9 junio, 2013

-En mi infancia, los restaurantes italianos no incluían polenta en sus menús, pero tuve la fortuna de conocerla desde muy pequeña, ya que mi tía Yolanda, hermana menor de mi madre, estaba casada con Pío Albónico, un caballero suizo-italiano que le enseñó a prepararla . Ella la hacía deliciosa y la acompañaba de una lengua en salsa inolvidable. Por aquellos tiempos, el producto se traía de Europa y era imprescindible una olla de cobre.

-Ahora ya hay algunos establecimientos –pocos– que la ofrecen en su carta, y hay versiones instantáneas, en caja, en algunos supermercados.

-No obstante, todavía es poco conocida. El nombre viene del griego “poltos”, unas gachas de agua con cebada. Más tarde aparece en libros de cocina del Renacimiento, elaborada con harina de trigo o de otros cereales, cocidos al fuego con agua.

-Con el cultivo del maíz en Europa, en el siglo XVI, se pasa a hacer, principalmente, con harina de este grano.

-La forma de prepararla va desde una especie de puré grueso, más o menos consistente (que se sirve con diferentes salsas o guisos por encima), hasta rebanadas fritas o piezas horneadas .