SCIENTIA

Columna Scientia: Evolución pendular: el desarrollo de la computación


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En el principio fue la computadora. Y la computadora estaba construida de circuitos electromecánicos. Cada computadora era un modelo único y automatizaba cálculos para matemáticos, ingenieros y científicos que sabían gobernarla con sus programas. Y luego vino la Electrónica de tubos al vacío, y eso fue bueno: permitió aligerar los cálculos y mejorar la confiabilidad de máquinas.

La computadora era grande y poderosa, requería mucha energía para operar. Solo los iniciados las usaban. Luego vinieron los transistores y se amplificó el poder de cómputo, al tiempo que redujeron las dimensiones. Los humanos, no las computadoras, se comunicaban mediante redes de teléfonos y telégrafos vía cables, radio y satélites. Los programas eran codificados de manera primitiva en las órdenes que directamente obedecía cada máquina, en su lenguaje particular. Y eso no era bueno. Se inventaron lenguajes ensambladores y, con el tiempo, lenguajes simbólicos y algorítmicos que aumentaron el poder expresivo de los programadores.

Llegaron las terminales y, con ellas, primitivas formas de interacción en línea que devino en el procesamiento transaccional de grandes volúmenes de datos. El cómputo seguía centralizado.

Y vinieron los microprocesadores y las redes. Con el tiempo, fue posible que los aficionados crearan computadoras personales y germinara una nueva industria. La computadora llegó al hogar y al escritorio, desacralizada.

Los sistemas se hicieron distribuidos, múltiplemente interconectados y complejos… muchas computadoras trabajando simultáneamente para dar la ilusión de ser una sola “máquina”.

Y vino “la nube”, donde se reúnen las capacidades de cómputo, almacenamiento y comunicación para servir, de manera centralizada, las necesidades de información de seres humanos que la acceden, a toda hora, desde cualquier confín de la Tierra.

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