Opinión: Tres términos obligatorios


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Obligatorio es para ministros (en particular, los de Trabajo, Comercio Exterior, Planificación y Educación Pública), para el presidente del Banco Central, así como para los líderes políticos, sindicales y de asociaciones solidaristas, conocer el significado de los términos outsourcing , offshoring , reshoring . Y una vez que lo conozcan, más importante aún es que se mantengan al día con las tendencias mundiales en la materia y con las enseñanzas que, para efecto de políticas públicas, de ellas se derivan.

Outsourcing , conocido en castellano como tercerización, designa la compra que a terceros las empresas hacen de bienes y servicios necesarios para su proceso productivo. Las compras van desde tornillos y empaques, hasta productos intermedios muy elaborados, pasando por servicios de contabilidad, atención al cliente y seguridad. Una empresa recurre a la tercerización si y solo si lo comprado afuera le resulta más barato que producirlo internamente y su calidad no es inferior a la que ella es capaz de imprimirle.

La tercerización puede ser con empresas domiciliadas en el mismo país o en el extranjero. Costa Rica, por ejemplo, suple variados servicios de tercerización al extranjero y muchos jóvenes tienen empleo en empresas que pueden considerarse “exportadores indirectos”.

El término offshoring designa el traslado de parte de la empresa a otro país, donde los costos y calidad le son favorables, para producir allí algunos componentes de su cadena de valor. En el offshoring no media relación con terceros y siempre se lleva a cabo en el exterior. El ideal, decía un sagaz empresario, es tener las fábricas montadas en una barcaza y transportarlas rápidamente al país donde la combinación de bajo costo y alta calidad sea la más favorable.

El outsourcing y el offshoring ofrecen enormes ventajas sociales. Por un lado, sirven para abaratar los costos de producción de las empresas, lo cual favorece su supervivencia en un mundo altamente competitivo y contribuye a bajar el precio de los bienes y servicios finales. También generan empleos y conocimiento ( know-how ) en otros países, lo que coadyuva al bienestar social, aumenta el poder de compra de su gente y, por tanto, el poder importador. Todo eso explica por qué dichos fenómenos se tornaran tan populares con la globalización.

Sin embargo, donde hay rosas hay espinas: los líderes sindicales de los países donde están domiciliadas empresas que recurren a esos mecanismos los ven con malos ojos, pues los consideran “exportación de puestos de trabajo”. Y más cuando sus niveles de desempleo interno son altos, como es actualmente el caso en España, Grecia y los Estados Unidos. (No se dan cuenta, quizá, que de no poder las empresas competir a nivel mundial tendrán que cerrar del todo y hasta el core laboral de su casa matriz perderá su empleo).

También el dividir mucho la cadena de valor (unas partes vienen de Tailandia, otras de Vietnam, otras de Costa Rica, otras de...) aumenta el riesgo de producción, pues con una sola que falle se rompe la cadena. Además, si se trata de productos intermedios de baja densidad de valor (i.e., muy voluminosos o pesados y de bajo costo), que deben ser transportados por mar, el periodo de producción se amplía y el costo de transporte se come parte de las ventajas salariales.

De vuelta a casa

Paso ahora a comentar el tercer término del título, el reshoring , fenómeno que cobra creciente importancia y que designa al proceso inverso al offshoring : la traída a casa de partes del proceso productivo que antes tuvieron lugar en otros países y, por ende, de los empleos que migraron a ellos. Este fenómeno es de esperar que ocurra cuando lo que justificó el movimiento inicial (i.e., “arbitraje de costos” explicado por bajos salarios, estabilidad política, etc.) comienza a deteriorarse. En efecto, los salarios en China, Indonesia, Filipinas y otros países del Tercer Mundo han experimentado en los últimos años incrementos muy por encima de los que se han dado en Alemania o los Estados Unidos. Eso y la creciente robotización de procesos productivos han estimulado el reshoring . Asimismo, el haber dividido en muchas partes la cadena de producción expuso a las empresas de los países avanzados a demoras en la entrega, pérdida del vínculo producción e investigación (R&D), y hasta de secretos productivos. El estar cerca de los mercados de productos finales representa un beneficio en sí mismo. Además, la traída de puestos de trabajo tiene un enorme appeal político. Cuando las ventajas iniciales de la tercerización y del traslado al exterior de fábricas se comenzaron a perder, la corriente empezó a moverse en el otro sentido.

¿Qué deben hacer los países para que la barca del outsourcing y el offshoring permanezca fielmente anclada a sus puertos? Por un lado, los aumentos de sueldos y cargas sociales no deben ser desproporcionados y desvinculados de la productividad de la fuerza laboral. La infraestructura básica (e.g., carreteras, puertos, servicios de telecomunicación y energía) debe ser de calidad. También la estabilidad social ha de ser la regla. Un tipo de cambio desajustado (que no compense los incrementos en costos locales) ciertamente actúa como un desestímulo. Pero, como es bien sabido, al empresario no le interesa la variable salario, sino la productividad (que es lo que el trabajador produce, en calidad y cantidad, a cambio de su paga). Por ende, la calidad de la mano de obra, que puede considerarse derivada de la calidad de la educación, es importantísima para retener inversión extranjera y continuar vendiendo servicios de tercerización al resto del mundo. Costa Rica optó por no competir con salarios de hambre, pero sí con mano de obra de calidad, lo cual está bien. Debe asegurarse que en la práctica así sea.

Una extensa investigación empírica de estas tendencias, que me sirvió de inspiración para escribir este artículo, fue publicado por la revista The Economist en su número del 19 de enero del 2013. Recomiendo a las autoridades citadas arriba que la estudien, pues poco hay más chúcaro en el mundo económico que la inversión extranjera. Hay demasiado en juego como para no prestarle atención a esto.

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