Una política para el siglo XXI


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En respuesta al editorial de la última edición de El Financiero (N.° 1019), titulado “Un lobo con piel de oveja”, en el cual, a partir de un reportaje sesgado del mismo medio, se critica nuestro plan de soberanía alimentaria, me veo obligado a hacer algunas aclaraciones.

En primer lugar, la soberanía alimentaria es un tema incluido en el Plan Rescate, presentado ante la ciudadanía como plan de gobierno para la administración Solís Rivera, y avalado por 1,3 millones de votantes.

Quienes lideramos las instituciones del sector agropecuario, y en mi caso como ministro rector, asumimos el compromiso de cumplir lo que nos hemos propuesto para lograr el desarrollo de la actividad agroproductiva nacional. Este es un ejercicio de honestidad política, más allá de la opinión personal de quien escribe el editorial, opinión que respeto pero no comparto. La coherencia entre lo que se ofrece y lo que se hace es parte del cambio que la gente espera de esta administración.

En segundo lugar, este plan es uno de varios que conforman la política agropecuaria de la presente administración, la cual me parece oportuno explicar a grandes rasgos.

La actividad agropecuaria, y la agroindustria derivada directamente de ella, generan alrededor del 12% del producto interno bruto, el 37% de las exportaciones, el 12% del empleo nacional, y aportan el 70% del volumen de la canasta básica alimentaria de Costa Rica. A su vez, el agro es un sector sometido a grandes riesgos por la variabilidad climática y la volatilidad de los precios internacionales de bienes agrícolas. La política agropecuaria propuesta por esta administración, busca fortalecer un sector tan importante como motor de la economía y generador de bienestar especialmente en las zonas rurales.

Antes de continuar, es necesario precisar el concepto de soberanía alimentaria, dado que se ha usado equivocadamente en algunos foros, artículos de opinión y editoriales como el de El Financiero . Este ha sido confundido con “autoabastecimiento alimentario”, y se han hecho comentarios a partir de esta confusión. Soberanía alimentaria se refiere al derecho de los países a definir su propia política agraria y alimentaria, sin dumping frente a países terceros. Naciones como Estados Unidos y algunas de Europa lo practican todo el tiempo en su política agrícola, sin temor a promover, apoyar e incluso proteger determinadas actividades agropecuarias que consideran estratégicas. Al promover este concepto adoptamos un comportamiento de país desarrollado en relación con la política agrícola.

Nuestro propósito fundamental es fortalecer la dignidad de las familias dedicadas a la actividad agropecuaria y pesquera: que obtengan ingresos dignos y el reconocimiento social por su aporte al empleo, la economía, el ambiente y la seguridad alimentaria. Proponemos fortalecer los sistemas nacionales de producción de alimentos de la canasta básica, no a través de subsidios, sino por medio del incremento de la productividad, el valor agregado y mejores sistemas de comercialización.

Se plantea también apoyar al sector agroexportador, mediante la mejora regulatoria en temas aduaneros, sanitarios y fitosanitarios.

Nos proponemos mejorar los sistemas de innovación, el acceso a crédito, la simplificación de trámites y la reducción de los costos de producción por medio de la gestión del conocimiento, lo cual beneficiaría tanto a la producción local como a la agricultura de exportación.

Otro pilar fundamental de la política 2015-2018 es el fortalecimiento del papel de la agricultura ante el cambio climático, con acciones para la reducción, captura o compensación de gases de efecto de invernadero, incluyendo el uso de fuentes renovables de energía, así como para la adaptación de la agricultura al cambio climático, por medio de la investigación en nuevas variedades de plantas y otros elementos de nuestra biodiversidad, mejor utilización del recurso hídrico, sistemas de alerta temprana y seguros agrícolas adecuados al clima cambiante.

Finalmente, nos proponemos crear más y mejores oportunidades para la juventud del agro, por medio de una agricultura rentable, con alto valor agregado, y con un uso intensivo de herramientas modernas de infocomunicación como soporte a la toma de decisiones en el manejo de la producción y la comercialización.

No hay desfase

Debido al énfasis en el fortalecimiento de la agricultura local, algunas personas han tachado de desfasada a esta política. Todo lo contrario. Luego de la crisis de los alimentos del 2008, y ante la realidad del cambio climático, el paradigma agrícola en boga en las últimas décadas del siglo XX y primera del siglo XXI, está siendo fuertemente cuestionado en los últimos 5 años por la propia ONU: el informe del relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, en 2010, indica que reforzar la agroecología, la innovación campesina y las redes de comercio justo, es la mejor alternativa para garantizar el derecho a la alimentación.

En 2011, la FAO publica el libro Ahorrar para crecer , en el que enfatiza la necesidad de una “intensificación sostenible de la agricultura familiar” para garantizar una producción eficiente sin dañar el medio ambiente, y en 2013, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo publica el informe “Despierten antes que sea demasiado tarde”, en el que indica la necesidad de “reformar las reglas del comercio agrícola, dando mayor espacio político para asegurar la soberanía alimentaria, la resiliencia y adaptación al cambio climático, y repensar el enfoque de integrar a los pequeños productores en las cadenas globales de suministro”.

En el marco de la reciente cumbre del clima de la ONU, se creó la Alianza por la “Agricultura Climáticamente Inteligente”, donde actores públicos y privados reconocieron que no podemos, en agricultura, seguir haciendo “negocios como siempre”.

Nuestra propuesta está a tono con las tendencias mundiales más recientes. Sabemos que la ruta no es fácil, pero ya iniciamos. Con trabajo, tesón y metas claras daremos pasos firmes y decididos hacia la agricultura del futuro que, más que intensiva en insumos, será intensiva en conocimientos.

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