ENTREVISTA CON JUAN DAVID ORDÓÑEZ, CONSULTOR DE HAPPY BUSINESS

¿Por qué debe interesarle fomentar la felicidad entre sus colaboradores?

El tiempo que se dedica al trabajo es mucho y los momentos felices son pocos, afirma experto

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Las empresas más exitosas invierten en el desarrollo de su talento: capacitan a la gente en habilidades específicas y útiles para el trabajo y el liderazgo. Pero, ¿se imagina una inversión para entrenar al equipo sobre cómo ser más feliz?

La “ciencia de la felicidad” tiene sus raíces en la década de los 90, cuando se comenzó a investigar la cordura desde la sicología positiva y se sentaron las bases para aplicar estrategias de felicidad en el trabajo.

Uno de los entes académicos precursor del movimiento fue la Universidad de Harvard, con una cátedra de felicidad enfocada en el liderazgo. Esta experiencia sensibilizó a otras casas de enseñanza y al empresariado para ver la felicidad, primero, como algo que se puede enseñar, y luego como una estrategia cuyo retorno de inversión es medible.

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El consultor en felicidad Juan David Ordóñez asegura que con frecuencia enfrenta escepticismo de directivos, quienes perciben la felicidad como tema ligero o creen que para obtenerla debe haber ausencia de adversidad.

“Con nuestro trabajo, logramos aterrizar el concepto de felicidad a la vida cotidiana, para cambiar la idea de trabajar y procurar el éxito para lograr la felicidad. Eso se invierte para preocuparse primero por ser feliz en la vida cotidiana y entonces el éxito va a llegar por añadidura”, afirma el especialista.

EF conversó con Ordóñez sobre el sentido y la utilidad de los programas Happy Business en las empresas.

Cuando se proponen consultorías de felicidad a las empresas, ¿de qué estamos hablando?

Lo primero, de un cambio en la percepción de los trabajadores: antes la gente esperaba que la felicidad se la diera la empresa, y lo que se hace en una intervención de felicidad es trabajar al individuo para que entienda que esta condición está dentro de cada uno de nosotros, no fuera.

“Y lo segundo es el ejercicio de la coherencia: si yo estoy hablándole a mis empleados de felicidad, como concepto integral –no hay una felicidad en el trabajo, una en el deporte y otra en la casa, por ejemplo–, eso tiene que venir de arriba hacia abajo, tiene que ser parte de la cultura.

“Y no es que la conducta se imponga, sino que las personas que están arriba también entren en el concepto de felicidad, porque cuando la gente renuncia lo hace más por sus jefes que por las organizaciones. Entonces, el ejemplo es la herramienta más fuerte cuando hablamos de cambios y de inspirar acción. Si las personas de arriba no están dando ejemplo, la cosa no funciona”.

¿Por qué esto es relevante?

Entre el 60% y el 80% de nuestro tiempo despierto lo dedicamos a trabajar, y los momentos felices que me genera el trabajo son muy bajos, según los estudios. En mis conferencias, le pido a la gente que piense en los tres momentos más felices de su vida y luego que levanten la mano quienes pensaron en algún momento relacionado con el trabajo. De un grupo de 100 personas, 2 levantan la mano.

¿Cómo se desarrolla la capacidad de la gente para ser feliz?

Con la entrega de herramientas para gestionar la felicidad individualmente, la persona va a impactar positivamente todo su entorno, va a ser un mejor miembro de equipo en su tiempo libre, en su familia y, por supuesto, en el trabajo. Y ahí es donde empieza a interesarnos como empresarios el tema de la felicidad, porque se busca, finalmente, generar más utilidades y que haya una métrica con indicadores de desempeño asociados con productividad.

¿Es una de las medidas de adaptación de las empresas a las demandas de los millennials?

Parte de lo que se busca con estas estrategias es la atracción y retención de talento. Con los millennials, esto es difícil, y tener un buen clima laboral, una compensación ajustada al promedio de la industria y trabajar beneficios o salario emocional, son las bases para lograrlo. Pero, en realidad, son medidas para la totalidad de los colaboradores, porque se adaptan a cada individuo.

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¿Cómo se selecciona el asesor de felicidad más adecuado para los objetivos de cada empresa?

Una de las cosas que hace la diferencia es el origen. Aquí en Costa Rica, no hay muchos speakers de felicidad, pero en Colombia sí. Allá mucha gente se dedica al tema de autoayuda y superación, que está bien, y desde ahí hablan de felicidad. En mi caso, soy administrador de empresas, empresario y adicionalmente soy profesor de Happy Business de la universidad CESA (Colegio de Estudios Superiores en Administración), entonces el enfoque es diferente. Eso se debe tener en cuenta al elegir un consultor.

¿Cuáles son las principales dudas que tienen las empresas?

Siempre hay una pregunta interesante y es si la felicidad es una moda, como todo esto de la autoayuda y demás. Pienso que la felicidad es una moda que vino para quedarse, porque es parte fundamental del bienestar y, como ya conversamos, es medible y se traduce en productividad.

¿Cuándo se pueden medir los resultados de una consultoría en felicidad?

Se empieza cuando todos los temas asociados con felicidad pueden ser cuantificables. Como estamos frente a un consumidor empresario, el tema de la felicidad más que el abordaje liviano, se debe sustentar con data. Eso permite que se llegue a las conclusiones utilizando el método científico, con muestras representativas y no desde puntos de vista subjetivos que puedan cambiar de consultor en consultor.

“La aplicación de las técnicas de Happy Business no se da según el criterio de quien lo esté hablando, sino con base en estudios científicos. Eso sí, se debe ajustar a la realidad de cada operación y elegir métricas adecuadas”.

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¿El resultado, entonces, es desarrollar una habilidad?

Así es. Es un tema de manejo de emociones, y hoy en día, aunque hay cargos muy técnicos y todos requieren conocimiento, lo que realmente está haciendo la diferencia es la capacidad de la gente para relacionarse en forma positiva. Los procesos de selección están cambiando y el peso que se le está dando a la formación no está siendo tan relevante como en épocas pasadas.

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