Por: Marcelo Guevara  3 febrero

Los candidatos Sergio Mena y Fabricio Alvarado comparten la juventud y un buen don de palabra. La experiencia de Alvarado como periodista y diputado se manifiesta en sus intervenciones y Mena demostró su habilidad en los debates de la anterior campaña presidencial. A partir de un análisis de sus planes de gobierno, ambos son conscientes que el déficit fiscal es un problema de necesaria solución.

El Partido Nueva Generación (PNG) plantea la creación de un ente (con personalidad jurídica instrumental) para que opere como enlace entre la Dirección General de Tributación y la Dirección General de Aduanas. Mena planea reducir los impuestos a un número no mayor a diez (actualmente en Costa Rica existen más de cien tributos). Se indica en su plan de acción que se debe “reformular” el Impuesto de Renta (pasando de la cedularidad a la renta global) y el de las Ventas (convirtiéndolo en Impuesto al Valor Agregado, pero con la misma tasa de 13%).

Esta transformación tiene como punto de partida el aumentar la recaudación del Impuesto de Renta y que al menos se equipare con la recaudación del Impuesto sobre las Ventas. Esto es muy importante ya que en Costa Rica se recauda más por impuestos indirectos (ventas) que por los directos (renta), lo cual es una evidencia de un sistema en esencia regresivo. ¿Por qué? Pensemos que el señor Bill Gates decide un buen día pasearse por alguno de los parques de nuestro país y para combatir el calor, adquiere una bebida cuyo valor es de mil colones. En la caja termina pagando 1113 colones por el 13% de impuesto de ventas. En el mismo instante, ingresa un costarricense promedio, asalariado y con deudas, y compra una bebida idéntica a la que ya pagó el señor Gates. En la caja va a cancelar los mismos 1113 colones que don Bill pagó, sin importar que la capacidad económica de uno y otro es abismalmente diferente.

Este tema debe llamar la atención de todos los partidos, sea cual sea el resultado de la elección.

Por su parte el Partido Restauración Nacional (PRN), analiza el déficit fiscal, en primera instancia, desde el gasto. Se indica que “el Estado debe gastar lo que puede gastar” y se concibe el endeudamiento como un instrumento de carácter “excepcional”.

Asimismo, de manera objetiva (utilizando estadísticas), abordan la necesidad de reformar los impuestos como una medida más que pertinente para afrontar el creciente déficit. Con claridad indican que “es muy fácil decir en campaña que no queremos más impuestos, pero en las actuales circunstancias esta es una postura mediocre y desleal con los logros de desarrollo humano que hemos logrado alcanzar y sostener pese a la adversidad.”

Para ello, Alvarado plantea que el déficit fiscal tiene rango de emergencia nacional, para lo cual convocaría a sesiones permanentes a los diputados hasta que se logren aprobar los proyectos de ley que se planteen bajo tres ejes fundamentales: gasto, impuestos y empleo público.

El autor es Gerente de Impuestos & Legal de Deloitte