Cómo es que los cruceros y Disney dan ejemplo de una ciudad digital

La tecnología existe desde hace más de una década. Venimos hablando de esto desde más antes, incluso cuando decíamos que la gente se conectaría a Internet con agendas digitales o PDA tipo Palm o con sus BlackBerry.


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Uno de los grandes sueños tecnológicos siempre ha sido desarrollar la ciudad digital o inteligente donde, además de servicios públicos en línea, la conectividad a Internet sea completa, de alta velocidad y sin interrupciones dentro de edificios y en espacios públicos.

Además, que los pagos de taxis, buses y trenes, los horarios y las solicitudes de transporte (sí como con Uber) sean digitales, los semáforos sean realmente inteligentes, la televigilancia sea completa y efectiva, la oferta comercial esté actualizada y el consumidor pueda ver en sus dispositivos qué hay y realizar alguna reservación, cita o pedido en línea, y la gestión de los servicios se actualice según la demanda de los ciudadanos.

Ahora la firma Carnival Corporation, dice un cable de AFP, convertirá sus cruceros en verdaderas plataformas turísticas flotantes totalmente conectadas, siguiendo el ejemplo de los parques y resorts de Walt Disney World.

Carnival presentó este martes en el CES Las Vegas su "Medallón Oceánico", diseñado para adaptar los viajes a los pasajeros a través de la identificación de sus gustos y costumbres a bordo, e incluso para seguir el rastro a los niños por el barco y evitar extravíos.

El gigante turístico, que comprende 10 marcas de cruceros, mostró sus medallones, livianos y resistentes al agua, capaces de susurrar sin cables a una red de sensores a bordo.

Así ayudarán a los operadores de cruceros a anticipar las necesidades de los viajeros, saber cuál es su vino favorito y proponer sugerencias a medida que avanza el día. La compañía estadounidense que desarrolló la tecnología se llama Nytec.

Carnival planea desplegar los nuevos dispositivos en su barco de crucero Regal Princess a finales de este año 2017 y en otros dos barcos más el año próximo.

Los medallones permiten a la tripulación saber dónde están los pasajeros y hacia dónde pueden dirigirse cuando reciben una solicitud de servicio.

También ayudan con tareas que van desde abrir camarotes hasta anticipar qué piscinas o restaurantes necesitan personal de refuerzo o informar al personal de limpieza sobre el mejor momento para intervenir.

Los dispositivos también actúan como monederos, cargando las compras que efectúan los pasajeros en sus cuentas, y permitiendo que los trabajadores confirmen sus identidades, que aparecen con fotos en sus pantallas y permiten a los viajeros ser llamados por su nombre.

John Padgett, ejecutivo de Carnival, que trabaja en el proyecto, fue previamente vicepresidente de los parques y resorts de Walt Disney en Florida.

Ahí Padgett contribuyó a poner en funcionamiento pulseras inteligentes MagicBand que usaban señales de corto alcance y funcionaban como monederos, tickets y llaves de hotel.

Las MagicBands parecen un reloj o un brazalete y se conectan a un sensor o punto de contacto para facilitar que el cliente realice diversas actividades mientras se encuentra en el parque y el hotel.

Entre las cosas que se pueden hacer se incluye abrir la puerta de la habitación del hotel de Disney, entrar a los parques temáticos y acuáticos, realizar el regitro en las entradas de distintos servicios, conectar imágenes de Disney PhotoPass a la cuenta y cargar las comidas y las compras de mercancías.

Miles Clark, de Carnival Corp., demuestra la interface del sistema Ocean Compass que se implementará en los cruceros. FOTO AP

¿Cómo podría aplicarse eso en una ciudad en tierra?

Un ciudadano podría, por ejemplo, saber dónde hay restaurantes disponibles, qué ofrecen, cuáles son los precios del menú y hacer su reservación.

Incluso podría saber si está abierto. (El otro día vi un grupo de empleados llegar a un restaurante y encontrarse con que estaban de vacaciones de fin de año.)

Al restaurante le permitiría saber quiénes van a llegar, qué tipo de bebidas y alimentos suelen consumir, revisar sus inventarios, ordenar compras inmediatas y cumplir con los pedidos de los comensales en tiempo.

Lo que me recuerda un negocio en Tibas en el cual el propietario recogía las órdenes, entraba en la cocina y luego salía disparado al supermercado más cercano, regresaba con lo comprado y, entonces, uno escuchaba cómo empezaba a preparar los platos. Evidentemente, había que esperar una eternidad.

El negocio no le duró mucho tiempo, pero seguro hay más parecidos (de hecho me comentaron de una soda en el mercado que opera igual)

En la mayoría de los restaurantes simplemente el mesero o encargado escucha el pedido, responde sí hay o no y, en este caso, espera que el comensal pase a solicitar otra cosa del menú... a ver si hay.

Las posibilidades con la tecnología cambiarían esta cultura de servicio. Y abriría muchas posibilidades.

A las autoridades y conductores les debería permitir en tiempo real detectar accidentes de tránsito y actuar en consecuencia, ofreciendo otras rutas, desplegando personal y ayudando a agilizar el tráfico a cualquier hora, más allá de un simple Waze o de otras aplicacones similares.

Los servicios de información en línea también deberían ayudar a los conductores a encontrar parqueos, en lugar de dar vueltas y vueltas por el centro de una ciudad, y a pagar en línea.

A los ciudadanos nos debería facilitar el acceso a los horarios y hasta dar a conocer en tiempo real por dónde vienen los buses o el tren cuando estamos en una parada a medio camino. Lo de los taxis ni qué hablar.

Podemos seguir con más ocurrencias, que empresas como Disney y Carnival muestran que no son tales.

En algunas ciudades nuestras hay avances. Son tímidos y no están integrados a un plan global que incluya a todos los sectores de la ciudad. Por ejemplo, muchas empresas y comercios locales se mantienen al margen de los proyectos.

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La tecnología existe desde hace más de una década. Venimos hablando de esto desde más antes, incluso cuando decíamos que la gente se conectaría a Internet con agendas digitales o PDA tipo Palm (ni siquiera las BlackBerry habían llegado al país entonces).

Hoy la gran mayoría de consumidores tiene un smartphone y es más fácil motivar el uso de los servicios, aunque de todas formas los usuarios hemos demostrado que sí aprovechamos los servicios en línea, la mayoría de las veces más allá de las expectativas y de la oferta.

No hace falta ser un adivino para saber que lo que todavía no se tiene es visión de lo que puede hacerse en una ciudad para convertirla en completamente digital e inteligente. Muchos creen que es nada más poner un portal local en Internet o dar conectividad wifi.

Aquí muchas autoridades y encargados de tecnología siguen esperando a que alguien haga algo primero para ver si arrancan... con un plan piloto.

Como consuelo, al menos cada año se ve uno o dos "proyecticos" por año. Como el Heredia en el 2016 y que se reduce a dar conectividad en áreas públicas.

Podríamos seguir de plan piloto en plan piloto hasta que se arme un rompecabezas.

Pero algunos de los planes piloto que hemos visto, sin embargo, ya al tiempo no operan por falta de difusión, de mantenimiento de los proyectos y de integración y ampliación de servicios.

Seguiremos soñando que algún día será.

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La Ley de Murphy Carlos Cordero

Aquí hablamos de experiencias, de lo que nos ocurre como usuarios, como clientes de negocios o como ciudadanos que creemos se debería aprovechar más la tecnología en los servicios y en la sociedad, con la idea de aprender, de ser irreverentes para ver si alguien hace algo, y también para reír un poco de los fallos.

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