Por: Constantino Urcuyo 19 julio, 2014

El Frente Amplio le ha pedido a la administración Solís Rivera retomar el proceso de incorporar de Costa Rica a PetroCaribe.

Se trata de una organización por medio de la cual el Gobierno de Venezuela presta dinero a las naciones miembro, lo que eventualmente le da una “palanca de influencia” sobre su política económica y un canal para inmiscuirse en el desarrollo nacional.

El petróleo no será más barato, sino que se lo estaremos cargando como deuda a nuestro país.

La gran pregunta es si ese dinero generará el crecimiento marginal de la economía que permitiría pagar esa deuda sin que se convierta en una carga injusta para las siguientes generaciones.

Evitar esto implicaría usarlo para financiar inversiones en productividad agregada y no gastarlo en una agenda populista, como ha sido el caso en otras naciones.

Al mismo tiempo la fracción del Frente Amplio ha anunciado su asistencia al 35 aniversario de la revolución sandinista. Una señal de apoyo y amistad para el régimen de Managua.

Estas son solo las últimas señales que han dado de su intención de abrirle paso en nuestro espectro político a la influencia del llamado movimiento bolivariano, caracterizado por el desmantelamiento de instituciones, el populismo, la corrupción y, en el caso de Venezuela, la destrucción de su aparato productivo.

Este rápido giro del Frente Amplio hacia regímenes representativos de una cultura que limita la democracia y la libertad y de clara tendencia intervencionista es preocupante y no debe pasar desapercibida.

Solo queda esperar que el presidente Luis Guillermo Solís, ya retado por el mismo Frente Amplio y aliados sindicales en los albores de su gestión, no caiga en la tentación de dejarse desviar del prometedor camino que ha empezado a trazar y rechace estos intentos de incrementar la influencia de este movimiento sobre su gobierno.

Dime con quién andas y te diré quién eres.