Editorial: La nueva economía del trabajo


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Por algún motivo, los músicos y otros artistas llaman “chivos” a los conciertos y presentaciones (en inglés les dicen gigs ). La llamada gig economy es una economía en la que los trabajadores son independientes y se reúnen para llevar a cabo un evento (construir un producto, o brindar un servicio), de una manera totalmente flexible, voluntaria, y a destajo. El posible crecimiento de esta economía presenta dos grandes desafíos a los gobiernos: la recaudación adecuada de impuestos y la cobertura de seguridad social de quienes trabajen así.

Hace 200 años, antes que las corporaciones y gobiernos se convirtieran en empleadores, casi toda la economía funcionaba a base de eventos (chivos). En ese entonces, las garantías sociales y la estabilidad laboral no existían, el tamaño de las economías era muy diferente y por estar basada en eventos era imposible escalar. Hoy la tecnología permite escalar este modelo a nivel global.

Plataformas digitales que empatan compradores con vendedores, como Uber, AirBnb, o Etsy, promueven la economía del chivo, ya que la oferta y la demanda se ajustan dinámicamente, dejando a los trabajadores decidir si quieren trabajar en un momento dado. Esta economía, basada en plataformas digitales, produce una enorme flexibilidad y libertad a los trabajadores.

No toda la economía del chivo es informal, ya que en el caso de las plataformas de colaboración (como Uber, AirBnb, Etsy, etcétera) todas las transacciones se registran digitalmente y, por lo tanto, los recaudadores de seguridad social e impuestos no necesitan esforzarse mucho para recaudar lo que corresponde.

Pero no todos los trabajadores independientes laboran con plataformas de colaboración, el atractivo de la independencia laboral siempre ha seducido a los jóvenes, la diferencia es que hoy en día existen menos barreras para lograrlo. Por ejemplo, hoy, trabajadores del conocimiento (como programadores y diseñadores), pueden trabajar –por medio de Internet– para clientes al otro lado del planeta sin pedirle permiso, ni registrarse, ni rendirle cuentas ni a la seguridad social ni al fisco. La justificación moral de no contribuir es tema de otro editorial, pero hay evidencia de que se está propagando globalmente.

No hay acuerdo de si la economía del chivo es una tendencia inevitable, una moda o una burbuja. Hay una escasez de datos crónica. Los métodos tradicionales de medir estadísticas laborales parecen estar obsoletos, pues ya no funcionan.

En los últimos meses, The Economist, Wall Street Journal y The Guardian , entre otros, han publicado reportajes con cifras y números contradictorios. Básicamente nadie tiene la menor idea del tamaño de la economía del chivo, ni de la velocidad a la que está creciendo, mientras que los análisis apuntan a un posible, y muy serio, retroceso en garantías sociales y laborales. Si el número de patronos se redujera considerablemente (porque los empleados se vuelven trabajadores independientes), la recaudación de la seguridad social y de impuestos podría verse severamente afectada. Sin embargo, es muy difícil, sino imposible, diseñar política pública para enfrentar este peligro, sin datos fehacientes.

Steven Hill, en su artículo de medium.com/the-wtf-economy asegura que en Estados Unidos, junto al reciente descenso de la tasa de desempleo, también se ha registrado una caída en la tasa oficial de trabajadores empleados. Obviamente un contrasentido que solo puede ser explicado por la deficiencia de los métodos de medición utilizados. Aparentemente, el número de trabajadores dejando la fuerza laboral y dedicándose, en vez, a tareas ocasionales e informales, es tan grande que los datos oficiales de desempleo ya no son confiables.

Si bien no tenemos cifras certeras del tamaño actual de este tipo de economía, todo parece indicar que esta tenderá a crecer, no solo por el advenimiento de las plataformas digitales, sino también por el estado de la economía global y el deseo de libertad y flexibilidad de las nuevas generaciones (el cual es hoy mucho más factible satisfacer con las nuevas tecnologías).

Es urgente desarrollar métodos de recolección de datos que sean certeros. Las encuestas ya no funcionan, la gente miente, ya sea por deporte o por ignorancia, el resultado es el mismo. Tal vez se deberían utilizar los dispositivos móviles, de manera creativa para recabar los datos.

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