Por: María Esther Abissi.   2 enero

La reciente volatilidad del tipo de cambio, la gestión de la deuda y una creciente presión externa por el aumento de precios de las materias primas, son los factores que presionarían los precios durante los primeros meses del 2019.

El incremento reciente del tipo de cambio entre octubre y noviembre generó un aumento en las perspectivas de variación cambiaria, acelerando las expectativas inflacionarias. (Foto: John Durán).
El incremento reciente del tipo de cambio entre octubre y noviembre generó un aumento en las perspectivas de variación cambiaria, acelerando las expectativas inflacionarias. (Foto: John Durán).

Tanto el índice general que mide la inflación, como la inflación subyacente se encontraban en noviembre en niveles ajustados a la banda inferior del rango meta, una tendencia alcista podría presentarse si continúan los incrementos en el precio del dólar en el mercado interno y una gestión de deuda con influencia al alza en las tasas internas.

A noviembre, la variación interanual del Índice de Precios al Consumidor se ubicó en 2,29%, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos.

El mayor peso en la variación de la inflación en noviembre fueron los boletos aéreos, los paquetes turísticos, el plátano, la cebolla, la papa y las llantas, así como los servicios de entretenimiento y cultura.

Al mismo tiempo, uno de los índices de la inflación subyacente (exclusión fija por volatilidad), que representa el indicador sin los eventuales factores estacionales y volatilidades que podrían alterarla, se ubicó en 1,9%. Este índice muestra una tendencia creciente desde junio pasado.

Ambos indicadores se encuentran en los límites inferiores al punto medio del rango meta del Banco Central, de 3%.

En el Comentario de la Economía Nacional, publicado en noviembre pasado, la entidad monetaria explicó que el indicador cumplió 13 meses de estar contenido dentro del rango, mientras que el subyacente se encontraba por sexto mes por debajo de este, como consecuencia de la desaceleración de la demanda interna y de la actividad económica, que presiona a la baja la inflación.

Pese a esto, el incremento del tipo de cambio entre octubre y noviembre generó un aumento en las perspectivas de variación cambiaria, lo que aceleró las expectativas inflacionarias.

Las posibilidades de mayores precios son también percibidas por los consumidores.

De acuerdo con el Índice de Confianza del Consumidor, calculado por la Universidad de Costa Rica, 51% de los consumidores espera que su capacidad de compra se vea reducida en los próximos doce meses, reforzando la percepción de una pérdida del poder adquisitivo en el futuro.

En el último mes, 57% de los bienes y servicios que integran la canasta básica aumentaron de precio, mientras que solo 34% bajó y el restante se mantuvo, según el INEC.

Ante los indicios de aceleración de la inflación, el 31 de octubre la Junta Directiva del Central dispuso aumentar la tasas de política monetaria en 25 puntos base, para ubicarla en 5,25%.

Horizonte de presiones

El principal indicador que muestra tensiones futuras sobre la inflación es el tipo de cambio.

El precio del dólar, que había mostrado cierta estabilidad durante los primeros seis meses del año, cambió su curso para iniciar una tendencia al alza.

Este fenómeno puede explicarse, en parte, por la incertidumbre fiscal y por la tensión que generó Hacienda en el mercado de divisas para financiar el déficit.

“Las expectativas generadas por la monetización del déficit a raíz de los contratos de colocación se tradujeron en presiones adicionales”. Melvin Garita, economista.

Además, existe un efecto de traspaso de los movimientos del dólar entre abril y mayo del 2017 y los más recientes de este año hacia los precios internos y las expectativas.

De acuerdo con la encuesta del Banco Central sobre las perspectivas futuras de los macroprecios, en junio pasado el mercado, en promedio, esperaba una inflación de 3,5% dentro de 12 meses, mientras que a octubre la expectativa para el mismo periodo ya era de 3,9%.

En noviembre pasado, el resultado de la encuesta que hace el BCCR mostró un paso más en la tendencia de la expectativas, pues la variación interanual esperada es de 4,2%, porcentaje que por primera vez se sale del rango meta en los últimos 27 meses.

Para Mauricio Hernández, gerente de Prival Securities, hacia finales de este año los impulsos que tuvo la inflación fueron precisamente los incrementos del precio del dólar.

“El Banco Central dejó flotar la divisa y eso impactó el tipo de cambio y con ello la inflación. De no ser de esta manera y con mayor intervención del Central, el dólar se hubiera controlado y con él, el nivel del índice de precios”. Mauricio Hernández, gerente de Prival Securities.

Las presiones externas jugarán también un papel fundamental en el 2019.

El hecho de que las materias primas suban de precio forzarían los precios de producción y por ende la inflación.

Uno de los precios a los que hay que prestar especial atención en el 2019 es el petróleo, debido a los anuncios del recorte de la producción petrolera por parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Durante los primeros días de diciembre, la OPEP acordó un recorte provisional de la producción de petróleo en 1,2 barriles por día a partir del 1 de enero por un periodo de seis meses.

A partir de enero, la producción de los países exportadores de petróleo será de 800.000 barriles por día y de 400.000 para los países fuera de la OPEP, un total de 1,2 millones de barriles al año.

Desde octubre, el precio del petroleo se desplomó 30% por la desaceleración de la economía mundial, por lo que la organización decidió eliminar la sobreoferta para frenar la caída, elevando los precios.

Aunque todavía no se han mostrado efectos en los indicadores locales, el incremento podría elevar las perspectivas.

Apenas se dio la noticia, los precios del crudo se dispararon un 4% en los mercados internacionales.

Dos caminos para el 2019

Para los próximos meses se vislumbran dos caminos dependiendo de las condiciones que se den en el mercado local e internacional.

Por un lado, si se da un incremento en el tipo de cambio y un repunte en la confianza de los consumidores que impulse la demanda interna, las presiones podrían afianzarse.

Otra de las expectativas será si se presentan tensiones fiscales adicionales que promuevan mayores tasas de interés en el 2019.

Según explicó recientemente la ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, en el 2019 la meta es que el Gobierno se siga financiando en el mercado interno, esto mantendría la presión al alza sobre las tasas y alejaría el indicador de inflación del borde inferior del rango meta.

La entrada en vigor de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas es otro de los factores que presionará los precios, aunque no se prevén claros efectos inflacionarios porque el incremento en los costos puede más bien contraer la demanda interna.

Caso contrario sería que el Gobierno Central pudiera emitir nuevos bonos de deuda soberanos en el mercado internacional (eurobonos) durante el 2019, trayendo liquidez al mercado y reduciendo la tensión.

Sin embargo, esta posibilidad se abriría para el segundo semestre del año y depende de la aprobación de una ley que autorice ese endeudamiento.

Uno de los puntos claves será también que la autoridad monetaria logre reponer sus reservas internacionales perdidas durante los movimientos recientes del precio del dólar.

Ante este escenario, las tensiones se reducirían.

Otro elemento por considerar serán los efectos del uso eficaz de la política monetaria y las herramientas de contención.

Si el BCCR continúa utilizando la Tasa de Política Monetaria para contener los movimientos inflacionarios, es posible que logre mantener un índice de precios bajo y estable aún cuando se den presiones internas o externas.