Inescrutable contracción de China


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Cambridge. Mientras que casi todos los países del mundo están tratando de fomentar el crecimiento, el Gobierno de China intenta desacelerarlo para llegar a un nivel sostenible. A medida que China se transforma en una economía más impulsada por la demanda interna y más orientada a los servicios, una transición a un crecimiento menor es inevitable y deseable al mismo tiempo. No obstante, los desafíos son enormes y no debe esperarse que el proceso sea fácil.

Al crecer la economía de China en relación con la de sus socios comerciales, la eficacia de su modelo impulsado por las exportaciones inevitablemente tiene que disminuir. Como corolario, también deben decrecer los rendimientos de las enormes inversiones en infraestructura, dedicadas en su mayoría a sostener el crecimiento de las exportaciones.

El consumo y la calidad de vida deben aumentar, a pesar de que la contaminación del aire y la escasez del agua se estén agudizando en muchas zonas. Sin embargo, en una economía en la que la deuda se ha disparado a más del 200% del PIB, no es fácil controlar el crecimiento gradualmente sin provocar el fracaso generalizado de proyectos de inversión ambiciosos. Incluso en China, donde el Gobierno tiene fondos suficientes para amortiguar la caída, una quiebra de la magnitud de la de Lehman Brothers podría causar un grave pánico.

Pensemos en lo difícil que resulta llevar a cabo un aterrizaje suave en las economías basadas en el mercado. Los ciclos de restricciones monetarias han provocado o agravado muchas recesiones. El expresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos Alan Greenspan se ganó el calificativo de “el maestro” en los años noventa porque logró desacelerar la inflación y conservar un crecimiento firme al mismo tiempo. La idea de que controlar las restricciones es más fácil en una economía con planificación centralizada en la que los encargados del diseño de políticas deben basarse en señales de mercados mucho más ruidosos es muy cuestionable.

A juzgar por las previsiones oficiales y de crecimiento del mercado, podría pensarse que los riesgos son menores. La meta oficial de crecimiento de China es del 7,5%. Alguien que pronostique un 7% es considerado pesimista, y si predice una desaceleración al 6,5% es visto como un fanático total.

Para la mayoría de los países, diferencias tan pequeñas serían insignificantes, y en los Estados Unidos, el crecimiento trimestral del PIB ha fluctuado entre -2,1% y 4,6% en el primer semestre de 2014. Desde luego, el crecimiento chino casi seguramente varía mucho más de lo que dejan ver las cifras oficiales, en parte porque los funcionarios locales tienen incentivos para maquillar los datos que envían a las autoridades centrales.

¿Fuerte desaceleración?

¿Dónde se encuentra, pues, la economía de China actualmente? La mayoría de las evidencias indican que se ha desacelerado significativamente. Un hecho notable es que el crecimiento anual de la demanda de electricidad ha caído de manera abrupta, a menos del 4% para los primeros ocho meses de 2014, un nivel que solo se había registrado antes en la peor parte de la crisis financiera que estalló en 2008. Durante casi toda la etapa de modernización de China, el consumo de electricidad ha crecido más rápido, no más lento, que la producción.

El debilitamiento de la demanda de electricidad ha puesto una enorme presión sobre la industria del carbón, y muchas minas están efectivamente en quiebra. La caída de los precios de la vivienda es otro indicador clásico de una economía vulnerable, aunque es difícil evaluar el ritmo exacto al que están cayendo. Los principales índices de precios de la vivienda miden únicamente los precios solicitados y no los precios de venta reales. (En muchos otros países –por ejemplo, España– existe el mismo problema con los datos.)

Por supuesto, las exportaciones también han disminuido, debido al débil crecimiento en el resto del mundo. Los exportadores de productos básicos, como Australia, Indonesia y Brasil ya han sentido los efectos de la desaceleración del crecimiento chino, al igual que países como Alemania y Suiza, que dependen de la voraz demanda de productos intensivos en capital de China.

Desafortunadamente, los datos chinos no son tan confiables como los que se utilizan para medir una economía desarrollada, lo que dificulta saber lo que está sucediendo realmente. La utilización de electricidad es normalmente una de las medidas más confiables del crecimiento pero, en vista del cambio de orientación de la economía hacia los servicios y la desaceleración de servicios que hacen uso intensivo de la energía, como la producción de cemento y acero, es perfectamente posible que el lento crecimiento de la electricidad sea solo un síntoma de reequilibrio.

Del mismo modo, la caída de los precios de la vivienda se da después de un corto período en el que los precios se duplicaron, lo que dificulta saber si China se enfrenta a una corrección modesta y saludable o al colapso total. Y si Europa continental se llega a recuperar, como lo han hecho los Estados Unidos y el Reino Unido, podría reanudarse el crecimiento de las exportaciones.

Lo que resulta claro es que los dirigentes de China están decididos a aplicar muchas de las reformas orientadas al mercado que se aprobaron en la Tercera Plenaria de 2013. La agresiva campaña contra la corrupción del presidente Xi Jinping puede considerarse como un preparativo para la resistencia política a una mayor liberalización económica. Por un lado, puede decirse que hasta ahora la corrupción china ha sido más un impuesto que una fuerza paralizante y que cambiar las reglas del juego drásticamente podría por sí mismo catalizar una fuerte caída de la producción.

¿Puede el Gobierno de China realizar un aterrizaje suave mientras elimina la corrupción, reduce la contaminación y liberaliza los mercados para garantizar el crecimiento a largo plazo? Hay mucho en juego. Si el crecimiento de China se derrumba, las consecuencias globales podrían ser mucho peores que las de una recesión estadounidense normal.

La tasa de crecimiento de China sigue estando a un nivel muy elevado, por lo que hay mucho margen para que caiga. La vulnerabilidad potencial de las exportaciones y los precios de los activos occidentales es enorme. De los dos casos de restricciones que están sucediendo actualmente en el mundo, el de la Reserva Federal de los Estados Unidos puede ser el más fácil de comprender, pero no necesariamente es más importante para el mundo que lo que está sucediendo en China.

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