La disruptiva plataforma de alojamiento en casas de particulares apunta a que sus vectores de crecimiento en los próximos tres o cuatro años sean Latinoamérica y Asia.

Por: Vineet Chopra y Sanjay Saint 22 marzo, 2016
La plataforma funciona en Costa Rica, con mayor presencia de viviendas en las costas.
La plataforma funciona en Costa Rica, con mayor presencia de viviendas en las costas.

Jordi Torres nació en Barcelona, hace 32 años. Estudió química, ingeniería mecánica e industrial en la Universidad Ramón Llull y su MBA en la London Business School. Desde 2012 acompaña la disruptiva expansión global de la plataforma de "economía colaborativa" Airbnb.

Esa nueva modalidad de alojamiento en casas de particulares llevó a revisar los marcos regulatorios en los que opera esta comunidad de anfitriones de 190 países.

Torres comenta esa expansión en el mundo, la intención de ampliarse a más áreas del turismo y responde a críticas sobre el impacto en el precio de alquileres y el cobro de impuestos.

Airbnb se fundó en 2008 y dio un gran salto al internacionalizarse en 2012, ¿cómo se tradujo en sus números?

Arrancó como una empresa basada en San Francisco, luego se empezó a ver tracción en Los Ángeles, Nueva York, en algunas ciudades que concentran mucha demanda y mucha oferta para Airbnb. En 2012 vimos que nuestra plataforma estaba ganando peso en Europa e iniciamos operaciones internacionales. Desde entonces, el crecimiento global ha sido muy acelerado. Ahora, más del 50% del negocio viene de Europa.

"Hemos llegado a más de 70 millones de viajeros desde que iniciamos operaciones en 2008. Y tardamos prácticamente tres o cuatro años en conseguir el primer millón. Sistemáticamente, en los últimos 12 meses, tenemos mejores resultados que en el acumulado en los años anteriores desde que se fundó la empresa. Tenemos más de 2 millones de propiedades activas en más de 190 países y estamos arrancando destinos nuevos, como Cuba, a la luz de la nueva regulación. En pocas semanas, tuvimos los primeros 1.000 anuncios y ahora son más de 3.000. En San Francisco o Berlín, que son nuestros mercados core, tardamos años en llegar a esa cifra".

¿En qué continentes ven mayor potencial de crecimiento?

Los mercados más maduros están en Norteamérica y Europa, donde tenemos una penetración y un reconocimiento de marca más alto. Los dos combinados representan cerca de un 80% u 85% del negocio. Nuestros vectores de crecimiento en los próximos tres o cuatro años son Latinoamérica y Asia. Las operaciones de la región que hoy no son tan predominantes como Uruguay, Chile, Colombia y Perú están en una situación óptima para crecer, tanto en viajes locales, domésticos, como internacionales. Ya más de 4.300 viviendas uruguayas figuran en la plataforma.

Un 50% de las reservas a través de Airbnb es de una habitación dentro de una vivienda. ¿Qué perfil tienen sus viajeros?

Refrescamos una manera muy primitiva de viajar, donde el contacto humano con el hospedaje en casa de alguien vuelve a estar de moda. No hemos inventado nada. Sí es verdad que de la mano de la tecnología ahora se puede conectar a personas en todo el mundo de manera eficiente, global y segura. El viajero es curioso, con titulación superior, con mucha vocación internacional, que habla idiomas y no es un perfil low cost. Airbnb en promedio presenta un descuento con respecto a otros tipos de alojamiento tradicional, pero el viajero tiene una estadía más larga y termina gastando más en el destino.

¿Cuánto cobran al anfitrión por usar la plataforma?

Crear un anuncio es gratuito, no existe ningún costo fijo. El anfitrión recibe el 97% del precio listado. Él decide cuánto vale la noche en su casa. Si son $100, recibirá $97. Los $3 no son comisiones de Airbnb, son gastos de transferencia, porque por seguridad el dinero primero va del viajero a Airbnb y luego al anfitrión.

Sus ingresos provienen de la comisión que paga el viajero. ¿En todos los destinos es un porcentaje del alquiler?

Sí, tradicionalmente era entre el 6% y 11% del monto de la reserva. Estamos en fase de testing para optimizar el pricing. El parámetro está en un rango cercano a eso, según la región del mundo, la temporalidad y las dinámicas de cada marketplace.

Airbnb está en una "zona gris" en las regulaciones vigentes y ha recibido críticas tanto de hoteles como de inmobiliarias. ¿Los ven como competencia?

Somos un complemento a la industria tradicional. Atraemos más viajeros de una manera más eficiente; no tiene que ser visto como competencia directa. Entendemos la disrupción que causamos, manejamos un volumen que merece una conversación en clave positiva con los reguladores y quienes operan en este mismo universo. Buscamos junto a las autoridades evolucionar hacia un marco regulatorio que nos acoja y legitime la figura de nuestros anfitriones.

En San Francisco, se propuso una nueva normativa para que los inmuebles se puedan alquilar solo hasta 75 días por año. ¿Concuerdan en que las regulaciones definan un límite al año?

Es muy difícil generalizar. Todo depende de cómo se accione prácticamente a nivel ciudad y eso refleja un poco la complejidad de la situación. En San Francisco, con mucha presión en el costo de las casas, esa es una regulación que puede tener más sentido que en otros sitios donde no la tenga. Apostamos a sentarnos con el gobierno para trabajar en los pain points que puede tener el modelo para ellos. Eso nos pasa en Europa, en Portland, Boston, San Francisco. Son marcos regulatorios que evolucionan aunando los intereses de nuestra comunidad y los intereses de la ciudad y de los órganos que la representan.

El tema parece ser más complejo en ciudades con mucha tensión entre oferta y demanda. En Nueva York se habla de que si cada vez más viviendas se publican en Airbnb, las demás disponibles subirían sus precios. ¿Comparte esa visión?

Correcto. Ha mencionado Nueva York y San Francisco. Son problemáticas muy grandes desde mucho antes de la existencia de Airbnb. Son ciudades donde, por dinámicas económicas y sociales locales, la vivienda se encareció de forma muy agresiva. No queremos que el modelo de Airbnb acentúe ese fenómeno. Mirando la otra cara de la moneda, Airbnb permite a las personas residentes de la ciudad mantener su estilo de vida allí, evitando el crecimiento económico desigual que desplaza a los menos favorecidos. Airbnb puede ser una manera para que las familias de corte más humilde puedan quedarse en sus casas.

¿Existe una extensión máxima para las reservas por Airbnb?

El producto tiene un límite en número de noches. Pero no sería una limitación, porque se puede solucionar con dos reservas consecutivas. Al final, como plataforma tan global, donde la regulación no solo cambia en cada mercado sino incluso a nivel barrio, no tenemos la capacidad ni el músculo de entender y de dar implementaciones a regulaciones, por lo que esa responsabilidad se traslada a los anfitriones.

Desde la filosofía de las economías colaborativas, se cuestiona que Airbnb cobra por el servicio. ¿La gratuidad está en sus cometidos de largo plazo?

No tenemos una visión de evolucionar el modelo hacia una plataforma que no sea monetizable. Creemos que las comisiones que cobramos por la transacción son suficientemente ligeras como para no distorsionar nuestro objetivo de conectar a viajeros y anfitriones a través de un concepto de sharing economy. Airbnb al fin y al cabo es una empresa, no una organización sin ánimos de lucro. Estamos enfocados en acomodación y proyectamos expandirnos a la experiencia de viaje entera.

¿Cómo sería esa expansión?

Se trata de identificar las necesidades del viajero. Ahora trabajamos en acomodación, no en trip planning, transporte, ni en descubrir el destino. Esas cosas están pasando de manera informal. Algunos anfitriones ya están creando valor para los viajeros, ayudándolos a descubrir el destino, conectándoles con experiencias locales. Creemos que podemos de alguna manera formalizar esto, apoyándolos a entregar esa experiencia de una manera más robusta, pero esto en el corto plazo todavía no está previsto.

En octubre de 2014, un informe del fiscal general del Estado de Nueva York reveló que un 72% de propiedades publicadas en Airbnb eran alquileres ilegales. ¿La compañía colaboró para combatirlas?

Hubo una petición de compartir datos de manera masiva sobre nuestra comunidad de Nueva York. No lo hicimos, primero, porque viola la ley de protección de datos de la ciudad de California, donde estamos constituidos como empresa; segundo, porque nos debemos a nuestra comunidad y a su privacidad. Dicho esto, como un gesto de buena voluntad con el gobierno de Nueva York, trabajamos de manera conjunta para identificar los bad actors que utilizaban de manera abusiva la plataforma. Eran prácticamente hoteles ilegales. Esta gente se identificó y se sacó de la plataforma.

Se dice que Airbnb vale más que grandes cadenas hoteleras como Wyndham y Hyatt. ¿En cuánto estiman su valor de mercado?

Buscamos generar rendimiento para nuestros inversores. Al final, para nosotros levantar capital es una manera de operar pensando en el crecimiento de largo plazo y olvidarnos de las tensiones a corto que podamos tener en tesorería. No se han compartido datos oficiales sobre valoración a nivel interno. Los datos externos entiendo que son especulaciones, algunas con fuentes bien fundadas y otras no tanto.

¿Quiénes son sus principales accionistas?

No es un dato que pueda compartir. Son inversores privados.

El mercado espera una oferta pública de acciones de Airbnb, ¿está prevista?

Tengo la sensación de que estamos bien apoyados financieramente, por lo que no hay una necesidad imperiosa a corto plazo. Sacar la compañía pública depende del liderazgo y no tenemos informaciones al respecto.