HARVARD BUSINESS REVIEW

Con ayuda de la ciencia, es posible reinventar y fortalecer la economía de un país

Países deben evitar especulaciones como la sufrida por México ante la elección de Trump

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El peso mexicano cayó inicialmente un 13% en su cotización después de la sorpresiva victoria de Donald Trump sobre Hillary Clinton en la elección presidencial. Fue la peor caída para esta moneda desde la crisis económica de 1994.

El Presidente-electo Trump ha amenazado con romper y renegociar el Tratado de Libre Comercio para América del Norte, el principal tratado de libre comercio de México, y el acuerdo Trans-Pacífico, que habría enlazado a México en un acuerdo de comercio con los Estados Unidos y otros 11 países, ahora está prácticamente muerto. Ciertamente estos obstáculos dañarán la economía de México. Sin embargo, la actual estrategia económica mexicana, basada en el comercio, no necesariamente produciría resultados diferentes a largo plazo.

Aunque es entendible que los mercados de valores y moneda reaccionaran a la elección, creo que la caída del peso fue una sobrerreacción. La economía mexicana necesitaba entrar en una nueva era, sin importar quién fuera el próximo presidente de Estados Unidos.

El entendimiento convencional de los diseñadores de políticas públicas y de los académicos es que el camino hacia adelante para los países en desarrollo consiste en integrarse a cadenas globales de valor ya existentes, principalmente realizando labores de bajo valor agregado.

De acuerdo con esto, México se ha enfocado en reducir costos en la minería, la agricultura y la manufactura, y en desarrollar servicios relativamente poco sofisticados, como los call centers.

La idea es que los trabajadores eleven su nivel de habilidad y eventualmente demanden salarios más altos a cambio de trabajo más sofisticado.

El problema con este enfoque de hacer es que compite en una carrera hacia el fondo: bajos costos, alto volumen y entrega rápida. Los trabajadores están atrapados en la pobreza, y cuando la región no puede cumplir con las nuevas demandas de costos más bajos, las compañías extranjeras emigran y se llevan los trabajos con ellas.

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Los países que toman este enfoque se subordinan al conocimiento generado externamente, (la generación de ese conocimiento es) lo que yo llamo un enfoque de pensar. Por ende se exponen aún más a la volatilidad de la inversión extranjera directa.

Sin embargo, hay otra forma: una estrategia de carrera hacia la cima, el enfoque de pensar . Para ilustrarla, tome como ejemplos a la manufactura chilena de cobre, la industria lechera de Nueva Zelanda y la fabricación de acero en el país Vasco.

Chile es el mayor productor de cobre a nivel mundial. Para lidiar con las variaciones cíclicas en el precio, la industria brincó hacia el sector de servicios médicos –una clara salida de la trampa de las mercancías–. Un metal más conocido por su conductividad eléctrica ahora es usado por sus propiedades antimicrobianas.

Cuando la Environmental Protection Agency de los Estados Unidos reconoció al cobre como un metal antimicrobiano, los conglomerados mineros y las universidades públicas de Chile se enfocaron en mejorar el desarrollo de la industria. Un hospital probó el cobre y las aleaciones de cobre en materiales médicos y superficies que requieren de un manejo constante.

La meta era encontrar formas de combatir el esparcimiento de infecciones.

Nueva Zelanda es el mayor exportador de productos lácteos a nivel mundial. En la década pasada, el país ha alcanzado sus mayores niveles en cuanto a productos sofisticados, creados con base en la leche, un crecimiento que en el 2015 ayudó a elevar el producto interno bruto per cápita a su nivel más alto en la historia.

La investigación biotecnológica y las actividades de desarrollo en algunas de las universidades del país han elevado la complejidad y el nivel de la producción de la industria.

Por ejemplo, los programas de crianza han desarrollado vacas que producen leche baja en grasa y alta en aceites Omega-3.

Nuevos métodos de procesamiento llevaron a ingredientes de leche orgánica e incluso se ha fabricado fórmula para bebés con base en la leche de cabra.

Los granjeros de leche también han tenido acceso a mejores métodos de producción y practicas empresariales.

En la década de 1990, el país Vasco, región autónoma en el norte de España, tenía una tasa de desempleo de cerca del 25% y un ingreso per cápita de aproximadamente 13.000 dólares. En menos de dos décadas, la región logró el pleno empleo y aumentó a más del triple su ingreso per cápita. Los líderes locales dirigieron esto al mejorar el valor de la industria del acero.

Hoy más de la mitad de los trabajadores de la región están empleados en el sector industrial. Los líderes regionales de la industria del acero han minimizado su exposición a la volatilidad en los precios al enfocarse en innovaciones de productos y procesos. Ellos respaldaron localmente la investigación y la innovación. Estos esfuerzos llevaron a un incremento en los valores de exportación, incluso cuando se incrementaron los costos laborales.

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He identificado cinco rasgos de esta estrategia de la carrera hacia la cima:

Enfocarse en los segmentos de mercado de alto valor. En Nueva Zelanda, las pequeñas cooperativas lecheras han desarrollado productos especializados, como lípidos complejos y la primera leche de cabra con un tiempo largo de caducidad, y los vascos hicieron acero para naves espaciales en lugar de tratar de producir el más barato.

Profundizar la ciencia detrás del negocio. Los centros chilenos de investigación y desarrollo estudiaron la habilidad del cobre para limitar el esparcimiento de los patógenos. Una iniciativa neozelandesa fabrica etanol a partir de un flujo de desperdicio del procesamiento de leche.

Expandirse a más productos e industrias. Las propiedades antibacteriales del cobre ahora se aplican a equipo para el procesamiento de alimentos y filtros de aire acondicionado.

Las compañías vascas han desarrollado nuevas aplicaciones de maquinaria de acero y productos terminados, como elevadores y escaleras eléctricas.

Orquestar la cooperación público-privada a través del desarrollo de políticas. El Acuerdo Económico Vasco, de 1981, sentó las bases para que el gobierno regional y el sector privado introdujeran nuevas políticas de competitividad. Estas crearon nuevas instituciones sin fines de lucro y contribuyeron a la aplicación de tecnologías innovadoras, el desarrollo de nuevos productos, un sistema de educación avanzada y una infraestructura sofisticada.

Obtenga ideas a través de la inversión extranjera directa. Trabajar con el sistema de la University of California mejoró las exportaciones de Nueva Zelanda al armonizar de mejor manera a los granjeros, las organizaciones sin fines de lucro y el gobierno, para elevar la productividad de las granjas.

Tomar un enfoque de pensar introduce un círculo de desarrollo que es más sustentable y ventajoso para la población en general. Sin embargo, lograrlo requiere el conocimiento de una contraparte en el mercado desarrollado. Los mercados desarrollados y emergentes necesitan un cambio en las relaciones. En el largo plazo, las economías a lo largo del tablero se benefician enormemente.

Cada geografía del mundo posee características que pueden ayudar a las naciones a encontrar un sendero de desarrollo y valor agregado. La pregunta correcta en términos de política pública no es si entrar en la cadena global de valor, sino cómo crear una cadena de valor original.

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Para México, sugiero observar a la industria del aguacate. Los aguacates son un ejemplo clásico de la antigua trampa de los productos. México tiene el clima perfecto para cultivarlos; pero puede hacer más que solo aprovechar la naturaleza.

La campaña de Avocados From Mexico ha ayudado a la industria aguacate Hass a expandirse rápidamente en los Estados Unidos. Sin embargo, yo preguntaría: ¿Qué más puede hacer la industria del aguacate? ¿Cómo puede profundizar la ciencia detrás de su producto?

¿Cómo puede expandirse hacia nuevos productos e industrias? ¿Cómo puede obtener ideas de la inversión extranjera directa? Estas son las preguntas que los líderes empresariales deberían hacerse a lo largo de muchas industrias en México. Y eso es por lo que, para la economía mexicana de largo plazo, la pregunta de quién será el próximo presidente de Estados Unidos nunca fue crucial.

© 2017 Harvard Business School Publishing Corp. Distribuido por: The New York Times Syndicate

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