En la pasada campaña para las elecciones nacionales, casi una veintena de alcaldes le dieron la adhesión a Laura Fernández, abandonando el partido que los llevó al poder. En menos de dos años, el 89% de estos alcaldes podrán aspirar a una reelección en los comicios locales de 2028. ¿Cómo puede afectarles la decisión de alinearse con el Partido Pueblo Soberano (PPSO)? Lo analizamos a continuación.
Una de las estrategias que utilizó el PPSO para atraer votantes fue persuadir a diferentes alcaldías para que dieran la adhesión a su agrupación política y 18 alcaldes, más del 20% de los 84 cantones del país, le dieron el apoyo al PPSO.
Los partidos que tuvieron más tránsfugas fueron Liberación Nacional (PLN) y la Unidad Social Cristiana (PUSC) con cuatro cada uno. Atenas y Barva son los únicos cantones, de esos 18, que pertenecen al Gran Área Metropolitana (GAM).
Cinco alcaldes son de las provincias de Puntarenas y Alajuela, tres de Guanacaste, dos de Limón y San José y uno de Heredia. Ninguno de la provincia de Cartago anunció su adhesión al chavismo.
Precisamente, Laura Fernández ganó en los 18 cantones donde los gobernadores locales le dieron su apoyo.
Para la politóloga Kattia Benavides, estos resultados no pueden analizarse como una consecuencia aislada, sino que confirman el peso real que tiene el PPSO en las estructuras territoriales.
“Un alcalde no es únicamente una figura administrativa: es un jefe político cantonal con redes comunales activas, liderazgo barrial, capacidad de movilización y maquinaria electoral probada. Cuando respalda públicamente una candidatura presidencial, activa organización, ordena el voto y envía una señal clara de viabilidad política. Esa adhesión funciona como acelerador electoral: no crea apoyo desde cero, pero lo consolida y reduce dispersión, especialmente en contiendas competitivas”, recalcó Benavides.
El cálculo estratégico de los gobernadores locales que cambiaron de bandera política para las elecciones nacionales puede residir en la búsqueda de obtención de recursos de cara a los comicios municipales del 2028.
“El sentido estratégico es más económico que político, una apuesta fundamental para obtener y fondear el partido con deuda política en las próximas elecciones municipales teniendo en cuenta que, en las elecciones municipales de 2024, de los 31 alcaldes que buscaban reelegirse, 25 lo lograron, cuatro cambiando de partido. Es decir, más del 80% de los alcaldes que intentan reelegirse lo logran con facilidad”, explicó por su parte el politólogo Daniel Calvo.
“El PPSO se puede estar frotando las manos con los montos de deuda política que, eventualmente, podría recibir en ese proceso electoral. Es muy probable que busque reclutar a más alcaldes con posibilidades de reelección y que obtengan resultados muy favorables en las próximas elecciones municipales”, añadió Calvo.
El reto: ganar alcaldías en las elecciones de 2028
Más allá de la adhesión personal y discursiva que le dieron alcaldes ya electos al chavismo, el principal desafío del PPSO de cara a los comicios locales de 2028 es ganar municipalidades por medio de los votos. Esto tras haber resultado vencedor en la papeleta presidencial en el 75% de los cantones del país.
Con la alta popularidad de Rodrigo Chaves que, de acuerdo con el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR), en enero fue calificado con una nota positiva por el 58% de la población, y con la elección de Laura Fernández como la heredera de Chaves, el PPSO tendrá el reto de obtener alcaldías en los cantones donde fue favorecido en los comicios nacionales.
“Con la popularidad de Rodrigo Chaves y la elección de Laura Fernández, lo que se puede prever es que PPSO haga una apuesta en ganar, al menos, los 63 cantones donde ganó en las elecciones presidenciales de febrero anterior, dejando los 21 restantes para la oposición”, recalcó Daniel Calvo.
16 de los 18 alcaldes que le dieron el apoyo al PPSO pueden aspirar a una reelección en el 2028. Solamente José Jiménez, de Río Cuarto, y Jorge Acuña, de Barva, no tienen esa posibilidad porque ya llevan dos periodos consecutivos en el cargo.
La decisión de estar en el bando del actual presidente y de la presidenta electa puede ser un factor clave para persuadir al electorado a votar por ellos y así darles el empujón necesario para quedarse en el ayuntamiento por cuatro años más.
“Desde la óptica de los alcaldes, la adhesión tiene lógica estratégica. La combinación entre la popularidad de Rodrigo Chaves y el triunfo de Laura Fernández crea un entorno favorable. Alinearse con un proyecto competitivo les otorga visibilidad, posibilidad de transferencia simbólica de popularidad, ampliación de base electoral y ventaja frente a rivales locales de cara a 2028. Estar cerca del poder dominante también fortalece la percepción de gestión, acceso e interlocución”, explicó Benavides.
No obstante, esta decisión puede ser un arma de doble filo. El cambiar de aires partidarios en fechas muy cercanas a las elecciones nacionales y sin dar justificaciones contundentes puede interpretarse como una decisión personal y oportunista por parte de los gobernadores locales.
“Es una apuesta con riesgo. El transfuguismo puede percibirse como oportunismo si no se comunica adecuadamente y un eventual desgaste del liderazgo nacional podría trasladar costos al ámbito local. La política municipal es altamente sensible a la coherencia y a la identidad”, reseñó Benavides.
Partidos históricos son los más golpeados
El PLN y el PUSC fueron los partidos que tuvieron mayor afectación tras la fuga de alcaldes a la acera de enfrente comandada por Chaves. Cada uno de los históricos partidos perdió cuatro alcaldes, lo que confirma la pérdida de capital político de estas agrupaciones y la desideologización de algunos de sus miembros.
“Es un golpe muy fuerte. Es mucho mayor para el PUSC, que con el tiempo se ha convertido en un partido que se conformaba con tener gobiernos locales. De los 15 gobiernos locales que obtuvo, hoy solo le quedan 11 y no sería sorpresivo que pierda más. Hasta la fecha le han robado más de una cuarta parte de los gobiernos locales que obtuvo en 2024”, mencionó Daniel Calvo.
“En un par de años, en caso de que el PPSO logre barrer con más de la mitad o dos terceras partes de los gobiernos locales del país, el golpe sería prácticamente letal para el PLN”, añadió el politólogo.
Más allá de una decisión ideológica, la renuncia al partido que los llevó a gobernar su cantón tiene mayor relación con un interés personalista y estratégico. Tomando en cuenta que la agrupación en la que militaban no tenía el suficiente caudal de apoyo para atraer votantes, deciden subirse a la carroza donde está la mayoría para no perder capital político.
“Esto responde más a cálculo estratégico que a ideología. Los liderazgos locales evalúan competitividad, tendencias nacionales y proyección futura. Si perciben debilitamiento en sus partidos originales, como ha ocurrido con el PLN y el PUSC, optan por reposicionarse antes de quedar aislados electoralmente”, explicó la politóloga Kattia Benavides.
“Para estos partidos tradicionales, la salida de alcaldes implica erosión territorial, debilitamiento simbólico y riesgo de efecto contagio. No es solo una pérdida numérica; es una señal de fragmentación y transición del sistema partidario”, comentó Benavides.
Ambas agrupaciones también perdieron diputaciones en comparación con las elecciones de 2022. El PLN pasó de tener 19 legisladores electos a 17, mientras que el PUSC perdió ocho escaños, dado que solo tuvo una diputada electa en el 2026.