Por: Francisco Ruiz León, Josué Alfaro.   19 abril
Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y magnate de la construcción, es el presidente de la iniciativa con tintes disidentes de la UEFA. (Foto: AP)

12 clubes de fútbol de la élite en Europa anunciaron el domingo 18 de abril su decisión de crear un torneo propio y sin intermediarios: la ‘Superliga’. La idea era una competición entre sí mismos y otros ocho invitados que, auguraban en su anuncio, permitiría elevar la atracción y los réditos económicos para los participantes y el mundo del fútbol.

La idea dejó en shock al mundo deportivo desde entonces. Federaciones internacionales, entes gubernamentales e incluso una gran parte de la afición estalló en contra del proyecto, por considerarlo abusivo en favor de clubes que ya son potencias.

Ante tal escenario, el proyecto se desmoronó apenas 48 horas después de su anuncio, con la salida de la mayor parte de los fundadores.

Pero, ¿quién ganó y quién perdió con la por ahora fallida ‘Superliga’?, ¿qué deja la disputa no resuelta entre los principales clubes de Europa y los organismos oficiales del fútbol mundial? EF desmenuzó el caso.

¿Qué es la “Superliga”?

La Superliga la anunciaron 12 clubes europeos de élite europeos, como una nueva competición que incluiría a los 20 principales equipos de la región y arrancaría en agosto de este año. Los equipos se dividirían en dos grupos de 10 equipos cada uno, los cuales jugarían partidos todos contra todos, cada mitad de semana. Los cinco primeros de cada sector avanzarían a una fase de eliminación directa hasta llegar a una gran final, a partido único.

Este formato, según el presidente del Real Madrid y principal propulsor del proyecto, Florentino Pérez, ayudaría a dar mayor emoción a las competiciones europeas y, por supuesto, a aumentar los ingresos de los clubes para hacer frente a sus monstruosas obligaciones (salarios, infraestructura, contrataciones y deudas).

Al reducir la participación a los 20 mejores equipos, indicó, la Superliga planteaba aumentar la cantidad de partidos entre clubes de élite; es decir, aumentar el interés de anunciantes y de plataformas de difusión. Desde su unto de vista, partidos entre equipos más chicos no representaban una inversión rentable.

¿Quién lidera la idea de la Superliga?

La asociación la lideró desde un inicio Florentino Pérez, el magnate de la construcción, presidente del Grupo ACS y presidente del Real Madrid, que ya revolucionó el mundo del fútbol a inicios de los 2000, cuando accedió por primera vez a la presidencia del club español y se enfocó en profesionalizar sus finanzas y mercadeo.

¿En qué planteó diferenciarse la Superliga?

El proyecto se promocionó como una nueva gran competición, más selecta. Es decir, intentó plantar cara a la tradicional Champions League, organizada por la Unión de Federaciones Europeas de Fútbol (UEFA).

La primera gran diferencia que propuso y quizás la que generó una mayor tensión de poderes fue precisamente la separación de la UEFA. A diferencia de la Champions, la Superliga buscó mover la administración de la competencia de la federación oficial a los propios clubes, como ocurre en las principales ligas deportivas de Estados Unidos.

Además, buscó excluir a clubes menos atractivos, los cuales actualmente reciben réditos por su participación en competiciones como la Champions, pero no generan el mismo interés de la industria. La actual competición admite a más de 20 clubes adicionales de los 20 propuestos por la Superliga en su anuncio.

Solo entre 2018 y 2020, la Champions League dejó alrededor de 2.000 millones de euros a la UEFA por derechos de transmisión (unos $2.400 millones), según registró la agencia Reuters. La repartición del dinero es parte de la disputa.

¿Por qué avivó tensiones la Superliga?

La Superliga puso contra las cuerdas a la UEFA, como actual “administradora” del fútbol europeo. Su principal activo, los clubes más grandes del mundo, amenazaron con “independizarse”. También puso contra las cuerdas a los clubes más chicos, que actualmente se benefician de las competiciones regionales y locales en las que se relacionan con clubes más grandes y, aún ahora, pueden competirles.

Los organizadores de la Superliga afirmaron en su comunicado de salida que esperaban mantener conversaciones con la UEFA y la FIFA para buscar “las mejores soluciones” y continuar con su proyecto. Sin embargo, estas conversaciones nunca llegaron.

¿Quiénes integraron la Superliga?

Inicialmente, la Superliga contó con el respaldo de 12 equipos fundadores: los ingleses Arsenal FC, Chelsea FC, Manchester City, Manchester United, Liverpool FC y Tottenham Hotspur; los españoles FC Barcelona, Real Madrid CF y Atlético de Madrid; y los italianos Juventus FC, AC Milan y FC Internazionale.

También indicaron que se abriría espacio para otros tres equipos fundadores y otros cinco clubes adicionales, los cuales se clasificarían anualmente a través de su rendimiento en las ligas nacionales.

Sin embargo, poco a poco, se retiraron la mayoría de clubes. Primero lo hicieron los seis ingleses; luego el Inter y el Milan, y por último el Atlético de Madrid. Además, aunque no abandonó la competencia, el presidente de la Juventus y vicepresdente de la Superliga, Andrea Agnelli, llegó a asegurar que ahora veía “inviable” el proyecto.

Todos se retiraron en medio de las tensiones por críticas de aficionados, y negociaciones mezcladas con amenazas por parte de la UEFA.

A día de hoy, solo Real Madrid, Juventus y Barcelona se mantienen. La situación parece lógica porque el Madrid y la Juventus comandan la iniciativa, y porque el Barcelona necesita nuevos recursos ante una muy delicada situación financiera, así reconocida por el presidente del club, Joan Laporta. “Es absolutamente necesario que los clubes grandes digamos nuestra opinión respecto al reparto económico. Somos partidarios de las ligas estatales y hablaremos con la UEFA”, dijo en TV3, de Cataluña.

¿Qué dijeron la UEFA y las autoridades oficiales del fútbol?

La UEFA emitió un comunicado en el que calificó la Superliga como un proyecto “cínico”, basado en intereses propios de unos pocos clubes, “en un momento en que la sociedad necesita más solidaridad que nunca”. Este comunicado también lo firmaron las autoridades de fútbol españolas, inglesas e italianas.

Advirtieron que buscarían evitar la iniciativa por todos los medios legales y deportivos, con el apoyo de la FIFA. También agradecieron a los clubes franceses y alemanos por apartarse de la iniciativa y amenazaron a los participantes (jugadores y clubes) con vetarles de “cualquier competición doméstica, europea o mundial”.

También manifestaron su rechazo diversas figuras políticas. El gobierno británico incluso anunció que estaba considerando invocar la ley de competencia para bloquear la creación de la Superliga.

¿Cómo se financiaría la Superliga?

Los clubes fundadores buscaron financiamiento para el proyecto. El banco estadounidense JP Morgan participó del mismo, según confirmó un vocero de la entidad a la agencia de noticias EFE, sin dar mayores detalles.

Los organizadores aseguraron que los clubes fundadores se comprometían a adoptar un “marco de gasto sostenible”, a cambio de 3.500 millones de euros (unos $4.200 millones) en conjunto, para planes de inversión en infraestructura y compensar el impacto de la pandemia de COVID-19.

¿Efecto derrame?

La UEFA acusó a los organizadores de la Superliga de pensar únicamente en sus intereses; sin embargo, estos se defendieron diciendo que una mayor generación de recursos generados con la nueva competición no solo beneficiaría a los clubes integrantes, sino que también permitiría aumentar los “aportes solidarios” que se realizan a los clubes más chicos.

Actualmente, la UEFA distribuye “pagos de solidaridad” a las federaciones europeas de fútbol para los clubes que no participan en sus competencias, con el fin de financiar “programas de desarrollo juvenil y/o en sus comunidades locales”. Los organizadores de la Superliga alegaron que la nueva competición más bien permitiría aumentar esos aportes significativamente, “a lo largo del período de compromiso de los Clubes”, pero no indicaron mayores detalles.

¿Competencia desleal?

La idea de la Superliga fue analizada como competencia desleal (económica y deportiva) por parte de los equipos no fundadores. Por un lado, agrupar de manera definitiva a los clubes más poderosos implicaba aumentar su capital de manera desproporcionada y, por el otro, posibilitar que ese capital implicase distanciar aún más las posibilidades futbolísticas de cada grupo.

¿Qué pasó con las acciones de los equipos involucrados?

Inicialmente, las acciones de la Juventus se dispararon hasta un 19% una vez realizado el anuncio, de la Superliga, informó la agencia Reuters. No obstante, con el traspié del proyecto, volvieron a caer un 13,4% hasta este miércoles, según recogió Efe. Los equipos españoles no cotizan en la bolsa, pues son propiedad de sus socios.

¿Quién ganó y quién perdió con todo esto?

No existe una respuesta definitiva por el momento. La salida en falso de la Superliga dejó mal parados a los equipos fundadores, que no pudieron concretar su organización. Sin embargo, también logró evidenciar su disgusto –que para nada ha mermado– con la forma en que se reparten los ingresos que genera el deporte en Europa.

Tampoco se zanjan las diferencias mayúsculas entre los ingresos de clubes grandes y chicos, principalmente persistentes en Italia y España, donde existen menos regulaciones.

Entre tanto, el presidente del Real Madid y de la Superliga, Florentino Pérez, asegura que la idea de emprender una mega-competición sigue viva. Según dijo en el programa El Larguero, de España, ninguno de los integrantes de la iniciativa ha pagado el monto indicado en la cláusula de escape del proyecto, aunque no brindó detalles del mismo.