Alina Leiva, Rodolfo Morales y Wálter Prado crearon Diká, un emprendimiento que busca aprovechar la madera de pejibaye proveniente de plantaciones en renovación para la elaboración de muebles y objetos decorativos de lujo

Por: Joanna Nelson Ulloa 21 diciembre, 2013
Wálter Prado, Alina Leiva y Rodolfo Morales están al frente del proyecto Diká.
Wálter Prado, Alina Leiva y Rodolfo Morales están al frente del proyecto Diká.

“Los indígenas llamaban al pejibaye Diká, la palma de los dioses. Aprovechaban la planta de diferentes maneras: se comían el fruto, se hacía chicha, con su madera se construían arcos, lanzas y flechas, y hasta se usaban las hojas para alimentar a los animales”, asegura Wálter Prado, agricultor y comerciante de Tucurrique, de Cartago, que ahora impulsa, junto con Rodolfo Morales y Alina Leiva, el proyecto Diká.

Diká es un emprendimiento que busca aprovechar la madera de pejibaye proveniente de plantaciones en renovación para la elaboración de muebles y objetos decorativos de lujo.

Lo original e innovativo del proyecto, además de su potencial crecimiento e impacto en aspectos ecológicos y sociales de la comunidad de Tucurrique, contribuyeron a que Diká se posicionara como ganador del concurso Yo Emprendedor en el 2013, en la categoría con fines de lucro.

Entre las creaciones actuales está un frutero para adornar su casa
Entre las creaciones actuales está un frutero para adornar su casa

Según explica Alina Leiva, Ingeniera en Diseño Industrial quien se encarga de la parte comercial y de gerencia, el proyecto tiene varias aristas: provechar un material ecológico, mejorar la competitividad de los productores de la zona y generar más empleos en la comunidad, especialmente para jóvenes y mujeres.

“Después de unos 25 años, las palmas crecen muy altas, entonces le cuesta mucho a los agricultores recolectar los pejibayes, además que la calidad del pejibaye disminuye”, explica Leiva. Por eso, los árboles son renovados y ellos los utilizan como materia prima para sus creaciones.

De acuerdo con estimaciones de grupo, se pueden sacar cerca de 3.000 árboles por año en renovaciones. No solo por la altura y calidad sino por otras circunstancias como el clima y enfermedades, “en cada hectárea se pierden entre 15 y 20 árboles por año”, calcula Prado. Ellos afirman que no se talará ni un solo árbol para elaborar sus productos.

Marco de madera de pejibaye para un espejo.
Marco de madera de pejibaye para un espejo.
Trabajando por la comunidad.

Diká planea recolectar los árboles de los productores de la zona. Por cada árbol caído o en renovación que recolecte el grupo, lo intercambiará con una planta nueva de su vivero.

La idea es aprovechar un material que de lo contrario sería un desecho, a través de objetos y muebles con diseño innovador y de alta calidad.

“La madera de pejibaye es muy fuerte. De hecho el Tecnológico (ITCR) hizo un estudio donde la compara con hierro de construcción”, dice Rodolfo Morales, un apasionado del diseño quien ha trabajo en ebanistería desde hace más de 30 años, trabajando específicamente con madera de pejibaye desde hace casi dos décadas.

Según confiesa Morales, trabajar con este material tan duro es todo un arte. “Se debe trabajar con máquinas especiales”, asegura.

La idea original surgió de él, cuando vio la resistencia de un arco indígena hecho con esta madera, y empezó a trabajar diferentes objetos. A través de los años ha ido perfeccionando la técnica e incluso moviendo su taller por diferentes partes del país.

Hoy en día, el taller donde se hacen los objetos se ubica en Tucurrique de Cartago, cerca de las plantaciones, y emplea a unas tres personas además de los fundadores.

Como reitera Leiva, la generación de empleo en la zona es muy importante para ellos, pues en Tucurrique cerca del 40% de los jóvenes en edad productiva están desempleados.

Proyecciones y dificultades.

Por ahora, se han enfocado en confeccionar objetos decorativos con un precio accesible (de máximo unos 20.000 colones), comercializándose en la feria de Tucurrique y por encargo, pero el grupo espera crecer el año que viene para poder confeccionar muebles.

Sin embargo, para ello necesitan aumentar el tamaño del taller, afirma Morales, necesidad que ha estado limitada por dificultad de financiamiento.

De hecho, Leiva resalta el financiamiento como una de los obstáculos más grandes para Diká. “Contamos con conocimiento, materia prima, tenemos infraestructura y maquinaria pero financiamiento para capital de trabajo”, dice.

El próximo año, Diká espera incursionar más fuertemente en el mercado nacional, haciendo negociaciones con tiendas que vendan a un nicho de cliente que valoran los productos de madera de calidad y la producción sostenible y local.