Opinión: Resultados de la recuperación


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La última crisis, la más grande desde la gran depresión, planteó el reto inmediato de reformular las políticas monetarias y fiscales para salir del atolladero en que el mundo se encontraba. En este proceso, llama la atención las acciones que han tomado los Estados Unidos y la eurozona.

Estados Unidos ha mostrado una recuperación económica más rápida y sólida que su contraparte europea. Los datos más recientes del gobierno norteamericano registran un crecimiento del 2,2% del PIB real al 2012, mientras que la eurozona de un -0,9%.

El podio se ocupa de igual manera si nos referimos al desempleo. Desde hace un año, EE.UU. ha disminuido su tasa de desempleo desde 8,2% a 7,6%. La eurozona mantiene un nefasto récord de 12,2% de desempleo. Y por último, el crecimiento más pronunciado en sentimiento del consumidor se reporta en Estados Unidos con un crecimiento interanual a junio de un 15%, mientras que la eurozona reporta un -1%.

¿Por qué estas diferencias?

Para entender por qué estas economías han mostrado una diferente rapidez de recuperación, es necesario considerar el rol de los bancos centrales y algunos aspectos de la estructura de sus economías.

Empecemos por los bancos centrales.

Los objetivos de cada uno son diferentes para asistir a la economía. Si bien ambos concuerdan en su objetivo de asegurar la estabilidad de precios, la Reserva Federal añade el lograr máximo nivel de empleo. El Banco Central Europeo (BCE) ha logrado mantener control en la inflación, no obstante, resulta un lastre a la postre por no proveer liquidez adicional al mercado con tal que se generen más empleos.

El Quantitative Easing en los EE. UU. ha asumido esta tarea en su respectivo mercado mediante la compra de activos con intervenciones estériles. Esto genera mercados financieros más dinámicos que facilitan el crédito, las inversiones y, por ende, el crecimiento de la economía. Complementariamente, la herramienta de política monetaria compartida por las partes ha sido mantener las tasas de interés a niveles bajos. No obstante, pareciera no ser suficiente para satisfacer la demanda de liquidez del mercado.

Por otra parte, haber entregado la soberanía monetaria en una institución centralizada como el BCE sin que las políticas fiscales estuvieran efectivamente calibradas, hizo que el problema de deuda europeo escalara. De haber contado con soberanía monetaria, los países mediterráneos habrían impreso el dinero necesario para pagar su deuda. Aquí yace otra ventaja para los norteamericanos. Ellos demuestran mejores condiciones para coordinar sus políticas fiscales y monetarias a su vez que deciden unilateralmente cuando encienden la máquina para producir billetes.

Estructura laboral

Otro aspecto que ha influenciado el grado de recuperación es la estructura de su mercado laboral.

A pesar de que ambas economías son sofisticadas, sus rasgos culturales y dimensiones demográficas hacen que la tarea de la movilidad laboral sea más complejo. Estados Unidos es una sola nación, con rasgos culturales homogéneos y hablan el mismo idioma. La eurozona tiene rasgos culturales muy diferenciados y 23 idiomas oficiales. Es más fácil que un norteamericano se mude de Miami a Denver en búsqueda de trabajo a que un griego intente lo mismo de Grecia a Dinamarca.

Además, la regulación laboral es más estricta en Europa que en Estados Unidos. Esto conlleva que el mercado laboral europeo no cuenta con la flexibilización suficiente para atender las necesidades inmediatas de empleo a pesar de las libertades de tránsito existentes.

Ambos bloques están juntos en esto. El crecimiento de uno depende del otro y sus economías están estrechamente relacionadas. Aunque si bien uno crece más rápido que el otro, lo ideal sería que crecieran con rapidez similar.

Esta situación nos plantea la siempre presente necesidad de orientar las iniciativas de mejora económica con un sentido real de apoyo a la economía. Plantearse lineamientos tan rígidos o aislados como el del BCE, puede resultar como dispararse a sí mismo en el pie.

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