Por qué Silicon Valley no funcionaría sin inmigrantes

Los ejecutivos de las más importantes empresas de tecnología que operan en Estados Unidos están en contra de que el gobierno de Donald Trump imponga limitaciones migratorias

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Aunque la mayoría de aquí apoyó a Hillary Clinton, los trabajadores tecnológicos no son el blanco más obvio de las ideas de política del presidente Donald Trump.

Muchos de los que pueblan las empresas tecnológicas más ricas del mundo estarán bien si la Ley de Servicio Médico Accesible es rechazada. La mayoría no se verá personalmente afectada por el muro propuesto en la frontera mexicana.

Bajo el gobierno de Trump, los trabajadores tecnológicos podrían disfrutar de beneficios imprevistos. Podrían recibir deducciones fiscales por el costo de cuidados infantiles; a sus empresas se les podría permitir repatriar ganancias del extranjero, y los futuros recortes al impuesto a la ganancia podrían financiar una o dos vacaciones de lujo.

Todo esto es una forma de decir que: las protestas que se extendieron por Sillicon Valley y Seattle durante las últimas semanas no tuvieron como móvil las ganancias financieras de corto plazo. Si quiere entender por qué los empleados tecnológicos se opusieron a la orden ejecutiva de Trump de prohibir a los inmigrantes de siete países mayoritariamente musulmanes, primero debe comprender el papel crucial que juegan las políticas de inmigración relativamente abiertas de Estados Unidos en el negocio tecnológico.

Y debe entender por qué la gente del mundo tecnológico ve algo cataclísmico en la orden ejecutiva de Trump, y en las otras medidas enérgicas contra la inmigración que están a la espera: el fin del prestigio de Estados Unidos como faro para los mejores inventores del mundo.

“Silicon Valley es improbable, como fenómeno; no es el estado predeterminado del mundo”, dice John Collison, un inmigrante de Irlanda y cofundador de Stripe, un emprendimiento de pagos creado hace seis años con base en San Francisco.

Una causa importante por la que Silicon Valley puede existir, dice, es porque recibe gente más allá de sus fronteras. “Voy por todas partes del mundo, y todos los lugares se preguntan: ‘¿Cómo reproducimos Silicon Valley en nuestro lugar; en Londres, en París, en Singapur, en Australia?’”, destaca.

La razón por la que esos lugares hasta ahora no han podido crear sus propios centros tecnológicos indomables es que todos los que están allá quieren venir acá.

“Estados Unidos está chupando todo el talento de alrededor del mundo”, señala Collison. “Mire todas las empresas tecnológicas líderes mundiales, y vea la sobrerrepresentación de Estados Unidos. Eso no es una situación normal. Eso es porque hemos podido crear esta máquina donde los mejores y más brillantes de todo el mundo vienen a Silicon Valley”, explica.

El riesgo

Sin embargo, dice Collison “pienso que eso es un poco frágil”. Bajo el gobierno de Trump, la dinámica amigable con los inmigrantes podría cambiar; y podría traer la ruina a la industria tecnológica de Estados Unidos.

Para los de afuera, puede sonar alarmista, y quizás poco más que moralmente superior. Silicon Valley es justamente criticado por hablar mucho sobre su supuesta apertura “meritocrática” mientras que falla en medidas básicas de diversidad e inclusión.

Las mujeres y las minorías no asiáticas conforman una diminuta fracción de los empleados de la industria, y una porción aún menor de sus ejecutivos e inversionistas de riesgo. En resumen, la industria tecnológica está bajo el yugo de los blancos como casi cualquier otro negocio.

Pese a ello, hasta un recorrido casual por la mayoría de las historias de la industria tecnológica revela un papel desproporcionado jugado por los inmigrantes.

El año pasado, investigadores de la Fundación Nacional de Políticas Estadounidenses, un laboratorio de ideas apartidista, estudió los 87 emprendimientos estadounidenses privados que en ese entonces estaban valuadas en $1.000 o más. Descubrieron algo asombroso: más de la mitad fue fundada por una o más personas de fuera de Estados Unidos. Y 71% empleaba inmigrantes en puestos ejecutivos cruciales.

En conjunto, estas empresas, que incluyen nombres familiares como Uber, Tesla y Palantir, habían creado miles de puestos de trabajo y sumado miles de millones de dólares a la economía de Estados Unidos. Sus fundadores vinieron de todas partes del mundo: India, Gran Bretaña, Canadá, Israel y China, entre muchos otros puntos.

Hay muchas teorías sobre por qué los inmigrantes son tan exitosos en el mundo tecnológico.

Muchos trabajadores tecnológicos nacidos en Estados Unidos señalan que no hay escasez de empleados nacidos en Estados Unidos para cubrir los puestos en muchas empresas tecnológicas.

Los investigadores han descubierto que más que suficientes alumnos se gradúan de universidades estadounidenses para cubrir los puestos de trabajo tecnológicos disponibles.

Los críticos de la simpatía de la industria hacia los inmigrantes dicen que todo se reduce a dinero; que las empresas tecnológicas se aprovechan de los programas de visas, como el sistema H-1B, para hacerse de trabajadores extranjeros a un precio más bajo del que le pagarían a estadounidenses.

Pero si esa crítica tiene algo de verdad en algunas partes de la industria tecnológica, pierde la perspectiva general entre las empresas más importantes de Silicon Valley.

Una precepción errónea y común de ese lugar es que opera como fábrica; según esa visión, las empresas tecnológicas pueden contratar casi a cualquier persona de cualquier lugar del mundo para ocupar un puesto en particular.

Pero las empresas tecnológicas más ambiciosas de la actualidad no son como fábricas. Son más como equipos deportivos. Están buscando a las mejores personas del mundo para crear algún widget completamente nuevo, jamás visto, para reimaginar completamente lo que los widgets deberían hacer en primer lugar.

“No se trata de sumar decenas o cientos de miles de personas a plantas manufactureras”, dice Aaron Levie, cofundador y director ejecutivo de Box, una empresa de almacenamiento en la nube. “Se trata del par de ideas que van a ser inventadas y que van a cambiar todo”, subraya.

¿Por qué los jefes tecnológicos creen que los inmigrantes son mejores para concebir esos inventos? En parte es una cuestión de números. Tal como lo ha señalado el inversionista de riesgo Paul Graham, Estados Unidos solo tiene el 5% de la población mundial; es lógico que la mayoría de las mejores ideas mundiales serán pensadas por personas que no han nacido aquí.

Si analizamos algunas de las ideas de mayor consecuencia en la tecnología, encontramos un número inusual que fueron desarrolladas por inmigrantes. Por ejemplo, todo el negocio publicitario de Google (esto es, la base para la gran mayoría de sus ingresos y ganancias; la maquinaria que le permite contratar miles de personas en Estados Unidos) fue creado por tres inmigrantes: Salar Kamangar y Omid Kordestani, que vinieron a Estados Unidos desde Irán, y Eric Veach, de Canadá.

Pero no es solo una cuestión de números. Otra razón por la que a los inmigrantes les va tan bien en la tecnología es que las personas de afuera traen nuevas perspectivas que llevan a nuevas ideas.

Mike Krieger, un inmigrante de Brasil que es cofundador de Instagram, la aplicación de red social basada en fotografías, dice que una de las razones por las que encontró éxito instantáneo internacional fue que a propósito eliminó la mayoría del texto en la aplicación. Supo que el inglés obstaculizaría su adopción en la mayor parte del mundo.

“A cada paso del camino mientras la creábamos”, dice Krieger, “estábamos pensando: ‘¿podemos crear algo con atractivo internacional?’”, explica.

Collison dice que no podría imaginarse crear una empresa sin inmigrantes. “En las primeras etapas de un emprendimiento normalmente se tiene un conjunto muy específico de cosas que hay que hacer, y hay una lista muy corta de personas capaces de hacerlas”, destaca.

En sus primeros años, Stripe necesitó ingenieros y ejecutivos para armar su sistema para mover dinero por todo el mundo; necesitó crear un nuevo sistema de aprendizaje autónomo para detectar fraude, y tenía que convencer a los reguladores y a otros negocios de que procesar pagos a través de Stripe era seguro y legal. Las personas que encontró para estos puestos resultaron ser inmigrantes.

“El hecho de que podamos hacerlo en Silicon Valley, el hecho de que el talento esté aquí o de que podemos traerlo aquí, eso es lo que hace que toda la cosa funcione”, agrega Collison.

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