Por: María Luisa Madrigal.   19 agosto
Daniela nunca había tomado la cocina como un oficio. A sus 33 años trabajar como cocinera en un resort la sacó del desempleo. Fotografía: John Durán

Daniela Ruiz es cocinera en el Hotel W de la marca Marriott International, ubicado en la Reserva Conchal, Guanacaste. Trabaja en el área de pizzas y hace apenas un año se graduó de la quinta generación de gastronomía del programa de formación dual que desarrollan en conjunto el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y Florida Ice and Farm Company (Fifco) –compañía dueña del hotel–.

Antes de iniciar el programa, Daniela nunca había pensando en la cocina como un oficio. A sus 33 años, trabajar como cocinera en un resort la sacó del desempleo, situación que padeció durante seis años. Antes de eso probó un poco de todo, trabajó en casas, una gasolinera, una melonera y una panadería.

Llegó al programa de educación dual porque su sobrino la instó a inscribirse. Un año antes, él se había graduado de cocinero.

Lo primero es el proceso de selección del INA. Es una charla introductoria en la que los futuros estudiantes reciben una inducción del curso que llevarán. Se explican las horas que se dedicarán a la teoría y a la práctica, qué aprenderán y las responsabilidades del estudiante.

“Hay gente que llega con la idea equivocada. Piensan que es lo mismo la educación dual que hacer un curso de solo teoría. Cuando era teoría, era medio día, pero la práctica es un trabajo real. Con todos lo pequeños sacrificios que involucra un trabajo”, declaró Ruiz.
La práctica significó para Daniela y el resto de sus compañeros, meterse de lleno en la cocina. Es una prueba para saber quiénes sí se quedarán hasta el final del curso y quienes desertarán. Fotografía: John Durán

La práctica significó para Daniela y el resto de sus compañeros, meterse de lleno en la cocina. Es una prueba para saber quiénes sí se quedarán hasta el final y quienes desertarán. En el caso de la quinta generación del programa, 20 estudiantes iniciaron y solo cuatro abandonaron en la parte práctica, de acuerdo con Ruiz.

Es justamente en la cocina donde se desarrolla lo más interesante del proceso y la parte fundamental para que después de que terminara el curso, Daniela fuera contratada en el hotel.

“Yo no sabía lo que era un corte de carne, un Rib Eye o un New York. Tampoco otros términos como brunoise o corte chiffonade, son cosas que se enseñan en la teoría y de una vez se aprende cómo hacerlo”, declaró.

El curso contaba con una beca para los estudiantes suministrada por el INA. Además el hotel les daba el transporte y alimentación durante las clases prácticas. Para Daniela, esos aportes fueron la diferencia entre abandonar el curso y concluirlo con éxito.

La ley recién aprobada, detalla que el estudiante siempre recibirá una beca –del fondo especial de becas para la EFTP dual del INA– para transporte, alimentación o vestimenta. Sumado a esto, las empresas deberán aportar al fondo ¢120.000 por cada estudiante que reciban.

Trabaja en el área de pizzas y hace apenas un año se graduó de la quinta generación de gastronomía del programa de formación dual de Florida Ice and Farm Company (Fifco) Fotografía: John Durán

No solo Daniela ganó. Aunque el curso se desarrolló en el Hotel Westin Conchal, la nueva cocinera fue contratada al terminar, en el Hotel W –de la misma marca y dueños–.

Las ventajas de la educación dual para las empresas no son pocas. Se forman profesionales en áreas afines a los puestos de trabajos disponibles y mientras aprenden, adquieren “know how”, de acuerdo con Rolando Ramírez, gerente de Alimentos y Bebidas del hotel y mentor del programa.

La empresa gana profesionales preparados para trabajar y listos para emprender una carrera.

“Para mí significó mucho, yo no terminé de estudiar. Me abrió puertas a una profesión y darle mejor calidad de vida a mi hijo. Yo lo viví, por eso puedo decir que soy una cocinera y me proyecto a ser una chef” Daniela Ruiz, cocinera en el Hotel W