La innovación es un proceso que no debería terminar, si quiere sobrevivir.

Por: Joanna Nelson Ulloa 28 julio, 2016
Para innovar, primero, hay que identificar y delimitar un problema a resolver.
Para innovar, primero, hay que identificar y delimitar un problema a resolver.

No se trata de un secreto. Basta con darse una vuelta por los comercios: de un mismo producto se pueden encontrar numerosas versiones en términos de calidad, tamaños, formas, colores y costos.

¿Qué factores juegan para que el consumidor tome la decisión final de elegir su producto y no el de la competencia?

Muchos, los cuales variarán según los valores de cada persona: algunos le darán prioridad al precio; otros se fijarán en la utilidad del bien por adquirir, algunos incluso comprarán basados en aspectos como el trato del vendedor.

No existe una respuesta absoluta.

Sin embargo, si el cliente se topa con un producto o servicio diferenciado, que no encaje con lo ya existente y que despierte su interés, dada su originalidad y eficacia, es más probable que esa creación salga favorecida al momento de decidir qué se adquiere.

¿Cómo generar un producto o servicio novedoso?

Un primer paso es determinar el problema por resolver (el vacío que hay que llenar), definir a su público meta y adentrarse en su mente para otorgarle soluciones a su medida.

Marianela Cortés, directora de la Unidad de gestión y transferencia del conocimiento para la Innovación (Proinnova) de la Universidad de Costa Rica, mencionó que se debe tener muy claro qué es lo que espera el consumidor y sus necesidades, deseos y hasta 'dolores'.

Esto permitirá a los negocios ofrecer algo que sea novedoso y que les aporte valor a las personas.

Un aspecto que no debe faltar es la investigación: realizar estudios para darse cuenta si la idea de negocio es realmente diferente a otras propuestas.

"Revisar datos comerciales, la información científica (bases de datos científicos) y tecnológica (bases de datos de patentes) permite contrastar nuestra idea contra lo que existe", recomendó Cortés.

Una vez recopilada esa información, podrá tomar decisiones estratégicas de cómo convertir su planteamiento en una empresa hecha y derecha.

Eso sí, antes de lanzar su producto, interactúe con el mercado para verificar si su plan realmente tendrá cabida.

Un proceso que no acaba

Una vez que su producto o servicio novedoso ingresó al mercado y empezó a alcanzar clientes, no se descuide.

Para mantenerse a flote en un terreno que suele ser muy competitivo, hasta a veces feroz, la innovación debe seguir siendo parte de él.

Luis Álvarez, director ejecutivo del Centro Iberoamericano de Emprendimiento e Innovación (CIEmprender), aconsejó mantener un mecanismo permanente de monitoreo sobre las necesidades de los clientes y las demandas del mercado.

Esto implica, de alguna manera, que nunca se tendrá un producto totalmente terminado, sino un prototipo en constante transformación y ajuste, señala Álvarez, quien también fue viceministro de Economía, Industria y Comercio.

"La muestra más clara y que aplica a todos los ámbitos de la producción, la tenemos en productos de tecnología de telecomunicaciones", dijo Álvarez. "Empresas como Apple, Samsung, Huawei, entre otras, están constantemente generando transformaciones a sus productos, incorporando valor para satisfacer las demandas cada vez más exigentes de sus clientes".

Cortés resaltó la importancia de identificar nuevos nichos y visualizar nuevos modelos de negocio.

Para ello, es fundamental propiciar una cultura de innovación dentro del negocio, de forma que los empleados aporten libremente sus ideas.

Otra alternativa son los procesos de innovación abierta (open innovation) en los que las empresas se nutren de las ideas de personas externas a la organización.

"Una vez capturadas las ideas deben pasar por un sistema que permita ir filtrando hasta llegar a proyectos con mayor potencial. Esto se logra a través de un sistema de gestión de la innovación", concluyó Cortés.

Etiquetado como: