TLC y política comercial


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Leí con interés las opiniones de los candidatos a vicepresidente publicadas en la edición 963 de El Financiero . Dada su importancia, me parece conveniente referirme a algunos aspectos.

Los tratados de libre comercio (TLC), bilaterales o regionales, buscan brindar un marco de seguridad jurídica para el comercio, fomentar el intercambio, promover la inversión y profundizar la cooperación.

En el caso de los países pequeños, como Costa Rica, son instrumentos valiosos también para expandir el tamaño del mercado, abriendo nuevas oportunidades para productores y consumidores.

En este momento, hay 432 TLC notificados a la Organización Mundial de Comercio (OMC) y todos los países del mundo, menos Mongolia, han firmado al menos uno. La tendencia actual es avanzar hacia la negociación de megaacuerdos regionales, que unen a muchas naciones en esfuerzos de integración más profundos.

Costa Rica ha suscrito 14 TLC, lo cual va en la misma línea de lo que han hecho los países centroamericanos, México, Chile, Colombia, Perú, Corea, Singapur, Malasia, Nueva Zelanda y otros. Cada uno de ellos abre oportunidades diferentes, en algunos casos más enfocadas en el sector agrícola o en el industrial, y también opciones para el consumidor.

Un TLC no puede considerarse bueno o malo sobre la base de si el saldo de la balanza comercial de bienes con el socio en cuestión es positivo o negativo. Esto por cuanto la decisión de comerciar no se basa solo en la política comercial, sino que está influida por diversos factores como gustos de los consumidores, precios, tipo de cambio, costos de transporte, etc. Pero más importante aún, porque este razonamiento no considera la necesidad y conveniencia de importar para adquirir materias primas, tecnología y bienes de consumo.

En el mundo de hoy, en el que la producción internacional está organizada en cadenas globales de valor –en virtud de las cuales parte de un proceso productivo se lleva a cabo en un país y el resto en otros–, importar eficientemente y al menor costo posible es indispensable para poder exportar en forma competitiva y por ello es necesario facilitar tanto la importación como la exportación. Ideas como restringir las importaciones para combatir el dumping social pueden sonar bien en principio, pero son peligrosas, entre otras razones porque, aplicadas por nuestras contrapartes, nos expone a que países con salarios más altos que los nuestros –que son nuestros principales compradores– decidan bloquear las exportaciones costarricenses.

Más exportaciones

Dicho lo anterior, por supuesto que es muy importante trabajar para promover las exportaciones nacionales pues esto genera empleo, crecimiento y desarrollo. Y lo hacemos desde la Promotora de Comercio Exterior (Procomer), con 5 oficinas en el país y 13 en el exterior, con gran dedicación, empeño y compromiso.

La Ventanilla Única de Comercio Exterior 2.0, la marca país “Esencial Costa Rica”, el impulso a las exportaciones de alto valor agregado, el Sistema Integrado de Logística, el sitio Procomer Marketplace, el fomento de encadenamientos productivos y el Centro de Asesoría al Exportador son algunos de los programas que, con una cultura centrada en el cliente, permitieron ampliar la base de clientes habituales de la institución en 170%, al pasar de 233 empresas en el 2010 a 630 en el 2013.

Hoy, la participación de las pequeñas y medianas empresas en el valor de las exportaciones costarricenses es 13%, mientras que en Brasil es 7,5%, en Colombia 4,5%, en Chile 7%, en México 4% y en Uruguay 1,6%, según las estadísticas de Cepal.

El trabajo debe continuar. Se ha hecho mucho, pero hay mucho por hacer. Hay que mejorar, fortalecer y avanzar. Pero eso no se logra aislando a Costa Rica del mundo, sino trabajando intensamente para mejorar las condiciones internas y externas para competir en los mercados internacionales.

Sostenbilidad y financiamiento