RSE en el corazón del negocio


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Latinoamérica enfrenta retos sociales, económicos y ambientales para mejorar la calidad de vida de más de 500 millones de habitantes.

Si bien la región creció a buen ritmo desde la década de 1980, los empresarios no lograron capitalizar esta etapa para aumentar la eficiencia al producir.

Entonces, ¿por qué es relevante que las empresas revisen sus estrategias de responsabilidad social empresarial (RSE)?

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Además, la baja en los precios de las materias primas ha sido uno de los efectos más inmediatos de la desaceleración económica mundial; y bajo este contexto es más complejo el desafío que enfrenta la región en materia de crecimiento y desarrollo; ¿qué rol tienen que jugar las empresas en estos contextos?

En situaciones de bonanza, las empresas deben distribuir de una manera más equilibrada el éxito económico; y en casos de crisis han de atenuar los efectos negativos entre clientes, empleados y socios de negocios.

Entonces, la cuestión no es si las empresas contribuyen o no al desarrollo, sino cómo realizar una mejor contribución empleando su poder económico, infraestructura y talento.

Los desafíos de desarrollo que enfrenta la región se ven inalcanzables si son abordados bajo una óptica tradicional de filantropía o responsabilidad social.

La propuesta es alinear los esfuerzos hacia la creación de valor compartido que utilice la fortaleza económica del core business de las empresas.

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Según Porter y Kramer, existen tres enfoques para desarrollar estrategias de valor compartido: reimaginando productos y mercados; redefiniendo la productividad en la cadena de valor; y desarrollando clusters locales.

Yo quiero enfocarme en cómo redefinir la productividad en la cadena de valor. En este sentido, las grandes empresas siempre van a tener que colaborar con las micro, pequeñas y medianas empresas, que están presentes en la cadena de valor, ya sea como proveedores de bienes y servicios, distribuidores o como clientes finales. Las Mipymes son la base imprescindible para la estabilidad y movilidad económica de Latinoamérica.

Muchos ven en este sector un alto riesgo y falta de recursos; pero en realidad en cada una de estas Mipymes hay potencial de modernidad y prosperidad.

Según este enfoque, el concepto de RSE debe enriquecerse con estrategias que den la oportunidad de generar valor económico, social y ambiental al integrar a las Mipymes en la cadena de valor como socios de negocio.

¿Cómo? Invirtiendo en su desarrollo, acercándoles herramientas financieras y tecnológicas e insertándolas eficientemente en los mercados. En pocas palabras: aumentando su productividad.

Grandes empresas han cambiado la manera en que hacen RSE, y la evidencia más clara es cuando sus programas dejan de ser iniciativas aisladas, con presupuestos limitados y se vuelven componentes centrales de sus estrategias de negocio.

Así, podemos encontrar a productores de alimentos o bebidas que integran a miles de microdistribuidores (tiendas de barrio y panaderías, entre otros) como socios de negocio, a los que fortalecen con habilidades de mercadeo, manejo de inventarios, administración y finanzas; y les proveen tecnología y les acercan instrumentos financieros que les permitan apalancar su crecimiento.

El resultado son redes de distribución que se ven fortalecidos y en donde todos los actores ven resultados tanto en su modelo de negocios como en la sostenibilidad de sus fuentes de ingresos.

La construcción de un círculo virtuoso de creación de valor compartido alrededor de pequeños empresarios de las cadenas de valor se ha convertido en una visión ganar-ganar que ya tiene muchos adeptos en América Latina. ¿Está su empresa preparada para multiplicar su impacto en el desarrollo?

NOTA: El autor Elfid Torres es el director ejecutivo de FUNDES.

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