ENTREVISTA KEMLY CAMACHO

La diversidad y la integración de las mujeres potencia la innovación en las empresas tecnológicas

Las empresas multinacionales llevan la delantera

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La integración de las mujeres, tanto a nivel operativo como gerencial, en las empresas de tecnología ayuda a potenciar la innovación.

Los obstáculos son muchos pese a los cambios y los esfuerzos de las firmas –en especial de las compañías globales con presencia en el país–.

“Si las empresas quieren ser innovadoras deben empezar a meter diversidad en los equipos de trabajo”, afirma Kemly Camacho, presidenta de Sulá Batsú.

Esta iniciativa nació en el 2005 para acercar a las mujeres a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), apoyar a las estudiantes de informática y estimular su emprendedurismo.

Ella es informática del Instituto Tecnológico de Costa Rica. También es antropóloga y tiene maestrías en evaluación de programas y proyectos de desarrollo y en la sociedad del conocimiento. Actualmente termina un doctorado en el área de sociedad y cultura en la Universidad de Costa Rica. Es vicepresidenta de la Cámara de Tecnologías de Información y Comunicación (Camtic), donde lidera el capítulo de mujeres.

Por su formación en tecnología y ciencias sociales, Camacho insiste en la necesidad de procesos integrales.

¿Por qué esa es una mezcla necesaria en la actualidad?

La tecnología no puede centrarse solo en la producción. Costa Rica es fuerte en desarrollo tecnológico, entre otras razones, por la calidad del recurso humano.

“Si queremos que las TIC contribuyan al desarrollo del país hay que combinarlas con las necesidades sociales, culturales, ambientales. Para eso es necesario conformar equipos interdisciplinarios, que traigan conocimientos de distintas áreas. Y crear productos que sean sustantivos al desarrollo, que no responda solo a unos intereses. Tenemos que trabajar en la conjunción de las dos cosas.

“A veces me preocupa cuando se dice que todos los muchachos deben estudiar TIC porque ahí es donde hay más oportunidades de crecimiento. Todo eso es verdad. Pero lo que debemos lograr es que quienes estudian, por ejemplo, antropología puedan encontrar en lo digital una posibilidad de desarrollarse y proponer soluciones en lo cultural y social, combinado con la tecnología. Para todo lo que es datos se requiere la interdisciplinariedad”.

¿Ese es el espíritu de ustedes?

Ese es el espíritu de la cooperativa, la mezcla de muchachos y muchachas que vienen de los sectores tecnológico, social (sociología, antropología, economía), cultural (fotografía y artes) y administrativo y financiero. Somos una empresa de experimentación permanente, solidaria y sin fines de lucro, para desarrollar soluciones que compitan en el mercado y respondan a problemáticas sociales.

“Es todo un reto y una experimentación constante. Tenemos con un modelo autogestionario. Nuestros proyectos tienen el objetivo del desarrollo local, con el uso de las TIC y bajo un enfoque de género. Somos una empresa de hombres y mujeres, donde nos interesa contribuir con la solución de las inequidades de la sociedad que es cómo entendemos el enfoque de género.

Sulá Batsú se conoce mucho por los hackatones femeninos.

Tenemos seis programas relacionados con el desarrollo local. Uno es TIC-as, que incluye el hackatón femenino. Tiene otras estrategias para crear oportunidades y que las mujeres se integren a la tecnología. La participación femenina es del 15% apenas.

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¿Qué ha cambiado desde que usted empezó en el sector hasta ahora?

Empecé en el sector en los años 80 como ingeniera. La mitad eran mujeres.

“El desarrollo de software era en un inicio una carrera de mujeres, pues se hacía una relación entre el teclear y el secretariado. Después disminuyeron las mujeres hasta llegar a esta situación.

“Eso cambió cuando se convirtió en una carrera muy rentable y los varones se interesaron más. Además, demanda una alta dedicación, pues hay que estar actualizándose constantemente. Los hombres tienen más tiempo que las mujeres. Y es una carrera que exige una gran flexibilidad.

“Por eso hay más mujeres en el sector público donde hay horarios más estables. A eso se sumaron los estereotipos. Por ejemplo, con la excesiva dedicación hay muchos padres que les dicen a las chicas que no le dediquen tanto tiempo o que busquen otra cosa. Pasa mucho en las zonas rurales.

“En los últimos años las empresas empezaron a ver la necesidad de la diversidad. Hay una relación directa con la innovación. Diversidad, primero de género, pero también diversidad de población, afrocaribeña, indígena, con discapacidad y diferentes opciones sexuales.

“Con la diversidad se dispara la innovación. Es muy lógico, porque la innovación se basa en las experiencias, el conocimiento, en la cultura”.

“Actualmente todo está concentrado en población urbana, blanca y varones. Por eso el trabajo en los polos tecnológicos rurales. Tenemos la maravilla de tener opciones en las zonas, por la presencia del ITCR, del INA, de la UTN, y el esfuerzo de iniciativas locales como la Zona Económica Especial en la Región Norte.

“La cultura de la zona norte, que es emprendedora y de cooperación y colaboración, creada por las cooperativas como Coocique, Coopelesca y a nivel escolar. Es muy impresionante pues hay un fuerte deseo de desarrollar la zona.

“Eso lo empezamos a ver en Liberia y en Pérez Zeledón. Hay que apostarle a eso. Y ahí viene las ciencias sociales, para comprender las particularidades de cada región”.

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¿Hay factores en los hogares que están cambiando, para integrar a las mujeres a las TIC?

Las mismas muchachas van abriendo caminos. En zonas urbanas y rurales, ellas vienen diciendo que tienen mucho que aportar y abren espacios en sus casas y en las universidades.

“El impulso lo están dando más las empresas de tecnología transnacionales. No se ha permeado tanto a las empresas nacionales.

“Las muchachas han abierto sus espacios y aprendiendo nuevas formas de vivir, en términos de la distribución del tiempo.

“A pesar de todo eso la matrícula en las carreras de TIC en las universidades sigue manteniéndose en un 15% y a la baja”.

¿Cuánto del esfuerzo estatal para sensibilizar a los estudiantes con la ciencia y la tecnología se traduce en matrícula efectiva y en profesionales graduados?

Hay un fuerte reto. Hemos venido trabajando con el Ministerio de Educación Pública y se logró ver que los orientadores vocacionales desconocen qué es una carrera de ciencia y tecnología.

“Hay prejuicios y no se entiende que las empresas TIC es el mundo de crear cosas nuevas y solucionar problemas concretos. Si se entendiera eso habría más atracción para las mujeres. Si ellas pueden ver que con la tecnología se pueden resolver muchos problemas sociales, tendríamos más mujeres en las carreras TIC.

“El otro problema es que no se trabaja de forma integral, solo en cosas muy puntuales donde se pierde un potencial enorme. El abordaje tiene que ser integral.

“En la zona norte aplicamos lo que llamo ‘el abanico’ (un proceso integral) y aumentó la matrícula de mujeres en carreras TIC.

“La UTN dobló la matrícula y tiene 30% de mujeres en San Carlos. El ITCR en Santa Clara aumentó 50% respecto al año anterior.

“Otro esfuerzo es reducir la deserción. Por iniciativa de las muchachas de tercer año se da seguimiento semanal a las de primer año para ver cómo se sienten, dónde tienen más dificultades, qué ha pasado con sus profesores y compañeros. Es una estrategia que hemos desarrollado y que se demuestra como necesaria.

“El choque en el primer año, con una carrera muy masculinizada y otras situaciones, hace necesario el seguimiento. Más si hay un profesor que al iniciar los cursos advierte que nadie o pocos van a pasar. Los varones reaccionan de forma distinta, lo toman como reto; las chicas no, más bien piensan en qué se han metido. Es un círculo, porque a ese profesor lo trataron así y, a pesar de eso, logró sacar la carrera y como lo escogieron para docente por sus notas reproduce esa cultura y esa fórmula que él cree es exitosa.

“Venimos ahora impulsando este tipo de redes en otras universidades como en la Hispanoamericana y en Cenfotec. Se está impulsando la creación de las redes en otras universidades.

“El trabajo en el primer año es fundamental, porque entran poquitas y desertan muchas. De cada ocho solo se queda una.

“Cuando llegan al segundo año ellas son muy fuertes. Ahí vemos varios perfiles de las muchachas para integrarse a los grupos y sobrevivir en ese ambiente tan agresivo, incluyendo a las que logran empoderarse. Al final solo 8% de las que ingresan se gradúan”.

Luego el reto es la incorporación a las empresas.

Las empresas locales tienen interés. Las grandes y medianas tratan de atraer mujeres, pero no tienen programas. La mayoría son pequeñas y apenas pueden desarrollarse ellas mismas.

“El primer obstáculo es la baja cantidad de informáticas. Y se requiere crear esos programas”.

“En Camtic estamos impulsando que las empresas tengan un enfoque de género.

“Las empresas globales como Intel, Google o Prodigious tienen programas (maternidad, horarios, teletrabajo, actualizacón y redes de mujeres), hacen esfuerzos y definen que una contratación nueva será para una mujer.

“En términos salariales también hay inequidad, no solo en la industria tecnológica.

¿Qué es enfoque de género en tecnología?

En el sector hay mucho temor. Este sector es de muchas oportunidades. Se supone que hay un déficit de 8.000 personas para cubrir la demanda de informáticos.

“Lo que creo es que se debe dar oportunidad a hombres y mujeres por igual, a la gente de las zonas indígenas, a la gente con discapacidad. Eso no va a suceder por ósmosis. Tienen que generarse condiciones, política pública e incentivos.

“Eso le conviene a las empresas también. Pero tienen que hacer su esfuerzo”.

¿Qué se está planteando para el próximo año?

A nivel global se va a fortalecer la tendencia hacia la equidad y diversidad.

“Esperamos que en el país se tenga política pública para apoyar los emprendimientos de base digital y que existan incentivos para mujeres.

“Hay que apoyar la presentación de propuestas de parte de las mujeres.

“Eso incluye a las incubadoras, donde pasa el mismo problema de falta de espacios para las mujeres.

“Las incubadoras no tienen enfoque de género y así es muy difícil que una iniciativa de una muchacha pueda progresar.

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“También el fondo de incentivos del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones debe incorporar el enfoque de género, de equidad e integración.

“Es necesaria una política pública. Si no es así, esto no va a cambiar por más programas que se realicen a nivel de escuelas o de colegios. Hasta el momento, con todo el esfuerzo realizado, la situación no ha variado”.

Abrir espacios

Sulá Batsú significa “espíritu creativo” en bribri. Es una cooperativa integrada por 18 profesionales.

Programa TIC-as: Capacita e impulsa la integración de mujeres (madres, estudiantes y universitarias) en el uso de tecnologías, impulsa los hackatones femeninas, y realiza encuentros de estudiantes de tecnología.

Casa Batsú: Espacio de desarrollo para iniciativas emprendedoras, culturales y sociales, con un enfoque de innovación, creatividad, compromiso y pasión. Está en Barrio Escalante.

Caja de Herramientas: Impulsa construcción y difusión de conocimiento de software libre, el uso solidario de las tecnologías y la formación de capacidades para el uso de las herramientas digitales

Actores TIC: Información sobre organizaciones que trabajan en tecnologías de información y comunicación.

Fuente Kemly Camacho y sitio Sulá Batsú

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