Por: María Luisa Madrigal.   21 octubre

La propuesta original que el Gobierno pretendía llevar al Fondo Monetario Internacional (FMI) era insuficiente. Esa fue la conclusión a la que llegó el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), tras estudiar la propuesta que el Gobierno tuvo que retirar por falta de apoyo.

EF conversó con Lourdes Molina, economista sénior del Icefi, para analizar qué cambios son necesarios en la propuesta inicial de negociación con el FMI y por qué la situación del país es tan precaria si se compara con el resto de la región.

4/10/2020. El presidente Carlos Alvarado afirmó que su gobierno "redoblará esfuerzos" para disminuir el gasto público. Foto: Captura de pantalla del canal de Youtube de Casa Presidencial

¿Por qué la propuesta inicial que presentó el Gobierno era insuficiente?

— Había medidas que se planteaban que suenan interesantes para el debate, como el incremento al impuesto a la propiedad, la eliminación de ciertos incentivos o el combate a la elusión. Ahora bien, el rendimiento que esas medidas le daban al Gobierno de acá a 2024, era insuficiente para los problemas de sostenibilidad que Costa Rica viene arrastrando desde hace años.

Desde Icefi lo hemos advertido. Lo advertimos incluso cuando se aprobó la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas (9635), que en un período de dos a tres años iban a tener que volver a discutir sobre otra reforma. Vino la COVID-19 a acelerar ese proceso. Ya no fueron tres años, sino que fue año y medio y se vieron nuevamente forzados a discutir reformas y nuevos acuerdos fiscales de carácter integral.

¿Por qué dice que el rendimiento es insuficiente?

— El rendimiento que se espera de las medidas no responde a los desafíos estructurales.

Por ejemplo, Costa Rica tiene un marco legal que les permite a ciertos sectores el no pago de impuestos, que asciende alrededor, según cifras del Ministerio de Hacienda, de 5,7 puntos del Producto Interno Bruto (PIB).

En la propuesta se estaba únicamente proponiendo revisar algunos de esos gastos tributarios, y el rendimiento que se esperaba era apenas del 0,5% del PIB.

Lamentábamos que esto fuera tan bajo y que la administración pública no estuviera dispuesta a revisar esos privilegios fiscales porque de acuerdo con nuestras propias estimaciones, con solo eliminar privilegios fiscales con incentivos que tienen costos más altos que los beneficios, se podría lograr alrededor de 2,5% del PIB.

¿En Centroamérica, es la condición de Costa Rica la más peligrosa?

— El problema más grande de Costa Rica es la sostenibilidad de su deuda. Va creciendo año con año porque sus ingresos no son suficientes para cubrir sus gastos. Esto se traduce en que cada año, en cada presupuesto, la partida presupuestaria para el servicio de la deuda, es decir, el pago de intereses y amortizaciones es cada vez más grande. En ese sentido Costa Rica únicamente se ve superada por El Salvador, por sus niveles de deuda.

Mientras Costa Rica ahorita con la pandemia llegaría a 70% del PIB, El Salvador hace mucho rato pasó ese umbral y se espera que cierre ahorita con una deuda pública del 90% del PIB. Pero, en temas de sostenibilidad de la deuda, El Salvador y Costa Rica se van a los penales de quién está más complicado.

Esto no es algo nuevo. Ya llevamos varios años señalando que las tendencias que se observaban, eran cada vez más preocupantes. Lo que nos dicen los indicadores es que entre más se espere Costa Rica en tomar acciones para garantizar la sostenibilidad de la deuda, más complejo es lograrla.

Sin embargo, en Costa Rica la sociedad considera que se pagan muchos impuestos. ¿En comparación con la región cómo estamos realmente?

— Uno de los indicadores que se utilizan para ver qué tantos impuestos se pagan en un país es la carga tributaria. Esta nos dice cuánto de lo que se produce anualmente en un país, se paga en concepto de impuestos al Estado.

En Centroamérica los países en los casos más extremos son El Salvador, con una carga tributaria previo a la pandemia que se esperaba que fuera del 18,2% y al otro lado está Guatemala, que no solo es el caso extremo para la región sino para toda América Latina, con una carga tributaria de apenas el 10,4% que se espera que llegue a 9,8%.

Si vemos el resto de la región latinoamericana, la carga tributaria anda alrededor de un 23% y si nos vamos a los países más desarrollados anda alrededor de un 30% y en algunos países llega hasta el 40%.

Costa Rica se esperaba que para este año tuviera una carga tributaria de 13,2%, está en el promedio de Centroamérica. Lo que nos preocupa es que es una carga estancada, incluso con la reforma fiscal, igual a la del 2018.

¿Por qué a pesar de la reforma fiscal no crece la carga tributaria?

— Esto se atribuye mucho a las debilidades que la tiene la administración tributaria para efectivamente recaudar.

¿La propuesta que presentó el Gobierno era equilibrada?

— Un problema de las finanzas costarricenses, son sus altos niveles de evasión fiscal. La propuesta contenía medidas para poder solventar ese problema, sin embargo, la meta que se establecía la Dirección General de Tributación era apenas del 0,25% del PIB. Es una meta demasiado cómoda que no da respuesta a los altos niveles de evasión que tiene Costa Rica.

La idea de luchar contra la evasión es perfecta, pero si es solo 0,25% del PIB, resulta completamente insuficiente. Es más el gasto de tratar de implementar una medida de esa naturaleza para recaudar solo eso. Pero hay otros elementos que deben revisarse.

¿Por ejemplo?

— El que nos preocupa más es la insistencia de seguir apostando por una regla fiscal que está mal diseñada. Lo hemos advertido desde que se estaba discutiendo la reforma en 2018. Así como está, solo se traduce en mayores recortes del gasto público y no contempla ningún esfuerzo en materia de ingresos fiscales ni para abonar a la sostenibilidad de la deuda.

También es necesaria una reforma del Servicio Civil, de tal manera que el reconocimiento de derechos laborales de los funcionarios públicos sea en consonancia con la situación financiera de Costa Rica.

La deuda es lo que más ahoga las finanzas costarricenses. ¿Qué se contemplaba en este sentido en la propuesta gubernamental?

— La propuesta definitivamente carecía de medidas explícitas para la gestión de la deuda a pesar de que Costa Rica tiene una de las deudas más caras en la región centroamericana. No se incluía cómo se iba a gestionar, si se va a renegociar o reestructurar.

Costa Rica necesita cambiar tanto las tasas de interés, como los plazos y las condiciones que está pagando por su deuda. Deben hacer una reconversión completa de la deuda interna.

¿Qué pasa cuando el ingreso no alcanza para pagar los gastos?

A veces se dice que el Estado debería funcionar como un hogar, que el nivel de ingresos debería determinar el nivel de gastos, porque si no me termino endeudando. Esto limita el análisis.

Hay que cambiar esa lógica de que primero son los ingresos y después los gastos, porque primero hay que preguntarse qué tipo de país se quiere. Qué derechos se quieren garantizar y cuánto cuesta esto. En función de eso vamos a empezar a tributar. Esto no significa aumentar ingresos por aumentarlos, sino hacerlos con sentido de progresividad y justicia.