Por: Juan Carlos Sánchez 5 abril, 2014

La humanidad asume complaciente y despreocupada que el sistema agrícola podrá continuar produciendo indefinidamente el alimento requerido para la enorme y creciente población, sin hacer mayores cambios en su comportamiento. Esta aseveración la hacen Paul y Ann Ehrlich, distinguidos ecólogos de la Universidad de Stanford, en el interesante artículo “Una apuesta riesgosa”. Las reflexiones que hacen tienen una gran pertinencia para nosotros, nuestra agricultura y seguridad alimentaria.

Una de las varias apuestas riesgosas a las que los Ehrlich se refieren es que la comunidad mundial está asumiendo que el nivel inadecuado de alimentación que tenemos hoy en día es suficiente y podrá mantenerse para los casi 9.700 millones de personas (una tercera parte más de las que existen) que tendremos en el mundo en 2050. A solo 36 años.

Se da casi como un hecho que la alteración climática que ya vivimos no va a ser obstáculo para el incremento de la producción de los principales granos de los que dependemos, ni va a causar mayores problemas y pérdida de cosechas por eventos extremos como inundaciones y sequías, o que no va a reducir la productividad pesquera.

Otra apuesta es que a pesar de la disrupción climática y de los cambios en los patrones de precipitación y el derretimiento de los glaciares, el agua seguirá estando disponible para la agricultura y que cambios en la infraestructura y otras medidas de esa naturaleza serán suficientes para prevenir un mayor deterioro de la seguridad de disponibilidad de agua.

Sobre el agua, vale la pena saber que los expertos señalan que la mayor parte de los efectos directos e indirectos del cambio climático en Centroamérica se centrarán en la ya evidente escasez de agua, con sus repercusiones lógicas en la salud humana, la agricultura, la biodiversidad y la generación eléctrica.

¿Nos “la jugamos” también?