Por: Andrea Hidalgo.   22 enero

El déficit financiero cerró un punto porcentual (p.p.) por debajo de lo proyectado. Sin embargo, al observar los datos compartidos por el Ministerio de Hacienda hay dos rubros particularmente afectados, el gasto de capital y las transferencias.

Costa Rica cerró el año con un déficit fiscal de 8,1% según la base de referencia 2017 del PIB. Foto: Cortesía Presidencia

Pese a que el gasto de capital es uno de los principales renglones con mayor contracción que permitió un menor crecimiento del déficit financiero y primario, especialistas aseguran que esto envía un mensaje con pocos deseos de reactivación y mala administración financiera.

Por primera vez en la historia reciente de Costa Rica, el gasto total del Gobierno y el gasto total sin intereses decrecieron. No obstante al desagregar los datos compartidos por el Ministerio de Hacienda, queda en evidencia que mientras las transferencias corrientes disminuyeron en 2,42% en comparación con el mismo periodo del 2019. En el caso del gasto de capital es aún más notable la contracción, pues muestra una variación interanual de -38,23%.

Es decir, pese a los gastos adicionales por ¢294.172 millones que generó la pandemia, el monto total de las transferencias se redujo en ¢198.157 millones. De estos Hacienda asegura que responde a una reducción en las transferencias al sector público en -14,5%, que ayudaron a compensar el aumento en las transferencias al sector privado, que se asociaron a la necesidad de mitigar los efectos adversos ocasionados por la pandemia como el Bono Proteger.

En el caso del gasto de capital (compuesto por inversión y transferencias de capital) la contracción acumulada muestra que el 2020 fue el año con la contracción más significativa desde el 2013.

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Isaac Castro, viceministro de Hacienda aseguró que el menor déficit financiero (en comparación con lo proyectado) no se le debe atribuir solamente a una menor inversión de capital, sino que es el resultado por reducir pequeños montos en diferentes rubros y el cumplimiento estricto de la Ley 9635 de Fortalecimiento de Finanzas Públicas.

“El menor déficit fue el resultado de una acción deliberada de tratar que las proyecciones no se superaran la proyección, con el fin de recuperar la confianza en Hacienda, es decir, que si el ministerio dice que va a hacer algo que verdaderamente lo ejecute”, agregó Castro.

La economista Adriana Rodríguez, difiere de Castro, asegura que al observar las cifras queda en evidencia que la disminución más grande en con respecto al gasto capital, lo que de acuerdo a su experiencia no es deseable y lejos de mejorar las cifras del país genera una afectación el mediano y largo plazo.

Costa Rica se enfrenta al déficit financiero más alto en las últimas dos décadas y pese a que la cifra no alcanzó el porcentaje proyectado en agosto, la diferencia entre ingresos y gastos del Gobierno Central con intereses, llegó a ser del ¢2,9 billones.

De acuerdo con Castro la reducción del gasto de capital no responde solamente a un esfuerzo de reducción por parte del Ministerio, sino que con la caída de ingresos del impuesto en los combustibles, consecuentemente el rubro pierde su principal fuente de financiamiento.

Rodríguez explicó en toda entidad hay un gasto productivo y uno improductivo. Y al mostrar lo números de Hacienda fue evidente que el gasto que permite el crecimiento del país (productivo) fue el más afectado, mientras que el que no genera mayores beneficios económicos (improductivo) se mantuvo sin alteraciones.

Bajo este escenario la inversión de capital es un gasto productivo, es una inversión que sirve para que en los periodos siguientes pueda tener más crecimiento económico. Sin embargo, el Gobierno Central optó por no hacer ese gasto, lo que implica que no solo se dejó de invertir en infraestructura sino que se está faltando al mantenimiento.

Estas acciones como consecuencia traen un deterioro en la base de infraestructura, bienes y servicios otorgados, qu afecta la percepción de los ciudadanos y las empresas hacia el estado. A su vez abre un espacio de resentimiento o inconformidad por los impuestos que se pagan actualmente y además parcializaría la opinión sobre tributos nuevos.

“Reducir el gasto de capital es lo más fácil, pero con las mayores consecuencias a más largo plazo”, explicó Rodríguez.

El economista William Calvo coincidió con Rodríguez, ambos aseguran que dejar de invertir en capital hará el crecimiento más lento, lo cual deteriora el estado del país y más en épocas de recuperación económica, además aseguró tendrá implicaciones en recaudación tributaria.

Según Rodríguez este tipo de reducciones no solo afecta la percepción de bienes y servicios que tienen las personas del sector público, sino que hay un impacto grande en el crecimiento económico de mediano y largo plazo.

Es decir, si bien el déficit fiscal no fue tan alto como se esperaba, sus repercusiones son peores, pues el país requiere de inversión nueva y mantenimiento para seguir creciendo en productividad.

Por otra parte, Calvo explica que mientras se desarrollan obras de infraestructura se genera empleo, lo que repercute en más consumo y por tanto se reflejará en mayor producción.

Para Rodríguez esta reducción también tiene un fuerte impacto en los mercados internacionales y por ende en los inversionistas, pues envía un mensaje incorrecto o de desconfianza.

Se proyecta como un país que no pudo tocar el gasto corriente para bajar el déficit, sino que cada impuesto lejos de ayudar al crecimiento económico está destinado al gasto improductivo.

“Al inversionista no le importa tanto el presente, sino el futuro. No se logra nada diciendo que el número (del déficit) fue menor de lo esperado cuando en el fondo se afectó el crecimiento del país”, agregó Rodríguez.

Castro explica que desde el viceministerio son conscientes que el gasto de capital tiene muy poco protagonismo en las finanzas públicas, pero aseguró que cuando otros componentes como de intereses o otros gastos crecen le empiezan a ganar espacio a otras inversiones —como la de capital— por lo que siguen trabajando para acomodar el gasto de manera que se asegure la sostenibilidad financiera y el crecimiento económico.

“A mí nadie me tiene que explicar que el gasto de capital es importante, eso es un dinaminzador de la economía, pero la pregunta es porque no pesa más de un 2% en los últimos años, salvo el 2019 que fue la excepción. El reto está en aumentar la proporción del gato de capital pero para hacer eso hay que frenar los disparadores del gasto, cuando logremos hacer eso de manera repetitiva vamos a aumentar el rubro gasto capital”, destacó Castro.

Adicionalmente el economista Douglas Montero, argumenta que el desarrollo económico de un país depende en gran medida de la inversión que se haga sobre el mismo, por lo que disminuir este rubro implica el deterioro de la confianza en el Estado y un solución de cortísimo plazo sin cambio estructural.

Egresos

Castro explicó que la combinación de varios recortes les permitió bajar el déficit con respecto a la proyección.

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Por ejemplo, tras el impacto de la pandemia, desde Tesorería toman en consideración que es posible que los ingresos disminuyan como resultado de una situación económica atípica y que eso implicaría un esfuerzo adicional para la reducción del gasto.

Bajo esta premisa proyectaron que por remuneraciones gastarían ¢2,5 billones, pero debido a pensiones y renuncias se logró que el monto cerrara en ¢2,4 billones.

En el caso de bienes y servicios los analistas del viceministerio esperaban una ejecución de ¢252.000 millones del presupuesto pero en este rubro también hubo una reducción, lo que permitió que finalizara el año en ¢240.000 millones.

“Cuando se hizo la proyección supusimos que íbamos a poder gastar todo el espacio que nos daba la regla fiscal, posteriormente cuando se logra bajar la ejecución del gasto corriente que tenía proyectado en ¢225.000 millones eso nos abrió una válvula de escape para bajar el gasto total”, explicó Castro.

Por otra parte comentó que si solo se toma en consideración la disminución del gasto capital, al contrarrestarlos con el costo de intereses las cifras quedan intactas, por esta razón advirtió que no se debe valorar solo el gasto capital sino que las diferentes reducciones en otros rubros.

El funcionario aseguró que el 2019 fue un año atípico para las erogaciones de capital porque hubo varios proyectos de ley que le permitieron aumentar esa cifra temporalemente, pero para el 2020 hubo varios factores que lo motivaron a la baja.

En primer lugar el ingreso por combustibles, que es el principal financista de ese componente, y al iniciar la emergencia sanitaria fue posible observar una disminución en este rubro.

Además explicó que al calcular el promedio del gasto de capital, con la excepción de año extraordinario(2019), la cifra es de ¢538.000 millones.

Otro elemento que lograron controlar para promover menos egresos fueron las transferencias corrientes, las cuales disminuyen en ¢70.000 millones. Lo que de acuerdo con Castro implicó un esfuerzo doble porque con el Bono Proteger hubo un incremento en las transferencias corrientes al sector privado. Como resultado se bajó el monto de las transferencias del sector público.

La actualización de las cuentas nacionales, con periodo de referencia al año 2017 y el consecuente cambio del Producto Interno Bruto (PIB) provocó un cambio en las cifras fiscales al cierre de 2020. De manera que el déficit primario fue de 3,4% con respecto al PIB, el déficit financiero de 8,1% y la deuda de 67,5% con respecto al producto interno bruto

El déficit primario, (la diferencia entre ingresos y gastos del Gobierno Central menos intereses) fue mayor en 0,76 p.p. al registrado en el 2019. Es decir, que pese al esfuerzo de retención de gasto, sin contabilizar los intereses el Gobierno sigue teniendo un faltante de ¢1.224.885 millones.