El crecimiento incompleto en China


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Beijing. El crecimiento económico de China se ha venido desacelerando durante seis años, mucho más de lo esperado. Ansiosos por frenar la caída, funcionarios del Gobierno y economistas chinos han buscado, desesperadamente, una explicación clara que apuntase a una respuesta efectiva en materia de políticas. Y, en noviembre pasado, oficialmente le echaron la culpa a deficiencias del lado de la oferta a largo plazo, de las que prometieron ocuparse con reformas estructurales de amplio alcance.

Sin embargo, si bien se debería aplaudir a las autoridades chinas por su compromiso con la implementación de reformas estructurales dolorosas –y extremadamente necesarias–, el foco en el lado de la oferta ignora en gran medida el presente. China enfrenta dos desafíos diferentes: la cuestión de largo plazo de una caída de la tasa de crecimiento potencial y el inmediato problema de un crecimiento real por debajo del potencial.

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Entre los factores de largo plazo que minan el crecimiento potencial están los rendimientos a escala menguantes, una creciente brecha de ingresos y una esfera en contracción para el desarrollo tecnológico a través de la imitación. Es más, si bien el dividendo demográfico del país se disuelve, su capacidad de sustentación (el tamaño de la población que el medio ambiente puede sustentar) se está extenuando, una situación a la que los altos niveles de contaminación ciertamente no ayudan. Para concluir, siendo el dato más importante, el país sufre un progreso inadecuado en cuanto a una reforma orientada hacia el mercado.

Si bien algunos de estos factores son irreversibles, otros se pueden abordar de manera efectiva. Y, de hecho, la estrategia de reforma del lado de la oferta del Gobierno implicará un avance importante en este sentido, estabilizando y hasta aumentando en definitiva el potencial de crecimiento de China. Pero, contrariamente a la opinión generalizada, no impulsará la tasa de crecimiento real de China hoy.

¿Por qué tantos economistas están convencidos de que una estrategia de reforma a largo plazo es todo lo que China necesita? Una razón es la idea muy extendida de que la sobrecapacidad de hoy refleja problemas del lado de la oferta, no una demanda insuficiente. Según esta visión, China debería implementar políticas como recortes impositivos para alentar a las empresas a generar productos para los cuales haya una demanda genuina. De esa manera, el Gobierno no sustentaría involuntariamente a “empresas zombis” que no pueden sobrevivir sin créditos bancarios y respaldo de los gobiernos locales.

Ahora bien, solo parte de la sobrecapacidad de China se puede atribuir a malas decisiones de inversión. Un alto porcentaje ha sido consecuencia de una falta de demanda efectiva. Y eso, al menos en parte, es el resultado del esfuerzo del Gobierno por moderar la inversión inmobiliaria, lo que hizo que el crecimiento anual del sector se desplomara, derrumbándose del 38% en 2010 al 1% a fines de 2015.

La cuestión inmobiliaria

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La inversión inmobiliaria todavía representaba más del 14% del PIB el año pasado, con lo cual el crecimiento en picada del sector ha ejercido una considerable presión bajista en la economía en general, lo que ayudó a hundir a China en una espiral de deuda-deflación. Como la sobrecapacidad hace bajar el índice de precios del productor –que viene cayendo durante 51 meses consecutivos–, la deuda real aumenta. Esto mina la rentabilidad corporativa, incitando a las empresas a desapalancarse y reducir la inversión, y alimentando mayores caídas del IPP.

La importancia perdurable de la inversión inmobiliaria para el crecimiento económico de China se refleja en las tendencias del primer trimestre de este año. El crecimiento anual del PIB de 6,7%, a pesar de ser la tasa más lenta en cualquier trimestre en siete años, superó las expectativas del mercado. Y fue impulsado en parte por un incremento imprevisto del crecimiento de la inversión inmobiliaria al 6%.

Esto no quiere decir que lo que China necesita sea una mayor inversión inmobiliaria. Según la Oficina Nacional de Estadísticas, China tenía 718 millones de metros cuadrados de espacio comercial y residencial sin vender a fines de 2015; cuando se tiene en cuenta el espacio en construcción, el stock se expande a más de 5.000 millones de metros cuadrados. Con un promedio de apenas 1.200 millones de metros cuadrados de viviendas que se venden cada año, la mejor manera de reducir este exceso de oferta es evidente: limitar la construcción futura. Una de las razones más importantes para la reciente explosión de la inversión fue una liquidez abundante que motivó una demanda especulativa, y eso prácticamente es insostenible.

Sin embargo, no toda la inversión se crea de la misma manera. La inversión en infraestructura, en particular, bien puede ser la clave para afrontar las dificultades económicas de China. Después de todo, esa inversión, que creció a 19,6% en el primer trimestre de 2016, ya demostró ser un motor crítico de crecimiento económico y, a diferencia de la inversión inmobiliaria, no ha empeorado la distribución de recursos de China ni ha preparado el escenario para desequilibrios importantes.

En un periodo de inactividad económica, la única manera de escapar de la trampa deuda-deflación es crecer fuertemente. Considerando que China está agobiada de deudas importantes de los gobiernos locales y las empresas, pero también goza de importantes ahorros internos y una fuerte posición fiscal, este mensaje no podría ser más pertinente. En un mundo ideal, el consumo interno serviría como el principal motor de crecimiento; bajo las circunstancias actuales, la inversión en infraestructura es la opción más confiable.

En el corto plazo, cuando la sobrecapacidad y la deflación son los obstáculos principales, la inversión en infraestructura impulsa el crecimiento a través del lado de la demanda de la economía. En el largo plazo, opera a través del lado de la oferta para impulsar la productividad y así aumentar el potencial de crecimiento. China puede financiar esta inversión con déficits fiscales, dada la fuerte demanda de bonos del Gobierno. Y, considerando que los principales bancos de China todavía son de propiedad del Estado, y que todavía existen controles de capital, el riesgo de una inminente crisis financiera es muy bajo.

Por supuesto, el Gobierno de China debe cumplir con su compromiso de implementar reformas estructurales. Pero la inversión en infraestructura también es muy necesaria, no solo para impedir que la economía siga cayendo, sino también para permitirle a China generar el crecimiento sostenido de largo plazo que le hace falta para alcanzar el estatus de país desarrollado.

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