Por: Vineet Chopra y Sanjay Saint 16 abril, 2016
La vida laboral, según Drucker, requiere compromiso durante unos 50 años. Por eso, identificar el modo en el cual generar un cambio vital es una de las innovaciones más importantes de cualquier ejecutivo eficaz.
La vida laboral, según Drucker, requiere compromiso durante unos 50 años. Por eso, identificar el modo en el cual generar un cambio vital es una de las innovaciones más importantes de cualquier ejecutivo eficaz.

En su artículo “Managing Oneself”, Peter Drucker sugiere cómo debemos gestionarnos a nosotros mismos. Plantea que para optimizar el desempeño profesional, cada uno debe conocer el modo en que aprende, y cita algunos casos de la historia para explicar enseñanzas muy actuales.

Winston Churchill fue un mal estudiante durante la escuela. A diferencia de quienes aprenden leyendo o escuchando, los escritores lo hacen escribiendo. Churchill, prolífico escritor y protagonista de la II Guerra Mundial, fue uno.

Beethoven era un caso similar. Escribió muchos borradores de sus obras, pero nunca miraba sus notas cuando componía. Afirmaba que si no anotaba sus ideas inmediatamente, las olvidaba al instante; pero si escribía un borrador, se fijaban en su memoria y ya no hacía falta siquiera volverlas a mirar cuando componía.

También hay quienes aprenden hablando. Es el caso de quienes deben reunirse varias horas a la semana, no tanto para escuchar el parecer de otros, como para escucharse a sí mismos. Drucker hace referencia a ciertos tipos de abogados y médicos cuando hacen diagnósticos. En su opinión, hay quienes aprenden haciendo, pero otros, escuchándose a sí mismos.

La mayoría de las personas saben cómo aprenden, pero pocas procuran mejorar su modo de hacerlo. Según Drucker, optimizar el sistema de aprendizaje es la clave para mejorar el desempeño. Esto permite al ejecutivo identificar los lugares donde puede contribuir generando mayor valor agregado. Esto no aplica solo para profesionales jóvenes, sino también maduros.

En numerosas ocasiones hemos escuchado sobre la crisis de la madurez, que muchas veces es puro aburrimiento. A los 45 años, la mayoría de los ejecutivos han alcanzado la cúspide de su carrera profesional, y ellos lo saben. Luego de trabajar haciendo lo mismo a lo largo de 20 años, se convierten en los mejores. Pero es precisamente es en ese momento cuando dejan de aprender, contribuir, desafiarse y, por tanto, sentirse satisfechos con su trabajo.

Es en ese punto de inflexión de sus carreras cuando todavía quedan por enfrentar otros 20 o incluso 25 años de vida laboral. Este es el motivo, según Drucker, por el cual gestionarse debe llevar a plantearse la posibilidad de empezar una segunda carrera. Esto requiere entonces tener la mente alerta, atenta para identificar cuándo y dónde cambiar de trabajo.

La vida laboral, según Drucker, requiere compromiso durante unos 50 años. Por eso, identificar el modo en el cual generar un cambio vital es, a criterio personal, una de las innovaciones más importantes de cualquier ejecutivo eficaz.