Contenido 100% gratuito pasa de moda en Internet

Música, artículos periodísticos y audiovisuales se juegan la vida en Internet. ¿Pagaremos por ellos?

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    / 30 ENE 2015

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Todo es gratuito en Internet... hasta que se acaban las vidas de Candy Crush, se agotan los diez artículos libres del New York Times (NYT) o Spotify desespera a los usuarios con sus anuncios.

En los años 90, el verdadero negocio se gestaba y florecía en un mundo físico donde lo consumido se podía tocar. Internet lo cambió todo y en la segunda década del siglo XXI, el mundo de los contenidos se vuelve virtual con una rapidez ineludible.

Las audiencias digitales crecen aceleradamente y a ese ritmo aumenta también la preocupación de sus productores, que se adaptan a las nuevas exigencias de consumo con herramientas de pago cada vez más flexibles que a veces sirve y a veces no.

Para el especialista en medios digitales Rogelio Umaña, quienes se encargan de cobrar el contenido siguen llegando tarde.

“La diseminación y facilidad de consumir contenido ha ido mucho más rápido que los modelos para poder cobrarlo”, señaló.

El público virtual presenció uno de los mayores cambios en la historia de la gratuidad en Internet en el último mes.

BitTorrent, compañía creadora de los torrent que propiciaban la descarga legal e ilegal de todo tipo de contenidos, lanzó su versión de pago, BitTorrent Bundle.

La inauguró nada menos que con el lanzamiento del disco de Thom Yorke, Tomorrow’s Modern Boxes . Los usuarios compran las piezas directamente al músico, sin intermediarios.

Un nuevo experimento en el mundo de la compra virtual de música que, entre otros actores, estuvo liderado por iTunes, la tienda de Apple, durante muchos años.

Su estrategia de micropagos ($0,99 por pieza) lo convirtió en el mayor vendedor de piezas de Estados Unidos en el 2008.

Con los años, Apple comienza a perder protagonismo. Para octubre del 2014, sus ventas habían caído en un 13% en comparación con enero del mismo año.

Otros actores se ganaron al público con interfaces atractivas en la nube como Google Music, con el mismo concepto de iTunes, pero con mejores características de adaptación a dispositivos.

Spotify es otro gran exponente del éxito. Su táctica consiste en ofrecer contenido gratuito y beneficios premium para quienes pagan, con los que se puede acceder a la música en la nube aún si se carece de conexión.

Netflix es quizás el ícono por excelencia del cobro por contenidos en la web. Su sistema por suscripción comienza a ser imitado incluso por grandes cadenas de televisión como HBO y CBS, que trabajan desde el 2014 en los preparativos para el lanzamiento de sus plataformas de streaming .

En Estados Unidos conviven otras opciones con menos trascendencia económica, como Hulu (con producción de series propias) o Amazon Prime, que además ofrece almacenamiento para fotos, acceso a música y a libros para Kindle.

Las recetas

La mayoría pasó por más errores que aciertos antes de descubrir la receta: no se puede cobrar por todo, pero cuando el consumidor ya está enganchado, es momento de pedirle algo de dinero.

Los especialistas en prensa le llaman “modelos porosos” y quienes duermen del lado de los audiovisuales lo han explicado por medio de una polémica palabra anglosajona: freemium , mezcla entre lo gratuito y lo premium o de pago.

La palabra refiere a una estrategia de cobro por niveles avanzados de consumo (los más básicos son gratuitos) y se aplica principalmente a apps de videojuegos para teléfonos inteligentes.

De ahí su controversia: aplicaciones que se anuncian como gratuitas comienzan a cobrar una vez descargadas.

Esta semana, Apple, Google y Amazon llegaron al acuerdo de eliminar la palabra free de los programas que utilizan esta táctica, luego de una queja de la denfensoría italiana del consumidor.

La polémica no aleja al mercado de este tipo de modelo que, por el momento, se regodea en un creciente éxito comercial.

Thinking Game, empresa que recopila los réditos de las aplicaciones con base en información pública y aportes anónimos, calcula que Candy Crush obtiene unos $960.000 diarios, solo de los usuarios estadounidenses.

El caos de los medios

Con la industria de los medios de comunicación, la historia todavía se está escribiendo.

Cuando El País , uno de los dos diarios más grandes de España, estableció fronteras de pago para quien quisiera leer su versión en Internet a inicios del milenio, el resultado fue una diáspora de lectores, relata Mario Tascón, exdirector de contenidos de Prisa (grupo al que pertenece El País ).

Un puñado de años más tarde, todo apunta a que el mercado está más maduro: hemos aprendido a registrar tarjetas de crédito y a comprar por Amazon.

Como en las apps , los modelos de pago que mejor han funcionado son los porosos o flexibles, que permiten el acceso a cierto contenido y establecen un límite para comenzar a cobrar.

Los grandes exponentes del éxito, como NYT o Financial Times , se han reservado bastante bien sus números, pero los especialistas creen que menos del 6% de sus lectores pagan por ello.

En Latinoamérica, los diarios Reforma y El Universal de México, así como el Folha de Brasil ya han comenzado a cobrar por sus contenidos digitales, pero muchos otros siguen la misma línea, dice David Sancha, COO de Xalok, plataforma que da base a decenas de periódicos en Latinoamérica, incluyendo los medios de Grupo Nación.

El software de Xalok le da sustento tecnológico a los medios con todo y sus muros de pago, que calcula la cantidad de artículos gratuitos y define el momento para comenzar a cobrar.

Otros medios desarrollan sus propias herramientas de cobro in-house como es el caso del NYT.

Sancha explica que Latinoamérica está en un momento de transición que comenzó después que en Norteamérica o Europa por razones como la brecha digital (no todos tienen acceso a Internet) y un consecuente retraso en la proliferación del e-comercio .

La respuesta a la pregunta inicial es positiva. ¿Pagaremos por los contenidos digitales? Sí, pero definitivamente, no por todos ellos.

Estrategias

Los muros de pago de los medios de comunicación, mejor conocidos como paywalls, han adoptado, en su mayoría, un modelo poroso con distintas estrategias.

Pequeña cata: permitir a los usuarios una cantidad de consumo mensual abre el paso para que Google indexe el contenido y lo recomiende.

El valor agregado: los medios no se limitan a ofrecer buen contenido. También promocionan la suscripción con regalías y beneficios adicionales.

El registro: registrarse debe ser fácil y seguro para los usuarios. Las grandes cantidades de pasos pueden expulsar al lector del sitio.

Redes sociales: algunos medios son más suaves a la hora de establecer muros para el tráfico que accede desde redes y buscadores, como NYT.

Fuente Especialistas.

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