Actividades de la vieja economía como el agro y la manufactura ayudan a generar más empleos en otros sectores cercanos

Por: Manuel Avendaño A. 18 noviembre

Hace más de 25 años el país hizo una apuesta y transformó su modelo de desarrollo para convertirse en un polo destinado a la atracción de inversión extranjera directa (IED), los objetivos eran aumentar el crecimiento económico y generar más empleos.

Con el paso del tiempo la lección muestra que sí se logró un mayor crecimiento económico, pero los empleos no van al mismo ritmo, y las empresas de la nueva economía (zonas francas y servicios) no logran multiplicar puestos de trabajo por falta de encadenamientos con negocios locales.

La estrategia a inicios de la década de los 90 era clara y se consolidó con la entrada en vigencia de la Ley de Régimen de Zonas Francas en diciembre de 1990.

Trabajador dentro de la planta de la empresa Establishment Labs, dedicada a la fabricación de implantes mamarios, en la Zona Franca El Coyol, en Alajuela. (Imagen con fines ilustrativos). Fotografía: Jorge Arce.
Trabajador dentro de la planta de la empresa Establishment Labs, dedicada a la fabricación de implantes mamarios, en la Zona Franca El Coyol, en Alajuela. (Imagen con fines ilustrativos). Fotografía: Jorge Arce.

Las empresas que arribaron a suelo costarricense empezaron a gozar de un conjunto de beneficios fiscales conocido como régimen especial, pero el plan era más ambicioso, el modelo educativo también se transformó –o al menos lo intenta– para ofrecer mano de obra calificada a estas compañías.

La llegada de importantes firmas de servicios especializados, alta tecnología y producción de exportaciones permitió convertir a Costa Rica en hub a nivel Latinoamericano.

No en vano, las exportaciones de bienes a setiembre del 2017 alcanzaron los $8.089 millones con crecimiento acumulado del 9%.

Los bienes exportados por empresas de zonas francas crecieron 12% y los del régimen definitivo (empresas que no tienen beneficios fiscales), lo hicieron en un 5%.

Si se analiza el peso de cada sector en el total de las exportaciones se puede observar que el agro representa el 27%, seguido por equipo de precisión y médico (26%), industria alimentaria (15%) y farmacéutica (6%).

No multiplican empleos

El Informe Estado de la Nación 2017 muestra una relación importante entre el valor agregado que producen algunos sectores y la capacidad de multiplicar empleos en otros sectores aledaños cuando crece la demanda final de sus productos.

Explicado de forma más sencilla. Cuando aumenta la demanda del café oro, por ejemplo, este sector contrata 10 empleados directos que a su vez se multiplican en 297 puestos laborales indirectos en otras áreas que se relacionan con la cadena de valor de este producto. Finalmente, si se suman el total de nuevas plazas se tienen un elemento multiplicador de 307 posiciones de trabajo.

Los resultados del informe concluyen que los servicios especializados y las actividades de la nueva economía (como la industria de zonas francas y las agroexportaciones no tradicionales) generan un alto nivel de valor agregado, pero su efecto multiplicador de empleo en otros sectores es muy bajo.

Leonardo Merino, coordinador de investigación del informe, explicó que en esta edición se decidió ver la capacidad de cada sector y producto para encadenarse a otras actividades cercanas y multiplicar empleos.

Valor agregado del PIB por producto y encadenamiento de empleo.
Valor agregado del PIB por producto y encadenamiento de empleo.

“La mayoría de los productos y las oportunidades laborales proviene de sectores que tienen baja capacidad para generar encadenamientos de empleo. Solo un 4% de los bienes y servicios y un 0,2% de los puestos de trabajo corresponden a actividades que muestran altos multiplicadores”, detalla el informe.

Estos resultados explican porque la economía de Costa Rica crece más que los empleos directos e indirectos.

El Gobierno acepta que este resultado del Estado de la Nación 2017 es uno de los más novedosos, ya que muestra una realidad que no estaba tan clara.

Alfredo Hasbun, ministro de Trabajo y Seguridad Social, reconoce que se deben analizar estas conclusiones y revisar las estructuras laborales en conjunto con las empresas para buscar opciones que permitan generar más empleo directo y multiplicar los puestos laborales en los sectores cercanos a las actividades de la nueva economía.

Política, papel o tijera

El primer objetivo del Plan Nacional de Desarrollo 2012-2018, que rige las acciones del actual Gobierno, procura la generación de un mayor crecimiento económico caracterizado por más y mejores empleos.

Consecuente con esta propuesta política, el Gobierno presentó en 2014 la Estrategia Nacional de Empleo y Producción.

Este documento de 32 páginas muestra un panorama general de la situación del empleo en el país, y ofrece un conjunto de acciones para generar más puestos laborales.

Tres años después, la última Encuesta Continua de Empleo (ECE), reveló que, entre julio y setiembre de este año, hay 241.000 personas sin trabajo, que se traduce en una tasa de desempleo del 9,4%.

Hasbun es autocrítico y afirma que es cierto que muchas empresas de la nueva economía no generan tantos empleos como se requieren, pero también fustigó que las personas no se están capacitando en las áreas que las compañías necesitan.

“Nos han pasado casos de empresas que nos dicen que quieren venir al país y que necesitan una cantidad de personas con ciertos conocimientos, pero cuando revisamos la oferta en el país les tenemos que responder que en dos años podemos tener a las personas con esas capacidades”, defendió el ministro.

En el papel, la Estrategia Nacional de Empleo y Producción reconoce que el modelo económico del país enfocado en la atracción de la inversión extrajera no es suficiente para generar todos los trabajos necesarios.

“La demanda laboral será insuficiente si no se incrementa el parque empresarial nacional, aumentando el número de empresas y su capacidad productiva”, apunta la Estrategia.

Para solucionar esta situación, el Gobierno propone una política de transformación productiva para promover la inversión privada que genera mayor impacto en el empleo.

Por ejemplo, empresas dedicadas a la exportación de bienes y servicios intensivos en capital humano, el turismo y la promoción de encadenamientos con las actividades locales, sobre todo las que producen a pequeña escala.

Posiblemente una empresa de zonas francas que ofrece servicios tiene menores posibilidades de encadenarse con otras empresas pequeñas en el país, salvo algunos insumos de trabajo, bienes duraderos y actividades estacionales.

Mientras que las actividades de la vieja economía como el agro y la manufactura logran encadenarse más fácilmente con empresas locales porque les compran materias primas, contratan servicios de transporte, contables, o requieren, en muchos casos, una tercerización de procesos.

Como si se tratara de un juego de piedra, papel o tijera, o se atraen más empresas de servicios que generan empleos sin grandes efectos multiplicadores, o se apuesta por una combinación de factores donde las firmas de la nueva economía tengan más facilidades para encadenarse con negocios locales.