Por: Juan Carlos Sánchez 28 junio, 2014

En el comercio es usual que todo artículo indique en su etiqueta el sitio donde se manufactura o produce –la denominación de origen–, que permite a quien lo adquiere diferenciarlo y hacerlo o no objeto de su preferencia.

Existe también otro tipo de productos relacionados con la información y el conocimiento, modelos o formas de hacer las cosas, que para poder desarrollarse requieren condiciones particulares o prerrequisitos de carácter social, político y económico.

Hay un ejemplo de esto que muestra cómo, gracias a la conjunción de factores críticos asociados a las condiciones del país, fue posible desarrollar una fórmula novedosa, objetivamente medible y cuantificable, que permite a una sociedad avanzar en el reto de adquirir una mayor conciencia del valor de su naturaleza, como parte de la búsqueda de un modelo de desarrollo sostenible.

Con base en la premisa de que la mejor manera de conservar esa biodiversidad es conocerla, valorarla y utilizarla inteligentemente, se puso en práctica una metodología innovadora para generar información sobre ella, procesarla y ponerla a disposición de la sociedad en muy diversos formatos, para diferentes usos y usuarios. El emprendimiento hace copartícipes a diversos actores, desde científicos y tecnólogos hasta pobladores de las regiones donde se encuentran las áreas silvestres protegidas.

Esta iniciativa, “hecha en Costa Rica”, fue considerada merecedora del Blue Planet Prize 2014, un prestigioso galardón otorgado por la Asahi Glass Foundation de Japón a personas o instituciones que “hayan hecho contribuciones sobresalientes en la búsqueda de soluciones a los problemas ambientales, y que constituyen modelos que otros países pueden replicar”.

El premio fue concedido al ecólogo Dr. Daniel Janzen, asesor científico del Área de Conservación Guanacaste, y al Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio).

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