritarios ni agresivos y se van al otro extremo. El niño aprende rápidamente y aprovecha el terreno fértil. Su personalidad se engrandece, carece de juicio moral pues no lo ha aprendido, y el exceso de poder le hace sentir en derecho de comportarse en forma abusiva. Puede o no llegar a la violencia física, pero cuando esto sucede, siempre es posible observar que las conductas hostiles y la oposición hacia los padres ya se manifestaba de muchas otras formas en la dinámica familiar.

Efectos nefastos

Los padres, por lo general tardíamente, se dan cuenta de lo incontrolable de la situación, y al intentar solucionarlo, se encuentran con un gobierno tirano de años de práctica. La desventaja es obvia y se requiere de una intervención extrafamiliar .

Los efectos de una relación tan asimétrica resultan visibles desde afuera. Es común que los niños tiranos muestren conductas desadaptativas y desafiantes ante otros tipos de autoridad y reporten problemas desde el centro educativo u otros grupos sociales.

Se cree, aunque es aún una hipótesis en estudio, que algunas personas pueden tener una composición genética que favorezca el tipo de conductas de un emperador, similares a otros tipos de personalidad como la antisocial y la sociópata, especialmente cuando la violencia hacia los progenitores se acompaña de violencia física y no solo rebeldía extrema o agresión emocional.

El egocentrismo, la necesidad de la inmediatez, el hedonismo y el consumismo, entre otros, también son factores sociales que suelen colaborar en la formación de un niño emperador.

Prevención

Existen medidas que puede aplicar para evitar o corregir un “síndrome del emperador” en potencia:

• Dé el ejemplo rechazando todo tipo de violencia.

• Nunca delegue la autoridad parental, ni renuncie a poner límites.

• Permítales experimentar frustración y consecuencias a sus conductas.

• Enséñeles a resolver problemas por su cuenta.

• Considere que en su familia todos merecen trato respetuoso.

• Al vivir en comunidad, la empatía, los valores y el respeto a otros deben ser actitudes de práctica cotidiana.

•La mejor disciplina se aplica con amabilidad y firmeza al mismo tiempo.

Pero si el emperador ya instaló el imperio en su casa, busque ayuda profesional lo antes posible. Se requiere de intervención externa para estructurar nuevamente la autoridad en el hogar y crear nuevas formas de relacionarse, restaurando la jerarquía perdida.

*Sicóloga, especialista en pareja y familia. Codirectora del Centro de Psicología y Desarrollo.

En potencia

Esté atento a la aparición de estas conductas en sus hijos:

• Dificultad para desarrollar empatía y valores morales.

• Incapacidad para admitir errores y aprender de las consecuencias; tienden a culpar a otros y justificarse siempre.

• Hostilidad, oposición, rebeldía, mentira y crueldad hacia otros, incluidos juguetes y animales. • Alta demanda en términos de privilegios materiales y de atención.

• Altos estándares respecto a lo que sienten que merecen; los padres los describen como insaciables y cuando se les niega algo manifiestan baja tolerancia a la frustración, expresada con rabietas, ataques de ira, insultos o violencia física.

• Escasa capacidad para solucionar problemas.

• Egocentrismo extremo.

• Discuten normas, reglas, límites y consecuencias.

Fuente: psicologiaydesarrollocr.com.

¡En alerta papás!

Conductas de riesgo en los padres:

• Son sobreprotectores, temerosos e inseguros.

• Tiene dificultad para poner límites o delegan esta tarea en otros (niñera, abuelos, escuela).

• No logran acuerdo sobre el estilo de crianza: un progenitor desautoriza al otro y el niño aprovecha las diferencias para usurpar el poder.

• Baja tolerancia a la frustración por lo que no dejan que el niño la experimente, intentan evitar toda situación de sufrimiento y salen al rescate cada vez que el niño tiene la oportunidad de enfrentar consecuencias lógicas a su conducta.

• Escaso autocontrol de las emociones.

• Dificultad para asumir responsablemente sus obligaciones.

• Tienen historia previa de violencia como actores o víctimas, o bien, muestran tolerancia a algún tipo de violencia en otros ámbitos.

Fuente: psicologiaydesarrollocr.com.