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Insumos agobian a industria

Alza en precios de trigo, maíz y soya obliga a empresas a ajustar el bolsillo y  trasladar costo a  clientes


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El alza en precios del trigo, maíz y soya obliga a las empresas a ajustar el bolsillo y trasladar el costo excedente a clientes.

Desde hace tres meses, la División Industrial Pecuaria de la Corporación Multi-Inversiones (Dipcmi) ha debido sacrificar la rentabilidad de sus productos y absorber el aumento en el precio internacional del maíz y la harina de soya, sus principales insumos.

Detener inversiones poco urgentes, reorganizar las rutas de distribución, cerrar 3 de sus 41 granjas y centralizar la producción en las fincas más grandes han sido algunas de las medidas aplicadas por la empresa –de capital guatemalteco– para contener gastos y evitar el traslado del incremento a sus clientes.

A pesar de los esfuerzos, estas materias primas representan el 80% de los costos de producción de la fabricante y comercializadora de la marca Pollo Rey, pues se usan como alimento para aves.

Si se toma en cuenta que durante el 2012 los precios internacionales del trigo, el maíz y la soya han registrado aumentos de entre el 20% y el 40%, el panorama de Dipcmi se complica.

De acuerdo con datos de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) –procesados por Cefsa para EF– en agosto anterior, el maíz alcanzó su precio spot (tranzado en el mercado de contado) más alto de los últimos años: $330,27 por tonelada.

Otras empresas avícolas y fabricantes de lácteos y de harina también están atravesando situaciones similares.

“La escalada de los precios de las materias primas se ha vuelto insostenible”, afirma alarmado Antonio Flórez-Estrada, director general de Dipcmi en el país.

Cargill-Pipasa, la otra empresa avícola importante en Costa Rica, presenta un panorama similar, pues el 80% de la alimentación de sus aves está constituida por maíz y soya.

Además, recurre a derivados de maíz, trigo y proteína deshidratada de soya para crear líneas de productos como embutidos (Cinta Azul) y alimentos para mascotas (Ascan, DogPro, Mimados, Equus, etc.), lo cual la hace especialmente vulnerable a las variaciones de precios.

La semana pasada, la corporación anunció desde su casa matriz en Estados Unidos que en el periodo que cerró el 31 de mayo registró sus menores ganancias trimestrales en dos décadas.

A nivel local, Cargill ya se vio obligada a subir el precio del pollo en un 7%, hace un par de semanas. Dipcmi hizo lo propio con un 3% en el mismo periodo y ya prevé uno nuevo del 5% o 6%, que tendría efecto en 15 días.

El caso de las productoras de harina Molinos de Costa Rica (Nacarina) y la Fábrica de Harinas Centroamericana (Fhacasa) –también propiedad de Multi Inversiones– es el mismo.

Ambas compañías anunciaron a finales de julio, un aumento del 10% en el precio de la harina.

Rafael Carrillo, vocero de Molinos de Costa Rica –empresa que importa entre 150.000 y 155.000 toneladas de trigo al año–, teme que la demanda de la harina empaquetada en los supermercados disminuya, pero aún no tiene certeza de lo que se viene.

Precisamente, la incertidumbre ha llevado a la industria alimentaria a tomar medidas largoplacistas que van más allá de subir los precios de sus productos.

Vías alternas

La intensa búsqueda de proveedores suramericanos de granos es una de las tácticas aplicadas por la empresa avícola Yema Dorada como alternativa ante las alzas en el costo de los insumos.

De acuerdo con Luis Mesalles, gerente general de la compañía, otra de las estrategias ha consistido en utilizar instrumentos de cobertura de compras futuras, ya que los granos que adquiere se cotizan en la bolsa de valores.

Una salida similar implementa la Cooperativa de Productores de Leche Dos Pinos, cuya dependencia del maíz, del grano de destilería y de la harina de soya es muy alta. Juntos, ellos representan el 80% de la formulación de los alimentos de la cooperativa.

Luis Torres, director agrocomercial de la compañía, explica que los mecanismos de cobertura de materias primas permiten analizar las estacionalidades de cada cereal, con el fin de protegerse ante cambios fuertes o de aprovechar mejores oportunidades.

Sin embargo, Torres reconoce que con los datos actuales no hay previsiones de mejora de las condiciones para los siguientes seis meses.

La preocupación no es para menos, pues la industria alimentaria costarricense depende casi al 100% de la importación de estos insumos.

Según la Secretaría Ejecutiva de Planificación Sectorial Agropecuaria, en el país solamente se cultivan los granos arroz, frijol y maíz.

En el 2011, este último registró un área sembrada de 8.208 hectáreas, es decir, 14,5% menos que en el 2010.

Asimismo, datos del Banco Central de Costa Rica –tabulados por la Promotora de Comercio Exterior (Procomer)– indican que, en el 2011, el país compró cerca de $418,7 millones de estos insumos, lo cual representa un 28% más que en el año anterior.

Tales adquisiciones se llevaron alrededor de un 2,6% del pastel de importaciones del país en el último año.

Panorama complicado

Aunque Costa Rica obtiene estos granos de destinos como Argentina, Nicaragua y Tanzania, EE. UU. es su principal proveedor, ya que más del 90% de las importaciones vienen de allá. “Maíz gringo”.

El que ese país viva su peor sequía en 50 años y, por lo tanto, una escasez de cultivos, empeora el panorama.

“La situación es bastante compleja, pues no hay amplia disponibilidad de opciones para cambiar de proveedor, ni materia prima local”, asegura Jorge Calderón, gerente regional de Asuntos Corporativos de Cargill Centroamérica.

Por su parte, Severo Ixquiac, director regional de Fhacasa, dice que la calidad de los insumos y los gastos que se deben hacer en logística son otros de los factores que hacen más difícil pensar en nuevos proveedores.

A lo anterior, hay que agregarle que todas las empresas consultadas hacen compras, por lo menos, una vez al mes en respuesta a los protocolos de almacenamiento de alimentos.

Por ejemplo, Dos Pinos importa cada 26 días 10.000 toneladas de maíz, 2.600 de grano de destilería y 3.000 de harina de soya.

La frecuencia en las compras que hace el sector lo coloca en una posición aún más vulnerable.

Algunas empresas, incluso, ya temen por la reducción de empleados.

“Nos preocupa la generación de empleos a través de nuestra industria y la contribución de los productos avícolas en la seguridad alimentaria de nuestro país”, asevera Antonio Flórez-Estrada, de Dipcmi.

Apoyo y producción local

La crisis de los granos ha sido un tema recurrente desde el 2008. En aquella oportunidad, se trató de un tema de especulación de precios en el que influyeron variables como el alto costo del petróleo y el boom de la generación de biocombustibles, a través de varios granos básicos.

Severo Ixquiac, de Fhacasa, recuerda que ese año hubo hasta cinco variaciones en los precios de la harina de trigo en el país.

Empero, la coyuntura actual puede tornarse más grave e incierta, ya que mezcla los factores anteriores con las retadoras condiciones climáticas.

Ya el Departamento de Agricultura de EE. UU. lo advirtió varias semanas atrás cuando anunció que la cosecha de maíz del 2012 disminuirá en un 13% y llegará a su punto más bajo de los últimos seis años.

Esa nación es la primera productora de maíz en el mundo, seguida por China, India y Brasil.

Adriana Rodríguez, jefa de estrategia de Aldesa Puesto de Bolsa, apunta que ni siquiera estas últimas zonas podrían ser opciones alternas.

Ya se especula que India deberá frenar sus exportaciones para proteger a sus consumidores locales, después de que las mayores lluvias monzónicas en tres años destruyeran parte de la producción local.

Entonces, ¿cuáles alternativas tiene Costa Rica?

Muchos han pensado en impulsar la producción local de granos. Sin embargo, Luis Mesalles, de Yema Dorada, comenta que la respuesta del productor nacional sería lenta, pues no se cuenta con la cultura ni el conocimiento de la siembra de estos productos.

Igualmente, es difícil poner a competir esta actividad contra el cultivo de productos agrícolas de exportación más rentables como la piña, el banano, el café y la palma.

Las cifras dan cuenta de este desinterés.

De acuerdo con Procomer, entre el 2007 y junio del 2012, el país solo ha exportado maíz y habas de soya.

Este último insumo es el que registra mayor valor de ventas, pero apenas llega a $436.020.

En el caso del maíz, se han exportado aproximadamente $278.680 durante el mismo periodo.

“La producción de estos granos es muy intensiva en tierra y las condiciones de clima de Costa Rica no son las idóneas”, explica el economista de Ecoanálisis, Alberto Franco.

Mientras tanto, Mario Montero, vicepresidente de la Cámara Costarricense de la Industria Alimentaria (Cacia), expresa que es necesaria la revisión de una gran cantidad de aranceles que pesan sobre insumos que ni siquiera se producen en la región y que aumentan significativamente los costos de producción del sector.

De la misma forma, pide al Poder Ejecutivo analizar un criterio legal recientemente aplicado por la Dirección de Tributación Directa. Según Montero, este impide a los fabricantes de alimentos la aplicación de créditos fiscales sobre la utilización de insumos importantes como el material de empaque y la electricidad.

Jorge Calderón, de Cargill, espera que el Gobierno también apoye a la industria a través de la mejora en los costos asociados con otros gastos fijos como lo es, por ejemplo, el uso del puerto de Caldera para desembarques de materias primas.

Por otro lado, la FAO recomendó a Centroamérica trabajar con prioridad en programas de seguridad alimentaria que tengan que ver con producción, transformación, almacenamiento y abastecimiento de alimentos en la región.

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