Por: María Fernanda Cisneros.   4 enero
La producción será uno de los mayores retos del Gobierno para el 2019, pero los macroprecios representarán también desafíos. (Fotos: Mayela López).

El 2019 será un año retador. Esta es la principal característica que tendrá este año que apenas comienza.

El principal desafío será lograr un dinamismo de la economía por encima del 3%, cifra que hasta hace poco no representaba mayor lucha para el país, pero hoy sí lo es.

Además, lidiar con las presiones al alza en las tasas de interés y del precio del dólar –nuevamente– no será asunto fácil.

Se trata de un periodo histórico para el país, pues después de múltiples intentos por reformar las finanzas públicas, el Gobierno logró aprobar una ley con este objetivo y la parte pesada de su implementación llegará en 2019.

El lado positivo, el alivio de la deuda y del déficit fiscal llegarán hasta dentro de unos años, y el camino para llegar a ese momento será la parte más cruda.

El proceso del ajuste fiscal generará costos en el crecimiento económico e inclusive en algunos macroprecios. Al final, todo esto dependerá de cómo gestione la Tesorería Nacional los pocos recursos disponibles que tiene cada mes.

Las alternativas de fondeo que logre obtener el Gobierno representan un aspecto fundamental, de forma tal que no presione la subida de las tasas de interés del mercado local. Eso fue lo que pasó en el 2018.

Ahí es donde entra en juego la intención de emitir nuevamente bonos de deuda soberanos (eurobonos). Según ha explicado el Ministerio de Hacienda, no se trataría de un permiso libre de responsabilidades, sino que existiría un compromiso para que se acuda al mercado externo.

Si Hacienda quiere fondearse en el exterior, deberá cumplir con exigencias del Congreso: la principal es la regla fiscal.

La inflación también tendrá presiones al alza el próximo año, principalmente por arrastrar los efectos de la subida del precio del dólar ocurrida en el segundo semestre del 2018.

Tras la aprobación de la reforma fiscal, el ambiente mejoró. Sin embargo, la implementación de esta ley y el resto de medidas que aplique el Gobierno para impulsar la economía, contener el gasto y mejorar los ingresos del Estado determinarán en gran parte si la confianza se recuperará por completo.

Las decisiones de empresas y consumidores se basan en expectativas. Las previsiones de cómo se comportará la economía y los efectos de esta en sus finanzas son las que terminan de dictar cuál será el rumbo de sus inversiones y consumo.

Esto explica en gran medida el comportamiento de la economía en 2018, e inclusive en 2017.

La incertidumbre, generada por el déficit fiscal así como por el periodo electoral, llevó a los agentes económicos a posponer inversiones y decisiones de compra, lo que redujo el dinamismo de diversos sectores.

El 2018 fue un año ácido para la banca en cuanto a la colocación de créditos y las ganancias que obtuvo, pero también lo fue para el mercado de valores y en general, la mayoría de actividades económicas vieron caer su crecimiento. El comercio fue ejemplo de esto.

En adelante, las presiones del déficit en los indicadores económicos de Costa Rica se desvanecerán hasta que la reforma empiece a dar frutos, y según los mismos cálculos del Banco Central esto ocurriría hasta el 2023.

En ese año, el déficit detendría su crecimiento gracias a la implementación de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas.

Serían cuatro años de espera en los que el Gobierno debe buscar una salida para reducir su apetito por recursos en el mercado local, los cuales lo han llevado a presionar las tasas de interés al alza.

¿Qué pasará con la producción, el tipo de cambio, la inflación y las tasas de interés? A continuación, el detalle de las previsiones para cada uno de ellos.

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Producción

La producción mostró una tendencia a la desaceleración en 2018 y en 2019 se mantendrá estancada en niveles que podrían inclusive estar por abajo del 3% en la variación del Producto Interno Bruto (PIB).

Este, según economistas, será uno de los mayores desafíos de Costa Rica.

La implementación de la reforma fiscal le hará más difícil al Gobierno reactivar la economía. Mientras, los empresarios tienen la esperanza de que, con la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas aprobada, la administración Alvarado Quesada pueda enfocarse en acciones para dinamizar una economía desacelerada.

La mayoría de expectativas por parte de las entidades financieras ubican al PIB con un crecimiento entre 2,3% y 3%.

Los pasos que den las autoridades económicas para asegurar la consolidación fiscal, la inversión interna y externa llevarían al país a una senda de mayor crecimiento económico para la segunda parte del año, afirmó Melvin Garita, gerente a. í. de BN Valores.

El consumo de los hogares redujo su dinamismo en 2018 y esto podría repetirse si la población mantiene dudas sobre las medidas aplicadas por el Gobierno.

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Tipo de cambio

Las necesidades de recursos de Hacienda para atender sus obligaciones lo hicieron generar presiones en el mercado de divisas a lo largo del 2018, y ese apetito por recursos no cesará en 2019.

Así, las presiones se mantendrán en 2019, pero varios factores podrían cambiar el curso del precio del dólar a lo largo del año.

La trayectoria del tipo de cambio estará condicionada por intervenciones que haga BCCR, el riesgo local producto de la situación fiscal y la entrada de flujos de inversión de portafolio por una posible emisión de eurobonos, según lo describe la firma Aldesa.

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Las previsiones de entidades financieras lo ubican en un promedio similar al actual (unos ¢600 por dólar), inclusive con movimiento a la baja o al alza que pueden rondar el margen de los ¢10.

La devaluación del colón prevalecerá, pero podría darse en menor magnitud respecto al 2018.

Las estimaciones de las entidades financieras prevén que la depreciación del colón sería de un mínimo del 3%.

El año pasado el precio del dólar asustó a una gran porción de deudores, principalmente a quienes poseen préstamos en dólares y reciben sus ingresos en colones.

Fue un año en el que el consumidor financiero empezó a interiorizar un factor de riesgo al que no le tomaba mucha importancia antes: el tipo de cambio.

Se llegó a pagar ¢628 por cada dólar, lo que se tradujo en una devaluación (pérdida de valor) de la moneda nacional del 10%.

Las necesidades de recursos de Hacienda, lo llevaron a pasar de ser un vendedor de dólares a una posición de comprador en el mercado de divisas.

Inflación

La subida del precio del dólar generó otros efectos, y la presión al alza el Índice de Precios al Consumidor (IPC) fue uno de ellos.

Las expectativas del 2019 dictan que la devaluación no comprometerá el comportamiento de los precios. Por tanto, la inflación se ubicará dentro del rango meta, pero será mayor a la registrada en el 2018.

A noviembre, la variación interanual del IPC fue de 2,29%, pero algunas previsiones la sitúan en 3,5% para el cierre del 2019.

Estas presiones fueron previstas desde hace varios meses.

En 2018, las estimaciones del Banco Central dictaban que a futuro (en 2019) los precios serían llevados inclusive por encima del límite superior del rango meta (ubicado entre 2% y 4%) por esta y otras causas, por lo que anunció la subida de su tasa de referencia para atenuar esas fuerzas.

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La Tasa de Política Monetaria (TPM) pasó a 5,25% luego de un incremento de 25 puntos básicos. Esto ocurrió aún cuando la inflación se mantenía en el límite inferior del objetivo del Central.

Cuando el Central mueve su tasa de referencia, no influye sobre la tasa inflacionaria actual, sino sobre la que tendrá el país dentro de un año, explicó Rodrigo Cubero, presidente del Banco Central.

Por esta misma razón, las decisiones de política monetaria deben basarse en el pronóstico de inflación futura y no del comportamiento que tiene la inflación hoy.

El tipo de cambio sigue presionado y esto mantendrá en alerta al BCCR.

Al respecto, el Central ha dicho que mantener los precios estables y dentro del rango meta es su principal objetivo.

En una entrevista con EF, el 31 de octubre del 2018, Cubero, explicó que la devaluación del colón podía presionar al alza la inflación, razón por lo que la institución monitoreaba ese factor de cerca y cuando lo considerara prudente, acudiría a subir la TPM para mitigar el impacto.

Tasas de interés

Al igual que en el resto de indicadores, el panorama de las tasas de interés estará definido en gran parte por el acceso del Gobierno al fondeo externo.

Si se logra traer recursos del exterior, llegaría una normalización de los niveles de las tasas de interés reales e inclusive la curva soberana puede tener un ajuste a la baja.

Si esto no se concreta, las presiones serán mayores puesto que la deuda estatal continuará al alza y Tesorería necesitará acudir fuertemente al mercado local en busca de más dinero.

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Para hacerlo, tendría que mantener su estrategia de subir las tasas de interés con tal de que el mercado asuma el riesgo de invertir en bonos públicos.

También, hay que tomar en cuenta que por las expectativas de devaluación y el aumento de las tasas de interés en dólares el premio por invertir en colones, tanto interno como externo, está en terreno negativo generando presiones por aumentar las tasas en colones para hacer más atractiva la inversión en esta moneda, comentó Silvia Jiménez, gerenta de inversiones de Mercado de Valores.