Editorial: Cuba, reto y oportunidad


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L a normalización de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba –anunciada el pasado 17 de diciembre– nos trajo a la mente aquel chistoso refrán popular que dice “éramos muchos y para cerrar la torta parió la abuela”.

En un ambiente altamente competitivo y una economía global que se ha desacelerado en su crecimiento, la entrada de un competidor fuerte al tinglado de las naciones implica un gran reto y una oportunidad.

Cuba, en parte por el embargo y en parte por un sistema de gobierno que ha limitado toda iniciativa privada por más de medio siglo, es una economía débil, poco competitiva, con poco enfoque al mercado en sus pocas empresas, con capital humano relativamente educado, pero con una cultura productiva pobre y tecnológicamente obsoleta.

Pero hay una masa crítica de capital humano de tradición cubana instalada en Estados Unidos que sí tiene cultura productiva, carácter emprendedor, conocimiento de los mercados, acceso a capital y, muy posiblemente, familia y hasta propiedades en la isla. La pregunta es si conservan aún su identidad cubana o ya no se sienten comprometidos con el futuro de la isla.

Desde el punto de vista competitivo, Cuba tiene una fuerza laboral relativamente educada y saludable, sumamente barata en términos relativos, lo que hace que se convierta, en primera instancia, en un competidor formidable en industrias intensivas en mano de obra para las economías menos desarrolladas de nuestra región.

En el caso de Costa Rica, los principales retos vendrán por el lado del turismo, para el cual Cuba tiene ya algunos espacios –no suficientes– para empezar a competir, pero podría convertirse rápidamente en un centro de inversiones en este campo y desplazar inversiones que en otro momento escogerían otros puntos del Caribe, incluida Costa Rica, para instalarse.

En servicios de salud, donde Cuba tiene una tradición y reputación importantes, solo podrá empezar a competir conforme logre atraer inversiones que aumenten su capacidad instalada y la calidad de los servicios complementarios. Esto tomará tiempo, pero no tanto si el Gobierno en La Habana se abre a inversiones de empresarios extranjeros y de cubano-americanos.

En una primera etapa, por el estado pobre de su clima de inversiones, de su clima de negocios y del desarrollo de su mercado interno, llegarán muchas inversiones dirigidas al consumo local. Recordemos que en Cuba no operan cadenas de supermercados, ni franquicias de alimentos y otros servicios, y las telecomunicaciones y la tecnología informática tienen rezagos importantes. Esto implica, en una nación de 11 millones de habitantes, muchas inversiones de las grandes transnacionales dirigidas al servicio del mercado local. Así fue en Europa Oriental.

La dinámica de inversiones que esto implica activará el empleo, aumentará rápidamente el ingreso de la población y resultará en un gran imán para que otras inversiones les sigan de cerca.

Cuba puede ser un gran mercado para Costa Rica, como lo será para otros. Si su apertura se convierte en un problema o en una oportunidad dependerá en buena parte del proceso que ellos diseñen y de cómo lo enfrentemos nosotros.

Está claro que no podemos seguir retrasando las inversiones determinantes de nuestra competitividad: estabilidad económica, infraestructura logística, volumen y costo de energía, y capital humano mejor preparado. Esto nos permitirá competir con Cuba y mucho más.

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