Los cuatro riesgos geopolíticos para la economía mundial


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Cambridge. El cierre del año es un buen momento para considerar los riesgos que nos aguardan. Existen, por supuesto, riesgos económicos importantes entre los que se cuentan la fijación incorrecta de precios causada por una década de tasas de interés ultrabajas, los desplazamientos en la demanda provocados por el cambio en la estructura de la economía china y la persistente debilidad de las economías europeas. Pero los principales riesgos a largo plazo son geopolíticos y provienen de cuatro fuentes: Rusia, China, Oriente Medio y el ciberespacio.

Aunque la Unión Soviética ya no existe, Rusia continúa siendo una formidable potencia nuclear, con capacidad para proyectar su poderío hacia cualquier parte del mundo. Por otra parte, Rusia es económicamente débil por su dependencia de los ingresos provenientes del petróleo en tiempos en que sus precios han caído dramáticamente. Su presidente, Vladimir Putin, ya advirtió a los rusos que habrá austeridad ya que el Gobierno será incapaz de ofrecer los beneficios por transferencias que proporcionó en los últimos años.

El riesgo geopolítico proviene de la creciente dependencia de Putin de la acción militar en el extranjero –en Ucrania y ahora en Siria– para mantener su popularidad interna haciendo uso de los medios locales de difusión (casi completamente bajo control del Kremlin) para ensalzar la importancia mundial de Rusia. Rusia también usa sus exportaciones de gas a Europa Occidental y Turquía como arma económica, aunque la reciente decisión turca de comprar gas a Israel pone de relieve los límites de esta estrategia. Mientras Putin responde a este y otros desafíos, Rusia continuará siendo una fuente de incertidumbre significativa para el resto del mundo.

China aún es un país pobre: su PIB per cápita es aproximadamente un cuarto del estadounidense en términos de paridad del poder adquisitivo (PPA). Pero como su población es cuatro veces mayor, su PIB total equivale al de EE. UU. (en términos de PPA). Y es el PIB total lo que determina la capacidad de un país para ampliar su poderío militar, ofrecer un mercado estratégicamente significativo para las exportaciones de otros países y ofrecer ayuda a otras partes del mundo. China está haciendo todas esas cosas a una escala acorde a su PIB. Aún con las tasas de crecimiento más moderadas proyectadas para el futuro, el crecimiento del PIB chino será mayor que el de EE. UU. o Europa.

China ahora está ampliando su alcance estratégico. Está reivindicando sus derechos marítimos en los mares de China Oriental y de China Meridional, que entran en conflicto con los reclamos de otros países en la región (entre ellos, Japón, Filipinas y Vietnam). En especial, China se apoya en la llamada “línea de los nueve puntos” (creada inicialmente por Taiwán en 1947) para justificar su reclamo por el mar de China Meridional, donde ha creado islas artificiales y afirmado su soberanía sobre las aguas que las rodean. EE. UU. describe la política china como “negación de área antiacceso”: un esfuerzo para mantener a la marina estadounidense alejada del continente chino y, por lo tanto, de las costas de los aliados estadounidenses en la región.

También está ampliando su influencia geopolítica a través de iniciativas como el Banco Asiático de Inversión para Infraestructura, programas de asistencia en África y su plan “Un cinturón y un camino” para establecer vínculos marítimos y territoriales a través del Océano Índico y Asia Central, que se extenderán para llegar incluso hasta Europa. Los actuales líderes políticos chinos desean una relación pacífica de cooperación con EE. UU. y otros países occidentales. Pero una mirada hacia el futuro muestra que el desafío para EE. UU. y sus aliados será evitar que las generaciones futuras de líderes chinos adopten políticas que amenacen a Occidente.

Los otros dos

En Oriente Medio, gran parte de la atención del mundo se ha centrado en la amenaza que plantea ISIS a las poblaciones civiles en todo el planeta, incluidos Europa y Estados Unidos. El mayor problema en la región es el conflicto entre los musulmanes chiitas y los suníes, un cisma que se han mantenido durante más de un milenio. La mayor parte de ese tiempo y en la mayoría de los lugares los chiitas han sido discriminados –y a menudo enfrentaron violencia letal– por parte de los suníes.

Por lo tanto, Arabia Saudí y otros estados del Golfo con líderes suníes perciben a Irán, la potencia regional chiita como su archienemigo estratégico. Arabia Saudí, en especial, teme que Irán decida ajustar viejas cuentas e intente trasladar la custodia de los sitios islámicos sagrados en La Meca y Medina a control chiita. Un conflicto entre Arabia Saudí e Irán también implicaría una lucha por las vastas riquezas petrolíferas de la península arábiga y la enorme riqueza financiera de los pequeños estados suníes como Kuwait y Catar.

La última de las fuentes de riesgo, el ciberespacio, puede llegar a eclipsar dentro de poco a todas las demás, porque las fronteras y los ejércitos no tienen forma de limitarlo. Las amenazas incluyen los ataques de denegación de servicio a bancos y otras instituciones; el acceso no autorizado a registros personales en los bancos, empresas aseguradoras y agencias gubernamentales; y el espionaje industrial. De hecho, el robo generalizado de tecnología a empresas estadounidenses llevó a un reciente acuerdo entre China y EE. UU. para garantizar que ninguno de sus gobiernos proveerán asistencia para el robo de tecnología para beneficiar a las empresas de sus países.

Estos son temas importantes, pero no tan graves como la amenaza que presentan los programas malignos o malware a la infraestructura crítica: redes eléctricas, sistemas de tráfico aéreo, oleoductos, provisión de agua, plataformas financieras, etc. Casos recientes de malware se han atribuido a China, Irán, Rusia y Corea del Norte. Pero no es necesario que en eso participen los Estados, las personas y los actores no estatales podrían hacer uso de programas malignos contratando el talento necesario en el mercado clandestino internacional.

Las armas cibernéticas son relativamente baratas (y, por lo tanto, de fácil acceso) y capaces de llegar a todo el mundo. Son las armas preferidas del futuro para atacar o extorsionar a un adversario. Y aún carecemos de la capacidad para bloquear esos ataques o identificar sus fuentes inequívocamente.

Estas cuatro fuentes de riesgo constituyen un conjunto de desafío geopolíticos inusualmente grave. Al destacarlos no pretendo minimizar la importancia de otras cuestiones –como la política monetaria estadounidense, los bajos precios de las materias primas, las crisis de la deuda, etc.– que probablemente afectarán a la economía mundial el próximo año. Lo especial de estas amenazas provenientes de Rusia, China, Oriente Medio y el ciberespacio es que persistirán y amenazarán nuestro futuro económico durante muchos años.

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