Por:  20 agosto, 2013

Hoy tuve una breve pero muy inspiradora conversación con un ex - alumno de un curso de creación de empresas. Este joven, probablemente de unos 20-22 años, me encontró en el banco y me comentó que el proyecto que presentó en el curso ahora es una realidad (es decir, tiene clientes), y busca difundir su propuesta entre clientes interesados en promocionar sus negocios (por cierto, su negocio se llama Mr. Sale).

Lo que quiero transmitirles de esta experiencia es el valor, no del limitado conocimiento que pude haber transferido, sino del aprendizaje recibido. Y eso es quizás lo que valoramos más de la educación; no que los estudiantes tengan buenas calificaciones o digan que el curso fue bonito, entretenido, interesante, o no. Lo más importante es como ellos utilizan lo que les damos en las clases en el mundo real. Y eso significa todo. Vale más que todas las buenas notas, o comentarios (halagadores o no). Ese es el fin último de la educación, de la educación emprendedora.

Y eso me lleva a retomar un tema que siempre es importante; el construir una educación emprendedora. Aunque todos sabemos que ello empieza en el hogar, y sigue en la escuela, al final, debe ser parte de la educación de toda la vida (o para toda la vida). Es un proceso de educación permanente. Empieza por la sed de aprender. Eso es algo que se debe inculcar en las personas a toda edad. ¿Cuántos de nuestros lectores consideran que en su educación han tenido la suerte de contar con un profesor que les ha inculcado el ansia de aprender?

¿Y qué sucede luego? Muchos de mis estudiantes señalan que no estudian carreras de ciencias por experiencias traumáticas con sus profesores de matemáticas de la escuela / colegio. Es decir, un grupo de nuestros jóvenes están desechando una buena parte de sus opciones profesionales / laborales para el resto de sus vidas como resultado de una mala experiencia educativa. Así, nuestros jóvenes profesionales (los de la generación Z y anteriores), experimentan una carencia en su educación que se verá plasmada en su perfil profesional. ¿Cómo corregimos algo que viene desde años atrás y que se ha ido cimentando de malas experiencias educativas?

Entonces regresamos al inicio del artículo, los resultados de vida de estos jóvenes, emprendedores, o profesionales intra-emprendedores están en nuestras manos. Por ello lo importante no es educar para la nota, ni para ganarse la simpatía de los estudiantes, sino para su vida.