Opinión: La competitividad de las industrias depende de su consumo energético


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La competitividad de las industrias depende en gran parte de una eficiente gestión de su consumo energético.

Por otro lado, un desarrollo sostenible será posible únicamente si se logra un desacoplamiento del paradigma energético mundial. Esto es, si el modelo de desarrollo consigue seguir avanzando en las metas socioeconómicas, mientras se reduce el consumo de energía.

Según cifras del Estado de la Nación (2015), la industria manufacturera es responsable de aportar aproximadamente un 20% del PIB en Costa Rica. De manera congruente, datos de la Dirección Sectorial de Energía (DSE, 2014) indican que el sector industrial representa un 21% del consumo energético del país. Una comparación de ambas mediciones reafirma el paradigma de desarrollo insostenible basado en una correlación directa entre la generación de riqueza y el consumo intensivo de energía.

Construcción sostenible en Costa Rica ya tiene sus cimientos.

Una efectiva gestión de la energía en las empresas industriales conlleva a una mayor comprensión de los procesos, lo que permite introducir mejoras que aumentan la eficiencia y la productividad. Consumir menos energía implicará desde luego ahorros económicos, a plazos variables dependiendo de las inversiones necesarias.

Por otro lado, desde un punto de vista ambiental, se logra disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y otras externalidades negativas. Como consecuencia, la empresa logrará una importante diferenciación en el mercado y una mejor imagen corporativa.

Para lograrlo, las empresas deben primeramente realizar un diagnóstico de su situación, centrando el análisis en la identificación de los procesos más demandantes de energía. Al realizar esto, será posible focalizar los esfuerzos y, con ello, levantar un listado de posibles mejoras. Dichas mejoras se pueden clasificar en medidas de corto, mediano y largo plazo.

Ajustes a plazo

En el corto plazo, las empresas suelen ser capaces de mejorar en la aplicación de buenas prácticas, las cuales implican inversiones económicas mínimas. Como acciones de mediano y largo plazo, se pueden encontrar cambios de tecnología hacia equipos más eficientes. Aunque cada caso es particular, el sector industrial tiende a ser sujeto de significativas mejoras en sus calderas, hornos y equipos de refrigeración, así como la introducción de tecnologías de iluminación de bajo consumo como los LED.

Por último, se deben analizar las implicaciones financieras, técnicas y legales de instalar un sistema para aprovechar fuentes renovables de energía, en particular sol, viento, biomasa y agua. En todos los casos existen tecnologías que permiten generar electricidad de dichas fuentes renovables mediante una generación distribuida.

De optar por la generación eléctrica, se debe indagar si la electricidad generada puede ser consumida de manera directa o si es necesario conectarse a la red eléctrica existente, en cuyo caso se deben considerar aspectos legales y tarifarios.

Por su parte, el sol y la biomasa permiten aprovechamientos energéticos más allá de la generación de electricidad. Los calentadores solares son cada vez más comunes, mientras que en la agroindustria la biomasa se utiliza frecuentemente con fines térmicos en procesos que requieran calor como el secado.

Sostenbilidad y financiamiento