Por: Constantino Urcuyo 6 julio, 2013

Costa Rica se ubica en el quinto lugar, entre un total de 132 naciones, del Índice de Desempeño Ambiental que cada año publica la Universidad de Yale ( www.epi.yale.edu ).

Esta pareciera ser una excelente noticia.

Sin embargo, cuando se analiza la tendencia que establece el desempeño acumulado en la última década, nuestro país aparece en la posición número 113, lo que indica que aunque nuestra situación actual es muy buena, nuestro futuro será peor.

En las variables de salud ambiental el país se desempeña bastante bien y las tendencias de los últimos diez años son también buenas.

Pero cuando se analiza la vitalidad de los ecosistemas, el desempeño actual varía de bueno a débil y las tendencias son malas.

Nuestras tendencias de biodiversidad y agricultura son estables, pero nuestro manejo del bosque es ligeramente malo, el manejo de las pesquerías es deficiente, y el manejo del cambio climático y de los recursos hídricos es pésimo.

Una tendencia similar se reportó hace unos días en términos del progreso social.

Vivimos de los réditos de nuestros buenos gobiernos y políticas sociales y ambientales del pasado; pero en tiempos recientes, en uno y otro campo venimos en un franco y peligroso declive.

La falta de medidas de desempeño adecuadas, o la falta de voluntad de utilizar las que existen, causan que nuestro enfoque de desarrollo sea “economicista”, en vez de estar orientado con el mismo énfasis al progreso social y a la sostenibilidad ambiental.

Si a esto le sumamos la ingobernabilidad que nos impide tomar decisiones de manera eficaz e implementarlas de manera eficiente, parece inevitable que Costa Rica seguirá su constante declive.

Mientras tanto, las naciones con las que competíamos en la región —Panamá, Uruguay y Chile, por ejemplo— han despegado hacia el desarrollo.

¿Hasta cuándo, Costa Rica? ¿Hasta cuándo?