MUJER EMPRENDEDORA

Ella convirtió su deseo de independencia económica en un negocio pujante

Mirley Fernández inició vendiendo sus productos en la feria del agricultor, hoy los vende en Walmart y en carnicerías y comercios de Heredia.


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Mirley Fernández González creció en un entorno de pobreza y de dificultades, por lo que no tuvo la oportunidad de estudiar, tanto así que solo logró concluir la primaria.

Sin embargo, eso no fue un impedimento para empezar a levantar, con mucho esfuerzo, su propio negocio de chileras, escabeches y otros productos, los cuales hoy vende en los supermercados Walmart y en carnicerías y comercios de Heredia

Pero, el proceso para llegar hasta ahí no fue fácil, estuvo plagado de errores, de lágrimas y de tropiezos.

Gran parte de su vida, Fernández se ha dedicado a atender a su familia: a su esposo y a sus cinco hijos; tres de ellos ya no viven con ella, pues se casaron.

Si bien esa área le ha traído satisfacción y alegrías, no era suficiente: ella quería contar con su propio trabajo y tener independencia económica. Hasta hace cinco años, su esposo era quien se dedicaba a trabajar, mientras ella vivía consagrada al hogar.

Aunque asegura que nunca le faltó nada y no tenía necesidad de laborar, no sentía que tenía la libertad total para decidir qué comprar, pues asegura que su esposo siempre ha ejercido "control" en la parte económica.

“No me sentía realizada como persona. Siempre busqué la forma de hacer algo en lo que me sintiera productiva y algo que proveyera para mí, tener dinero para mis cosas, no tener que depender de mi esposo, estarle pidiendo a él para todo. Me sentía impotente. Hice muchas cosas para tratar de salir de esa dependencia (financiera) a mi esposo”, dijo Fernández.

Ese fue uno de los tantos factores que la impulsaron a crear su negocio.

El camino hacia su independencia

En octubre del 2009, decidió que las cosas debían cambiar y empezó a preparar chileras (con verduras) para vendérselas a sus vecinos.

El éxito de su producto fue tal que sus vecinos le sugirieron venderlo en la feria del agricultor, en San Rafael de Heredia.

Ella llegó muy contenta a la feria, pero ‘chocó contra una pared’: le advirtieron que sus productos debían contar con etiquetas y que, además, era necesario tener permisos de salud y cumplir con otros requisitos.

Ahí Fernández se percató que tener una empresa no iba a ser algo sencillo, había muchos trámites por cumplir.

Pero, decidió dar el paso e iniciar las gestiones y empezó a vender en la feria.

Fernández recuerda que su propio esposo no la apoyó en el proyecto e, incluso, le ‘serruchaba el piso’.

Pero, afortunadamente, ella no lo escuchó y continuó con su idea, hasta que nació oficialmente Pican Ticas, nombre que le puso a su producto luego de meditar bastante y pasar la noche en vela.

El nombre del producto no solo tiene relación con los chiles, sino con algo nacional (ticas), pues Fernández asegura estar muy orgullosa del país. Precisamente, el logo de la empresa tiene dos figuras de chiles agarrados de la mano con traje típico.

“Le pedí a Dios que me iluminara, que necesitaba un nombre bonito, llamativo, que fuera de la mano con lo que hacía. Una madrugada me desperté y resonaban las palabras 'picante' y 'ticas'. Y dije, qué lindo: Pican Ticas”, rememoró Fernández.

Ingreso a supermercados

Pocos meses después, a la empresaria le entró el deseo de colocar su producto en los supermercados. 

En un inicio, su idea era estar en un Más X Menos. Así que, en el 2010, llamó a dicha empresa, pero le dijeron que contactara a los personeros de Walmart.

Llamó y la invitaron a participar en una rueda de negocios en la que ofreció su producto.

A la empresa le gustó tanto que le encargaron 60 cajas con 24 unidades por caja, cosa que para Fernández era descomunal, pues lo máximo que llevaba a la feria eran 20 unidades de producto.

No obstante, aceptó el reto y acondicionó un rancho que había en su casa para eventos sociales y, con la ayuda de su hermano y de su hija, cumplió con la entrega.

Pero, hubo un infortunio. Fernández se dio cuenta que su producto se ponía malo muy rápido, pues no era lo mismo venderle a los vecinos o en una feria en la que el alimento se compra de una vez que colocar el producto en un comercio muy grande.

Dada esta situación, la empresaria recuerda que tuvo muchas pérdidas. Por ello, se dio cuenta que debía recibir capacitación para elaborar su producto de una manera más profesional.

Se inscribió en el Instituto Nacional de Aprendizaje para capacitarse y, además, solicitó un préstamo en Fundecooperación para el Desarrollo Sostenible.

Cinco años después, las chileras (fuertes o suaves) y el escabeche en salsa se venden en todos los supermercados Walmart del país, mientras que la salsa de tomate, vinagre, pepinillos agridulces y salsa brava los comercializa en carnicerías y comercios de Heredia.

Su meta es introducir estos otros productos también en dicho supermercado, pero está en el proceso de añadirles el código de barras.

Fernández, de 47 años, sueña con tener un terreno propio y levantar una planta de procesamiento de sus productos, ojalá en Cartago (dice que esa zona es ideal, ya que ahí se producen muchos de los insumos que utiliza) y contratar a más empleados.

Asimismo, pretende abaratar costos, de manera que pueda ofrecer su producto en otros supermercados como Palí y extenderse hacia otras provincias.

Fernández cuenta que ahora su esposo ha tenido que reconocer que el proyecto es bueno, funcional.

“Mi esposo ha cambiado mucho su manera de pensar sobre el proyecto. Él veía las pérdidas tan grandes que teníamos y que tenía que conseguir platas prestadas, porque no podía contar con él, para nada. Ahora, más bien, él me dice: 'Si necesita para algo y yo puedo ayudarle, yo le ayudo'. Él cambió su mentalidad”, aseguró.