Por: Roberto Artavia.   17 enero

Uno de los memes que más me han hecho reír es de un gimnasio en Perú que se anuncia así: “Si Ud. es gordo y feo, inscríbase en nuestro gimnasio, y sea solo feo”.

Algo así pasa con los temas fiscales en Costa Rica. Parece que se le dice al ciudadano que, si el país está quebrado por falta de ingresos y exceso de gastos, pague más impuestos y siga quebrado, pero solo por el gasto…

Es urgente hacer una reestructuración del Estado que realmente reduzca y mejore la calidad del gasto público.

Como no hay tanta flexibilidad en la estructura del gasto y la inversión, esto requiere de verdadera creatividad y debe empezarse por congelar la planilla del Estado en volumen y monto total, aumentar la productividad de cada puesto público por medio de rediseño y simplificación de procesos, e incrementar la digitalización y automatización de procesos y servicios públicos.

Voracidad fiscal

Además, impulsar el teletrabajo, desmantelar todas esas instituciones desconcentradas que solo aportan burocracia y costos, aumentar la tercerización de servicios públicos, y trasladar una porción creciente de la inversión a concesiones y alianzas público privadas en sus diferentes formas.

La voracidad fiscal del Gobierno está llegando a excesos donde se desestimulan la inversión, el emprendedurismo y el comercio, y entra en el terreno de los absurdos con enormes multas por cambiar el marchamo vehicular antes del 1º de enero o llevar contabilidad en sociedades ociosas (ver el artículo “Sinsentido común” de Eliécer Feinzaig en La Nación del 13 de enero).

Hay proyectos como CERRAR y sus variaciones en la corriente legislativa, incluyendo el Acuerdo 53.1 del Acuerdo Nacional, para reestructurar la gobernanza y eficiencia del sector social o el Acuerdo 52 sobre la reconcentración de los órganos desconcentrados de los ministerios que podrían servir de plataforma a estas iniciativas.

¿Será éste, al fin, el año en que este tema se aborda con seriedad?