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Cinco malas prácticas que debe desechar como jefe de su pyme

¿Es usted un jefe controlador, gritón, que más bien delega todo, o que no reconoce el esfuerzo de sus empleados?


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Parte de las tantas tareas que deben asumirse cuando se inicia una empresa propia es quitarse el sombrero de trabajador (que en algunos casos se venía llevando) y ponerse el de jefe.

En ese proceso de ajuste, y en algunos casos por la falta de capacitación, pueden llevarse a cabo malas prácticas, que tienen un efecto negativo sobre los trabajadores y el negocio en general.

Seguidamente, detallamos algunas de ellas con el fin de que analice si como líder de su pyme incurre en estas.

1-Querer controlarlo todo

Es positivo que un jefe conozca los diferentes aspectos de su empresa, pero eso no significa que deba manejarlo todo, ya que justamente la idea de contratar trabajadores debidamente capacitados es para delegar ciertas funciones y decisiones.

Pero, existen jefes que quieren saber cada detalle de lo que sucede en su empresa, de modo que pasan cuestionándole a los trabajadores qué están haciendo, cómo y por qué tomaron cierta decisión, sin darles la libertad para hacer su trabajo.

"Eso se conoce como micromanagement y es típico de ciertas personalidades. Es un error tratar de hacerlo todo, lo que pasa en esos casos es que se sobresatura él (el jefe) y desmotiva a su equipo", explicó Amado Sánchez, quien es abogado y coach empresarial de la empresa Dilectus.

En ciertos casos, ese control se convierte en una obsesión y hasta pasan vigilando cuántas veces va el trabajador al baño, cuánto dura almorzando, mandan correos y llaman al trabajador fuera de horas laborales, entre otras.

Esta situación puede llegar a convertirse en insoportable para el trabajador y lo motiva a presentar su renuncia, con lo que la empresa pierde a empleados valiosos. Aunado a ello, no es productivo que una sola persona se concentre en tomar las decisiones.

2-Desentenderse de sus responsabilidades

Contrario a la práctica anterior, en este caso el jefe toma una posición totalmente relajada, en la que más bien le recarga responsabilidades serias a uno o dos trabajadores, sin que precisamente estén capacitados para desempeñarlas.

Así, todo el peso de la organización recae sobre ellas y el jefe no asume su responsabilidad, no toma las riendas del negocio, lo que lo convierte en una figura prácticamente ausente.

Son los trabajadores los que deben dar la cara frente a situaciones difíciles y ante los clientes.

Un buen líder no se desentiende de su empresa, delega aquellas funciones que no le corresponden, pero sí conoce su ámbito de acción y trabaja en él.

3-Gritarle a los trabajadores e insultarlos

Llamarles la atención a los empleados por sus faltas o brindarles instrucciones es parte del trabajo y es necesario hacerlo sin ningún temor. No obstante, hay jefes que se exceden y llegan a los gritos e insultos.

Sin duda, este tipo de conducta afecta a los trabajadores.

Sánchez señala que es importante que el jefe esté dando realimentación a su equipo y puede recurrirse a “la regla tres a uno”: por cada corrección que se le hace al empleado, se deben señalar tres aspectos positivos de su desempeño.

Un mal líder le podría gritar a su trabajador: "¡Qué pereza con usted! Un cliente se quejó hoy de que no le resolvió su inquietud. ¿Pensó que no me iba a enterar? Dígame, ¿para qué le pago si no hace bien su trabajo? ¡Pellízquese o lo despido!".

Un buen líder, le dirá (utilizando la mencionada regla): "Usted es un trabajador detallista, puntual y perseverante, pero debe mejorar su trato y atención hacia los clientes. Uno de ellos planteó una queja hoy. Por favor, vuélvalo a contactar y bríndele una solución".

En el primer caso, los gritos y amenazas indispondrán al empleado.

En el segundo caso, si bien no se encubre lo sucedido y se le da una orden al trabajador, el mencionar sus cualidades positivas hará que el empleado reaccione de una manera diferente.  

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4-No estar empapado de la realidad de la empresa

Especialmente en las empresas más pequeñas es relevante conocer el funcionamiento del negocio, a sus trabajadores, cómo se relacionan internamente, quién hace qué, pues eso le ayudará a tomar mejores disposiciones.

Sin embargo, esto no siempre sucede. Muchas veces los empresarios deciden sin analizar el entorno empresarial. 

Por ejemplo, ascienden a los trabajadores menos capacitados, les asignan ciertas tareas a personas que tienen otras competencias, despiden a empleados que le aportaban mucho a la empresa.

Otro ejemplo es que no conocen a sus clientes, de manera que los lineamientos que establecen en temas de servicio al consumidor no siempre son atinados, por esa ignorancia.

No se trata de que el empleador conozca cada detalle, pero sí debe tener claro qué sucede dentro de su empresa y cómo opera, aunque sea de forma general.

5-No darle crédito al trabajador por su esfuerzo

Cuando un colaborador destaca o realiza un trabajo excepcional, ya sea que se le ocurre una buena idea que deja bien parada a la empresa o la hace generar más ganancias, es fundamental reconocer su esfuerzo.

Un mal jefe posiblemente pensará: "Ese es su trabajo. ¿Por qué tengo que agradecerle o decir algo?".

En algunos casos, hasta querrá llevarse el crédito por alguna interesante propuesta que no planteó él.

Un buen jefe entenderá que a los trabajadores hay que señalarles sus triunfos y darles el mérito por su sobresaliente labor.

El otorgarles el crédito hará que se sientan apreciados y hasta que desempeñen mucho mejor su trabajo.