Por:  9 julio, 2016

¿Se imaginan tener la posibilidad de ingresar a un grupo con los mejores países –en indicadores macroeconómicos– de América Latina? Esta oportunidad de oro se llama Alianza del Pacífico (AdP), y nuestro país la ha desaprovechado desde febrero del 2014, cuando se firmó la declaración para iniciar el proceso de adhesión de Costa Rica a la Alianza.

La AdP es una iniciativa de integración regional creada en el 2011 y está conformada por Chile, Colombia, México y Perú. Entre sus principales objetivos se encuentran construir un área de integración profunda para avanzar hacia la libre circulación de bienes, servicios y capitales; e impulsar un mayor crecimiento, desarrollo económico y competitividad de las economías.

A la recién pasada XI cumbre de la Alianza, Costa Rica no llevó una posición definida, retrasando aún más el proceso de adhesión de Costa Rica. Es difícil entender por qué el presidente Solís se ha tardado tanto tiempo en tomar tan importante decisión, cuando las ventajas de pertenecer a este grupo son innegables.

La AdP constituye la octava potencia económica y exportadora a nivel mundial. En América Latina y el Caribe, representa el 38% del PIB, concentra 50% del comercio total y atrae el 45% de la inversión extranjera directa.

Además de su potencial económico, constituye un mercado muy atractivo para nuestros productos, pues entre los cuatro países miembros concentran una población de 216 millones de personas, con un PIB per cápita promedio de $ 9.910.

Según la Konrad Adenauer, una Alianza profunda (más allá de la reducción arancelaria), mejoraría el ingreso real de Costa Rica en un 0,8% y el comercio con otros países aumentaría en todos los sectores gracias a la disminución de los costos.

Alianza del Pacífico es algo más que apertura comercial.

La agenda de trabajo de la AdP es muy extensa y no se limita al acceso a mercados o reducción arancelaria. En materia de facilitación del comercio, la Alianza impulsa buenas prácticas como la interoperabilidad de las Ventanillas Únicas, el reconocimiento mutuo de los Operadores Económicos Autorizados, y la cooperación aduanera y armonización de registros sanitarios, entre otros.

Lo anterior, significa una reducción de costos para aquellas empresas que tienen relaciones comerciales con estos mercados y que hoy día sufren con el exceso de burocracia presente en nuestro aparato estatal. Adicionalmente, mediante la generación de encadenamientos productivos, la AdP representa una oportunidad para las pymes.

También, la adhesión de Costa Rica se traduciría en mejoras para el consumidor, pues la AdP promueve el uso de medidas regulatorias en concordancia con las buenas prácticas , con el fin de evitar duplicidades y requerimientos innecesarios que se conviertan en obstáculos técnicos al comercio.

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