En el complejo tablero electoral costarricense, Álvaro Ramos Chaves (PLN) protagoniza un fenómeno particular.
Mientras otras candidaturas apuestan por la saturación de mensajes o la polarización extrema, Ramos ha consolidado una estrategia de “alta eficiencia” digital.
Sin embargo, su mayor fortaleza es también su principal barrera: la ineludible carga institucional de su partido.
Según el estudio “Presencia digital, agenda mediática y reacción pública hacia las candidaturas presidenciales” (octubre 2025 – enero 2026), Ramos se sitúa como la segunda figura con mayor visibilidad mediática, solo por detrás de Laura Fernández. Pero a diferencia de su competidora, su relevancia no nace del conflicto, sino de una tensión no resuelta entre su perfil técnico y la estructura política que lo respalda.
El análisis realizado por SHIFT Latam Porter Novelli abarca datos de monitoreo de Facebook, Instagram, noticias digitales y comentarios públicos recogidos desde octubre de 2025 hasta el 20 de enero de 2026, y no interpreta intención de voto.
“En un entorno donde el mensaje compite minuto a minuto, la reputación no se define solo por lo que una candidatura dice en sus redes, sino por lo que los medios amplifican y lo que las audiencias resignifican en público. Entender esa cadena, de origen, encuadre y reacción, es clave para interpretar el pulso real de la conversación política”, señaló Rodrigo Castro, CEO de SHIFT Latam Porter Novelli, en un comunicado.
El dilema del “doble eje”: técnico vs. tradicional
El análisis de la narrativa digital de Ramos identifica una dualidad estructural. En sus canales propios, el candidato intenta posicionar un eje claro: la “experiencia y capacidad para gobernar”, enfatizando la solvencia técnica y la administración responsable del Estado.
No obstante, el estudio advierte que este mensaje propio compite con otro eje igualmente poderoso que domina la conversación pública: el partido. Aunque Ramos busca destacar su trayectoria individual, la referencia al Partido Liberación Nacional —su historia y peso institucional— atraviesa su presencia pública.
El informe es contundente al señalar que, en la cobertura noticiosa, la figura individual queda frecuentemente subordinada al significado político del partido. Mientras él habla de gestión, la audiencia y los medios decodifican “PLN”, activando memorias y juicios preexistentes sobre la agrupación tradicional.
El campeón de la eficiencia digital
Uno de los hallazgos más reveladores del estudio es el rendimiento de Ramos en redes sociales. Contrario a la lógica de “publicar más para ser más visto”, Ramos registra el menor volumen de publicaciones en Facebook entre los candidatos analizados (281 posts).
Sorpresivamente, esta baja frecuencia se traduce en la mayor eficiencia del torneo electoral: Ramos lidera la métrica de engagement con un promedio de 1.254 interacciones por publicación, superando ampliamente a figuras virales como Laura Fernández (840,8) o Ariel Robles (692.5).
Este dato sugiere que Ramos no necesita “viralizar” para movilizar. Su audiencia interactúa desde marcos ya conocidos, respondiendo con consistencia a una estructura política que, aunque desgastada, mantiene una base orgánica activa y disciplinada.
La negatividad estructural: el peso de la marca
La visibilidad de Ramos, aunque alta, carga con un lastre específico. El análisis de sentimiento revela que la negatividad en torno a su candidatura es “estructural” y se concentra más en el partido que representa que en su figura individual.
Los gráficos de percepción emocional muestran que los encuadres mediáticos asociados a “continuador de la tradición del PLN” generan hasta un 60% de comentarios negativos. Por el contrario, cuando la conversación logra centrarse en su “experiencia y capacidad de administrar”, emerge una franja de comentarios positivos que valoran su perfil técnico y su conocimiento del Estado.
Conclusión: El techo de la identidad partidaria
El estudio de SHIFT Latam Porter Novelli concluye que la conversación digital en torno a candidaturas tradicionales se organiza menos por las propuestas del candidato y más por lo que el partido representa (rechazos o apoyos históricos).
Para Álvaro Ramos, el desafío es evidente: ha logrado construir la maquinaria digital más eficiente en términos de interacción por mensaje, pero su narrativa personal sigue atrapada bajo el techo de cristal de su propia marca partidaria. Su éxito dependerá de si logra que su “capacidad de gestión” desplace al “partido” como el lente principal a través del cual el electorado lo interpreta.
