La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) elevó este 16 de septiembre su tasa de referencia en 25 puntos básicos, a un rango de 3,75% a 4%.
Para Costa Rica, la principal consecuencia sería un entorno de financiamiento externo más caro, mayor presión potencial sobre el tipo de cambio y menos espacio para que el Banco Central reduzca las tasas locales.
El ajuste entra a regir el 17 de septiembre y responde a una inflación estadounidense que la Fed considera todavía elevada. Además, las proyecciones de sus autoridades apuntan a que la tasa de referencia se mantendría cerca de 4,1% tanto al cierre de 2026 como de 2027.
Deuda más cara
La decisión encarece el punto de partida para que gobiernos, bancos y empresas se financien en dólares. Costa Rica no pagará más de inmediato por toda su deuda externa existente, pues parte fue emitida a tasas fijas, pero sí podría enfrentar mayores costos en nuevas colocaciones, refinanciamientos y créditos contratados a tasa variable.
El impacto dependerá también de la percepción de riesgo del país. Si se mantiene la confianza en las finanzas públicas, la prima que Costa Rica paga sobre los bonos del Tesoro de Estados Unidos puede mantenerse contenida. Pero incluso con una prima estable, una tasa base más alta implica un mayor rendimiento exigido por los inversionistas.
Para Hacienda, esto puede volver menos atractiva la opción de recurrir a mercados internacionales para sustituir deuda local. Para empresas con créditos externos, una mayor tasa puede trasladarse a los pagos financieros cuando se revisen las condiciones de los préstamos.
Riesgo cambiario
Tasas más altas en Estados Unidos vuelven más atractivos los activos denominados en dólares. Eso puede aumentar la demanda por la moneda estadounidense y presionar al alza el tipo de cambio en Costa Rica.
No significa que el dólar necesariamente subirá. El mercado local también depende de exportaciones, turismo, inversión extranjera, importaciones, movimientos de capital y de las operaciones del Banco Central. Sin embargo, la medida de la Fed incorpora una fuerza adicional a favor del dólar.
Una depreciación del colón encarecería importaciones como combustibles, alimentos, materias primas, maquinaria y equipo. A la vez, elevaría la carga financiera de hogares y empresas con deudas en dólares cuyos ingresos se reciben principalmente en colones.
El mayor riesgo recae en deudores con tres características: obligaciones en dólares, tasas variables y escasa generación de ingresos en esa moneda.

Menos margen para bajar tasas
El Banco Central de Costa Rica no tiene que replicar automáticamente el movimiento de la Fed. Su decisión depende de la inflación local, las expectativas económicas y la actividad productiva.
Pero una Fed más restrictiva puede limitar su margen. Si la mayor demanda por dólares genera depreciación e inflación importada, reducir más las tasas locales podría aumentar la presión cambiaria o incentivar la preferencia de ahorrantes e inversionistas por instrumentos en dólares.
En enero, el BCCR proyectó que la inflación retornaría gradualmente a su rango meta de 3% ± 1 punto porcentual y advirtió que la evolución de Estados Unidos es relevante para la demanda por exportaciones y servicios costarricenses.
El efecto comercial
El impacto también podría llegar por la actividad económica estadounidense. La Fed busca enfriar la inflación al encarecer el crédito; si el ajuste termina debilitando el consumo, el empleo o la inversión en ese país, Costa Rica podría enfrentar menor demanda por exportaciones, turismo y servicios empresariales.
Por ahora, la Fed no anticipa una recesión. Sus proyecciones apuntan a un crecimiento de 2,3% para Estados Unidos en 2026 y una tasa de desempleo de 4,1%, por lo que el impacto más inmediato para Costa Rica sería financiero, no comercial.
La alerta está en la duración del ciclo. Si la Fed mantiene tasas altas por más tiempo o aprueba nuevas alzas, aumentará la factura del financiamiento externo para Costa Rica y la presión sobre quienes tienen deudas en dólares.
