Por: Manuel Avendaño Arce.   28 enero
Las microempresas de los hogares pueden evolucionar y crecer hasta convertirse en pymes formales registradas ante diferentes instancias de Gobierno. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal (Imagen con fines ilustrativos).

La necesidad de ganar dinero o la identificación de una oportunidad de negocio propiciaron –en la mayoría de los casos– el nacimiento de 35.392 nuevas microempresas en el seno de los hogares costarricenses durante el 2019.

El año anterior se contabilizaron 396.796 nuevos micronegocios. La cifra representa un incremento del 9,8% con respecto a las 361.404 que se reportaron en 2018. Los datos se desprenden de la Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares (Enameh 2019), publicada este martes por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

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Pese al crecimiento interanual registrado en 2019, la cantidad de pequeñas empresas en los hogares del país todavía no alcanza el nivel del 2017 cuando se reportaron 417.934 unidades económicas de este tipo.

Luis Miguel Alfaro, coordinador de la Enameh 2019, explicó que el nivel de microempresas de los hogares registrado en 2017 es uno de los más altos desde el 2013.

“Es cierto que en 2019 se dio un crecimiento del casi 10%, pero todavía no llega a los niveles del 2017. Si nos vamos un poco más atrás con datos del 2013, 2014 y 2015, podemos ver que el año pasado se acerca al promedio”, agregó el vocero del INEC.

Las microempresas generaron el año anterior 678.938 puestos de trabajo entre los que se cuentan los propietarios del negocio. Ese empleo se distribuye en 72,8% en plazas permanentes y 27,2% en ocasionales.

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El reto de la formalidad

La medición del INEC considera que una microempresa del hogar es cualquiera que cumpla con tres características: no tienen cédula jurídica, no disponen de contabilidad formal, o la persona propietaria del negocio no cuenta con un salario fijo asignado mensualmente.

Alfaro recordó que la encuesta mide las unidades productivas que tienen condiciones de informalidad, pero si un pequeño negocio se registra ante una entidad pública o empieza a operar con un sistema contable formal, entonces sale del radar de la medición.

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Uno de los indicadores para determinar si existen mejorar en el largo y complejo camino hacia la formalidad es, por ejemplo, el uso de comprobantes de compra.

“Es interesante observar cómo creció el uso de la factura electrónica en este segmento de empresas. Para 2017 no se aplicaba este mecanismo, pero tuvimos un importante aumento entre 2018 y el año pasado, esto nos permite tener un termómetro en alguna medida de los esfuerzos por formalizarse”, comentó Alfaro.

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Los datos revelan que 79,7% de las pequeñas empresas no cuentan con registros contables formales, 96,8% no están inscritas ante el Registro Nacional con una cédula jurídica y 99,5% de los dueños de los negocios no tienen salario fijo asignado como trabajador independiente, cuenta propia o patrono.

La principal motivación para emprender un negocio es la necesidad, es decir, porque no encontraron trabajo asalariado, no tienen otra fuente de ingresos, desean mayor flexibilidad horaria o necesitan complementar el dinero que reciben cada mes. Esto ocurren en el 45,9% de los casos.

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Sin embargo, las motivaciones cambian de acuerdo con el género. El 56,1% de las mujeres inició su pequeño negocio por necesidad, mientras que el 42,3% de los hombres lo hizo porque identificó una oportunidad en el mercado para ganar dinero.

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Lejos de Banca para el Desarrollo

Casi cuatro de cada diez microempresas indicaron que su principal necesidad para mantenerse en el mercado y crecer es el acceso a crédito.

Llama la atención que el 55,5% de las pequeñas unidades empresariales conocen sobre el Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD), pero muy pocas logran acceder a este tipo de financiamiento.

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81,8% de los micronegocios no hicieron una solicitud de préstamo formal en los últimos cinco años. Del 18,2% que sí buscó recursos para crecer, 20,3% son del sector agro, 42,1% de servicios, 19,4% de comercio y 18,2% de industria.

En total 72.129 microempresas intentaron obtener un préstamo, la mitad lo hizo para el desarrollo de una actividad productiva y solo el 9,7% buscó opciones en Banca para el Desarrollo.

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De las pequeñas unidades de negocio que buscaron préstamo, ocho de cada diez lo obtuvo y solo el 1,1% se encuentra en trámite a la espera del dinero.

Los negocios de los hogares que se desempeñan en el sector servicios son los pudieron acceder a más crédito con un total de 25.680 empresas, mientras que los que apuntan a la industria registran menos éxito para conseguir préstamos, solo 9.501 negocios de este sector lo consiguieron.

El 39% de las microempresas que recibieron recursos para su actividad productiva los destinaron a la compra de activos como local, vehículo, maquinaria, equipo o herramientas; mientras que el 29,7% lo invirtió en la adquisición de mercadería o insumos.

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Cuatro de cada diez pequeños negocios de los hogares buscaron préstamos en la banca pública, 14,9% en prestamistas particulares, 14,7% en cooperativas, 12,9% en bancos privados, 11,6% en financieras o empresas de préstamos y el restante 4,2% a otras fuentes de recursos.

Cabe destacar que en el 60,9% de las empresas dedicadas al agro, en el 56,2% de servicios y en el 55,5% de comercio, los propietarios tienen conocimiento e información sobre el Sistema de Banca para el Desarrollo.

Detalles de la encuesta

La encuesta se realizó entre el 26 de agosto y el 25 de setiembre del 2019. Se aplicó a 3.275 unidades de estudio derivadas de todas las viviendas y sus hogares que fueron seleccionados con base en el diseño muestral de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho).

Estos hogares se consultas nuevamente para conocer la existencia de actividades económicas desarrolladas de forma independiente por los residentes de la vivienda.

El objetivo de la Enameh es recopilar información de las actividad productivas o negocios que realizan los hogares con el fin de generar indicadores clave para determinar su aporte a la producción nacional –medida por el Producto Interno Bruto (PIB)–, el empleo y otros factores que pueden contribuir con la generación de políticas públicas en el país.