NUEVA OPORTUNIDAD

Fundación capacita a privados de libertad y los convierte en emprendedores

Una barbería, una empresa de bonsái, arreglo de portones y cultivo de verduras hidropónicas son algunas de las iniciativas que han surgido.


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Un curso en un aula universitaria puede ser determinante para moldear el pensamiento de una persona, hacerle tener una mejor visión del mundo y contribuir a que surja un emprendimiento.

Eso sucedió con Lauren Díaz Arias, una joven de 24 años, administradora de empresas y egresada de la licenciatura en Derecho de la Universidad de Costa Rica (UCR), quien hoy lidera la organización Nueva Oportunidad, dedicada a formar emprendedores en el Centro de Atención Institucional San Rafael, ubicado en Alajuela.

Cuando llevó el curso de derecho penal en la UCR, con la profesora Liliana Rivera, esta introdujo a los estudiantes a la realidad que viven los privados de libertad. Como la docente era funcionaria del Ministerio de Justicia en ese entonces, los llevó a visitar una cárcel.

“Como profesora, nos habló de esa rama del Derecho a la que nadie le importaba. A nosotros nos importaba mucho el proceso penal, desde la acusación hasta la sentencia, pero nadie se preguntaba qué pasaba con ellos (con los privados de libertad)”, recordó la joven, originaria de Tilarán de Guanacaste.

Una visita que cambió todo

Algunas personas tienen la idea –originada de estereotipos, construcciones sociales y quizás de lo que enseñan las películas- de que un privado de libertad físicamente es una persona musculosa, alta, llena de tatuajes.

Pero eso no fue lo que encontró Díaz.

Asegura que quedó marcada con la visita: vio a gente de su edad y, contrario a sus expectativas, se encontró al “tico promedio”, a gente común, como usted y como yo.

Como Díaz también estudió administración de empresas, en la Universidad Nacional (UNA), tuvo que desarrollar un proyecto de emprendimiento para un curso.

¿Adivine qué se le ocurrió?

Aquella “espinita” que le había quedado al visitar la cárcel tomó forma.

Luego de hacer una pequeña investigación, en el 2011, se dio cuenta de que uno de los mayores temores de la población en las cárceles es que, al salir del sistema, no encuentren trabajo.

Por ello, plantearon la idea de capacitarlos y enseñarles la cultura emprendedora, para que al abandonar la cárcel trabajen en su propio negocio.

Díaz siempre vio la necesidad de que alguien hiciera algo para ayudar a esta población, hasta que su profesor de la UNA y mentor, José Manuel Núñez, la enfrentó y le dijo: “Lauren, esto es algo que se puede hacer y, si se puede hacer, hágalo usted”.

Luego de esto, Díaz le planteó la idea a varios compañeros de Derecho y se sentaron a buscar aliados.

Pero, no los encontraban, no había quién financiara la idea.

Seamos realistas: muchas empresas se apuntan a causas nobles, que son de cierta forma tradicionales: ayuda a niños, a adultos mayores, a personas que viven en pobreza, a enfermos. Pero, ¿trabajar con privados de libertad? No, muchas gracias.

Existe un temor –justificado o no- de que un proyecto como este puede dañar la imagen de una empresa, porque se trabaja con gente dañada y que ha dañado a otros.

Pero, ¿acaso no todos merecen una 'nueva oportunidad'? Díaz y sus compañeros no podían esperar más a que alguien les tendiera la mano, así que se lanzaron solos, con pequeños aportes de varios conocidos.

Hoy día la fundación la conforman Díaz, Daisy Carvajal Gutiérrez, Keila Abrego Cubilla (todas ligadas al campo del Derecho) y Marta Correa Valverde (psicóloga).

El inicio de un sueño

En agosto del 2012 empezaron: dieron una inducción de cómo crear ideas de negocios a 200 privados de libertad. Luego, al final de ese año, seleccionaron a 10 de ellos, quienes plantearon sus proyectos, y terminaron con 7, pues dos desertaron del programa y, a la semana siguiente, uno de ellos fue liberado de prisión.

Todo el 2013 trabajaron con ellos y durante el 2014 capacitaron a diez privados de libertad más.

¿Cómo escogen quiénes serán capacitados? Según Díaz, se trabaja con privados de libertad involucrados, generalmente en delitos menores. Previamente, se les estudia.

No se escogen a delincuentes patológicos, sino a lo que Díaz llama “criminales de la pobreza”. Sin que ello justifique su actuar, existen personas que, a falta de oportunidades, encuentran en la delincuencia una salida fácil para paliar sus males.

Ese es el tipo de personas con las que más trabaja la fundación.

Programa

El programa busca empoderar a los privados de libertad y que ellos mismos desarrollen su idea de negocios. Muchos de ellos, ya tienen conocimientos en algún oficio, por lo que lo usan para desarrollar su empresa.

Cada semana reciben tres horas de capacitación. La iniciativa consiste en seis sesiones de cada uno de estos temas: espíritu emprendedor, generalidades de administración de empresas, mercadeo, finanzas y desarrollo humano. En total son 30 sesiones. Además, reciben terapia psicológica

¿Qué proyectos de negocio han surgido?

Creación de piezas de cerámica (adornos), ebanistería, arreglo de portones, una barbería, una panadería, trabajo en ventanería, cultivo de verduras hidropónicas y una empresa de bonsái (ver nota relacionada).

Algunos privados de libertad trabajan en la cárcel. Ese es el caso del barbero y de una persona muy hábil en el arreglo de portones.

Dentro de los planes de la fundación se encuentra trabajar con mujeres privadas de libertad, ir a otras provincias y crear una red de empleadores dispuestos a contratar a exconvictos.

Hay otro proyecto más ambicioso, a mediano plazo: crear su propio centro penal.

Su idea es recibir a privados de libertad de otras cárceles, quienes cumplan con ciertos requisitos, de manera que reciban ciertos beneficios y que estén en un régimen de confianza, más abierto.

Trabajaría bajo los principios de empoderamiento y desarrollo humano.

La próxima semana, Díaz viajará a San Francisco, Estados Unidos, a conocer un centro penal que trabaja con una metodología similar a la que desea implementar.

Una humanista galardonada

La pasión de esta administradora por ayudar a otros no nació en la universidad.

Se origina desde que tenía 15 años, cuando se fue a vivir sola a Heredia para culminar sus dos últimos años de secundaria en el Colegio Humanístico de la UNA.

“Siempre fui inquieta, como muy sedienta de algo más”, rememoró.

Su trabajo en la fundación le ha generado varios reconocimientos: el proyecto fue finalista de Talent and Innovation Competion of the Americas (TIC Americas) 2012 y allí ganó el premio “Favoritos de la Audiencia”. En el 2012 fue galardonada con el premo Yo Creo.

En ese mismo año, Díaz fue seleccionada como una de las 25 jóvenes más innovadoras de América por parte de BID Juventud, del Banco Interamericano de Integración Económica.

Recientemente, Díaz fue escogida como emprendedora social de Ashoka México y Centroamérica, una organización de la sociedad civil con presencia en 70 países y que apoya a emprendedores sociales.