Por:  29 marzo, 2013

Esa fue la pregunta que me tocó intentar responder en el Seminario Internacional organizado por la Universidad McGill en Canadá hace unos días. Más allá del frío que congelaba hasta las ideas, el gran reto fue el de mostrar que las políticas de pymes no deben tener esa visión de asistencialismo tan típico de nuestras realidades y que más bien deben convertir a esos millones de emprendedores -cuya necesidad de generar ingresos los llevó a probar suerte en el desarrollo de un negocio propio- en cientos de miles de empresarios dinámicos e innovadores. La referencia anterior no es casual. La mayoría de los emprendimientos nuevos surgidos de la necesidad, no tienen posibilidades reales de crecer más allá de un umbral de subsistencia.

Hace varios años, me tocó analizar la situación de las microempresas en el mundo y cuántas de ellas tenían lo que denominábamos “opción de desarrollo”, es decir, quienes pasarían de ser microempresas a algo más grande (pequeñas, medianas, eventualmente grandes). Una investigación realizada para los países de la OECD señaló que alrededor del 25%, mismo porcentaje que resultó de nuestro propio análisis para el caso de México; es decir, que del 100% de todas las microempresas, solo el 25% tendría opción de crecer más allá del umbral de la subsistencia.

Este de por sí es un resultado extraordinario, ya que una cuarta parte de las microempresas representa más del 20% del universo empresarial. Ello significa que estas empresas tienen oportunidades reales de crecer, innovar, generar empleos de calidad, etc., basadas en los talentos de sus líderes más que en las acciones del Estado. Este es el primer gran resultado de las posibilidades de las empresas de aportar al desarrollo.

El segundo gran resultado tiene que ver con la forma como ellas pasan de ser unidades económicas nacidas por la necesidad de supervivencia a empresas innovadoras y en permanente proceso de aprendizaje. La respuesta se encuentra en el hecho de escuchar: a los clientes, a la competencia, a los empresarios de otros sectores e incluso a quienes nada tienen que ver con el mundo de los negocios. Y conectar esas ideas con las propias. El resultado de ello es lo que muchos llaman, innovación. En el producto / servicio, en la forma de llegar a los clientes, en la forma de producir, de establecer relaciones con clientes, aliados, proveedores, etc. El generar innovaciones en todos estos ámbitos es el principio del desarrollo.

Finalmente se encuentra el tema de la contribución, sea directa o indirecta. La directa se desarrolla a través de los impuestos. La indirecta por medio de actividades de responsabilidad social. De un lado, a todos queda claro que pagar impuestos no es algo agradable, menos aun cuando los resultados de ese pago no se ven por ningún lado. Pero es necesario. Podemos verlo desde el lado únicamente de la contribución; pero con una visión de largo plazo. El Estado requiere recaudar, pero, ¿es preferible recaudar por unos meses y luego nada o esperar unos meses y luego recaudar sostenidamente? La respuesta parece obvia pero se enfrenta a una realidad completamente opuesta. El Estado prefiere recaudar en el corto plazo dejando sin oxígeno a las nuevas empresas que buscan salir a flote sin importar que esa asfixia termine eliminándolas del mercado y por tanto, probando al fisco de la recaudación. Si en vez de ello se les ofreciera un período de gracia en el cual las empresas se puedan consolidar en el mercado y luego establecer los cobros correspondientes la probabilidad de ampliar la base tributaria sería mayor y además con un criterio de sostenibilidad. Del otro lado se encuentran las actividades que tienen que ver con la devolución de la empresa a la sociedad por lo que ha recibido de ella (la confianza de los consumidores, la lealtad de marca, etc.).

Estas tres ideas son centrales en la contribución de las pymes al desarrollo; pero para ello se requieren condiciones de las cuales escribiremos en otro momento.

Pd. Pueden ver el programa del evento en: http://www.mcgill.ca/isid/events/conf2013/program