Por:  26 agosto, 2014
El trabajador no remunerado o voluntario debe reconocer la relevancia de su labor, para cumplirla con estándares de calidad.
El trabajador no remunerado o voluntario debe reconocer la relevancia de su labor, para cumplirla con estándares de calidad.

Algunos autores como Bernardo Kliksberg sostienen que en América Latina el voluntariado mueve millones de dólares al año mediante la producción de bienes y servicios, la construcción de capital social, la cooperación con el Estado, el compromiso ético y la participación ciudadana.

Todo lo anterior se da a pesar de que no existe en estas economías emergentes un apoyo como el que se da en otras más desarrolladas, donde las políticas públicas, el nivel de confianza y la divulgación en medios de comunicación hace más que evidente el valor económico social de millones de personas que colaboran para hacer un mundo mejor. (cfr. "Siete tesis sobre el voluntariado en América Latina").

Hoy día las empresas acuden con mayor frecuencia a los emprendimientos sociales para desarrollar sus planes de voluntariado, como una extensión de sus programas de Responsabilidad Social Corporativa (RSC): colaboradores de una compañía que visitan albergues de adultos mayores para mejorar su infraestructura, grupos de empleados que trabajan en regiones indígenas para ayudar con recurso material y humano, por citar algunos ejemplos. A pesar de esta interesante interdependencia, no existe una adecuada relación de intercambio económico, donde las compañías retribuyan a estas asociaciones y fundaciones el esfuerzo de coordinación que están realizado y que de otra manera para ellas no sería posible ejecutar de manera tan eficiente.

El problema de este modelo de negocios es que dificulta la sostenibilidad de un emprendimiento social, precisamente por la desproporción entre el valor de lo que se entrega y el precio de lo que se recibe, si es que lo hay. Un servicio educativo o médico de calidad no será nunca cobrado al costo real a una empresa ni a una comunidad que subsiste en condiciones de pobreza.

Ciertamente hay una desproporción entre el valor real y el percibido incluso por las compañías que generan relaciones con emprendimientos sociales. Por ejemplo, a las compañías les suele parecer caros algunos productos o servicios sociales porque están acostumbradas a donar cantidades menores de dinero a causas benéficas, pero no a "comprar" alto valor agregado en términos sociales, precisamente porque no perciben el valor real que contienen, como tampoco su alcance.

Sostenibilidad

Quienes conocen mejor las necesidades sociales son los emprendedores que están en la base de la pirámide y en contacto directo con las comunidades. Si las empresas logran crear sinergias que vayan desde la colaboración hasta la monetización, entonces lograremos dar mayor sostenibilidad a quienes realicen esta amable labor de intermediación. Adicionalmente, vale la pena aclarar que es relativamente difícil que las asociaciones o fundaciones miren el dinero como un fin para lucrar, sino como un medio para escalar sus proyectos, donde se desarrolle una relación ganar-ganar, que harán más ágiles y efectivas las dinámicas de impacto social, así como de realización personal.

Sin embargo, tanto el voluntariado como las diversas maneras de ayudar a los que menos tienen no se han convertido en la solución final para la sostenibilidad de las iniciativas sociales y mucho menos de la desigualdad. Se han de proponer entonces modelos que integren el voluntariado profesional con la capacidad de asumir costos operativos y generación de recursos económicos.

Peter Drucker en su libro Dirección de instituciones sin fines de lucro habla de "personal no remunerado" en lugar de voluntariado. Plantea que desde la organización social es necesario ser muy claro y transparente en definir los roles, responsabilidades e incluso los objetivos esperados del papel del voluntario y tratar a este igual que al personal remunerado, considerado así que el voluntario comprenda la importancia de ser altamente profesional en su labor, sin que más bien caiga en ser incumplido e irresponsable.

El gran desafío hoy día es saber presentar esta generosidad y esta entrega como expresiones de fraternidad que tengan un espacio en la lógica económica ordinaria, también en el contexto de las relaciones mercantiles. Los emprendimientos sociales y las empresas requieren de un espacio de interacción donde se gestionen alianzas para la sostenibilidad mutua, en las que el voluntariado sea visto como un auténtico motor social para la economía moderna.